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Lidón Sancho

Más vida que arte

¿Estamos suspendid@s?

Cuando empecé este blog, lo hice porque seguía teniendo fe en que las personas, fuera cual fuera su condición intelectual -que proyectaran o no en su aspecto o profesión- fuesen capaces de conectar con el arte. Por eso, voy a contaros una historia.

El Espai d’art contemporani de Castelló ha presentado la exposición colectiva En suspensión, donde se muestran diversos trabajos recientes de tres artistas latinoamericanos –Alexander Apóstol, Cinthia Marcelle y Héctor Zamora– que reflexionan sobre el concepto de arquitectura actual, el desarrollo urbanístico y los procesos constructivos que quedan interrumpidos.

Los trabajos de estos tres artistas muestran una alteración de los materiales de construcción, que han tomado la iniciativa de reocupar solares y documentan además edificios en desuso. Sus obras señalan un urbanismo que pasó de estar en construcción a estar «en suspensión», y que muestra los signos del estado de crisis en el que vivimos en la actualidad.

La exposición incluye, entre otras obras, la serie de fotografías Skeleton Coast (2005) tomadas por Alexander Apóstol en la Isla de Margarita, cuya costa aparece sembrada de edificios hoteleros y residenciales que nunca se acabaron de construir. Viendo estas imágenes, da la sensación de visionar una monstruosidad de cemento que deja al descubierto la forma que tenemos de alterar el entorno de una manera tan impune. Esta exposición consta de esculturas, fotografías y vídeos realizados recientemente que realiza una crítica desnuda sobre el crecimiento económico y su efecto sobre el desarrollo urbanístico y natural.

El motivo de que EACC haya elegido este tipo de exposición precisamente en Castellón es simplemente para forzarnos a hacernos preguntas sobre si las políticas urbanísticas sin escrúpulos -que han hecho explotar la llamada “burbuja inmobiliaria” en España- son realmente fases de crecimiento y deceleración de la economía de forma natural o estos cambios cíclicos son consecuencia directa de nuestros errores.

La exposición reúne piezas interesantes, sobre todo el formato vídeo y fotografía. Personalmente, las esculturas -obra del trabajo el artista Héctor Zamora- no me aportaron nada. Ese es un punto que hay que tener en cuenta a la hora de entrar en un museo: no todo te va a gustar, ni pretendas que todo intente comunicarse contigo. Porque, con sentido común, ni siquiera vas a congeniar con todas las personas que conozcas en tu vida. El arte funciona siempre de manera relacional, es decir, como cuando conoces a alguien que te resulta interesante o no. E incluso te puede llegar a sorprender la conexión que puede hacer el arte contigo y una tercera persona.

Y ahí voy con la historia. Paseando por el museo, obviamente sin la compañía de ningún o ninguna guía didáctica que me indicase mucho más de lo que te dicen mis queridísimas cartelas pegadas al lado de cada obra, el arte me conectó con otro. Con alguien con quien jamás pensaba conectaría nunca: el vigilante del museo. Mientras estaba visionando un video, se me acercó y empezó a explicarme el significado de los movimientos de los personajes, de su intención, e incluso de la curiosa formación de colores que hacían con sus trajes e instrumentos. Fue una charla entretenida, que continuó con otras obras y que me dejó gratamente sorprendida. Sobre todo, porque al entrar en museo y ver un par de obras que me parecieron un fiasco absoluto, miré hacia uno de los guardias de seguridad y pensé lo hartos que estarían de estas tontadas contemporáneas que a veces nos intentan vender. Mi fe en las personas volvió a crecer, al igual que mi creencia en que la profesión que ejerces diariamente no es la que te limita o la que te define, porque las inquietudes intelectuales pueden surgir en cualquiera. Al menos, en cualquiera que quiera prestarle atención.

Ese hombre debía estar allí por su trabajo, pero aprovechó lo que le ofrecía para discernir y entender lo que estaba protegiendo. Una actitud sabia y prudente, que le ha enriquecido y que a mí me dio la alegría del día. A pesar de que la forma expositiva de las piezas tenía carencias educativas y que, como siempre, estabas a merced de las obras sin ningún tipo de explicación más profunda, por ahora, al menos, seguimos “en suspensión”, pero sin estar suspendid@s aún en materia expositiva. Ha sucedido un pequeño milagro. Ya se sabe, en los sitios más inhóspitos, puede encontrase VIDA. ¡Incluso en los museos!

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Por Lidón Sancho

Sobre el autor

Me dedico al ARTE en mayúsculas porque inunda toda mi vida: soy poeta y escritora; comisaria de exposiciones y docente; canto, bailo, aprendo a tocar la guitarra, leo hasta caer desfallecida... Sé que la vida va más allá del arte (de ahí el nombre del blog) pero también sigo creyendo que la cultura es lo que nos salvará de la bestialidad.


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