Dice el saber popular que la primera impresión es la que cuenta. Yo no lo creo o, al menos, creo que el efecto de esa primera imagen siempre puede ser rectificado. Sin embargo, sí es cierto que los primeros pasos, las primeras decisiones y los primeros gestos de una persona que llega a un cargo público pueden ser muy significativos. No hablan de lo que será su mandato pero sí de lo que quisiera ser al empezar. Esa diferencia no es baladí. Los primeros están pensados, calculados y buscados, en cambio, es posible que otros terminen por marcar su tiempo. Los que importan son éstos pero los primeros nos hablan de cómo contempla la persona esa tarea que acaba de comenzar, aunque solo sea buena intención.
Eso sucederá también con el rey. Ahora lleva meses, e incluso años, pensando cuál será su primera palabra, su primer viaje o su primer encuentro. Entre sus palabras, la gratitud hacia su padre y el reconocimiento del sacrificio de su madre. Entre sus viajes, el Vaticano, Marruecos y Cataluña, toda una declaración de intenciones. Y entre sus encuentros, el primero, antes que nada ni nadie, las víctimas del terrorismo.
Esa selección nos dice que Don Felipe busca la proximidad hacia quien más sufre tal como lo aprendió de su madre. Luego vendrán otros y otras prioridades políticas, como su mensaje de unidad en vísperas de un referéndum catalán. Pero el rey, que es más Grecia que Borbón, ha querido hacer lo que haría su madre. Tal vez le asesore también así la reina, habida cuenta de que es una persona que conoce bien lo que piensa la opinión pública. Sin embargo, no parece una reunión de estrategia sino de corazón. En cualquier caso, el tiempo dirá si es una u otra. De momento, se agradece esa intención de situar a las víctimas del terror entre los españoles de primera. Porque lo son. Porque España se lo debe y hace bien el rey en visualizarlo. El amor a España que dijo sentir profundamente desde niño le obliga. Le impele a acompañarles, recordarles y atender sus necesidades. Ante las cámaras y fuera de ellas. Ahí es donde se halla la diferencia entre estrategia y verdad. Aunque no nos enteremos.