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María José Pou

iPou 3.0

Las edades del hambre

Si el inicio del curso acarrea unas preocupaciones como los libros o el material escolar, el final tiene asimismo las suyas, en especial, dónde comerán los niños. No es solo un problema de conciliación laboral sino que en muchos casos se trata de una emergencia humanitaria. Sucede cuando el niño hace una sola buena comida al día: la del colegio. Ayer mismo se habló de eso en Les Corts y Fabra anunció que el Consell destinará más de un millón de euros para niños en riesgo de exclusión. Sin embargo, no son los únicos que sufren la crisis en sus platos.

Anteayer lo leíamos en estas mismas páginas: uno de cada cinco mayores está en riesgo de sufrir malnutrición. En su caso, a diferencia de los niños, no es solo un problema de recursos económicos sino de las condiciones en las que están. Algunos viven solos; otros no pueden desplazarse a hacer la compra y los hay que teniendo dinero y comida adecuada, no se ven con ánimos de hacer algo más que abrir una lata de sardinas. En muchos casos, además, los procesos se cruzan. Una anciana, con el nieto a su cargo y una pensión ridícula, prefiere quitarse el pan de la boca con tal de que no le falte al chiquillo. No es una imagen bucólica. Es una realidad. Si tienen para un filete económico, ellas optarán por un huevo duro y le darán la ternera al crío. Quizás sea la única proteína que tomen porque los precios de otros productos resultan prohibitivos para según qué pensiones. No se trata solo de que los nutricionistas adviertan a los ancianos de que deben tomar pescado sino de buscar fórmulas imaginativas para que les alcance. Es bueno que el Consell destine un millón a asegurarse de que ningún niño pasa hambre pero también los más mayores son vulnerables. Campañas en los mercados con tarjetas descuento para +65; incentivos a emprendedores que ofrezcan monodosis de bacalao o salmón preparados para abrir y tomar; packs de ayuda niños/abuelos o que estos puedan comer en cole con el nieto podrían cambiar un poco el panorama. Los niños son importantes, pero los mayores también. Todos necesitan cuidados especiales. Y no solo es responsabilidad de la familia.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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