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María José Pou

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El veredicto de las urnas

Cada vez me solidarizo más con los belgas. Con los mismos que estuvieron meses y meses sin gobierno. Aquí llevamos menos de quince días de conversaciones para formar alguno y ya me parece una barbaridad. Supongo que la diferencia está en que nosotros no hablamos de otra cosa desde que se celebraron las elecciones y, en cambio, en Bélgica llegó un día en el que la gente dejó de comentarlo. El tema quedó en la inquietud de políticos y periodistas pero los demás ciudadanos siguieron trabajando, comprando, yendo al cine, saliendo de excursión y comiendo en casa de los suegros de vez en cuando. La prueba es que Bélgica no solo sobrevivió a ese año y medio de Utopía sino que vio mejorar algunas de sus cifras macroeconómicas como el empleo o el PIB.

Con este marco de referencia, convendría tomarse con calma la negociación entre PSPV, Compromís, Podemos, Ciudadanos y otros chicos del montón. Con el ejemplo belga, el holandés o el austríaco, sabemos que la supervivencia está asegurada durante meses, cosa que no puede decirse bajo el gobierno de algunos conocidos. Cuando los ciudadanos votamos tan fragmentadamente estamos diciendo que cada uno lo ve de una forma pero sobre todo que ninguna fuerza política es tan convincente como para reunir a muchos detrás suyo. Es decir, les condenamos a entenderse y a mirar por algo más que por su propio interés. Eso es lo que echo en falta en estas reuniones, conciliábulos y encuentros semiclandestinos entre los principales baluartes de cada formación. ¿Velan por los valencianos? ¿Por cuáles?, habrá que preguntar a la gallega.

En ese contexto ver a Pedro Sánchez apelar al “veredicto de las urnas” para negar a Mónica Oltra la posibilidad de ser presidenta de la Generalitat es interesante. Falaz, pero interesante. No es que sea falso. Es un enfoque lógico toda vez que las urnas han dado más apoyo a Puig que a Oltra. Ahora bien, si a las urnas nos remitimos, el veredicto dice que hay más valencianos con Rita Barberá que con Ribó. Y, por refrescar la memoria, en su momento hubo más andaluces con Javier Arenas que con Griñán. Y al final llegó Susana. Y así están.

Entiendo el argumento de las urnas pero no conviene perder de vista el papel que Oltra ha tenido para que en esta Comunidad se produjera el vuelco que muchos anhelaban y el triunfo de la izquierda después de tantos años. Es algo que no consiguió el PSPV durante décadas y quedará en su debe para siempre. Ha sido ahora, con el desgaste del propio PP, con el empuje de las nuevas formaciones nacidas del hartazgo y con el personalismo de Oltra -del que tanto se queja Pedro Sánchez- cuando se ha logrado. No es un triunfo del socialismo valenciano y debe ser consciente en vísperas de una convocatoria nacional. Al menos, no es un éxito en solitario. Sin Oltra, por mucho que les pese, no hubieran llegado a la Generalitat.

Socarronería valenciana de última generación

Sobre el autor

Divide su tiempo entre las columnas para el periódico, las clases y la investigación en la universidad y el estudio de cualquier cosa poco útil pero apasionante. El resto del tiempo lo dedica a la cocina y al voluntariado con protectoras de animales.


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