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Lidón Sancho

Más vida que arte

¿Quién necesita educación?

Actualmente, con la cantidad de malas noticias que rondan en torno a la calidad de la educación en España, creo preciso reflexionar sobre unas cuantas ideas. Estamos angustiados por evitar que la educación pública se transforme en un estercolero y porque el acceso a la educación privada no sea más que un estamento de nobles y clérigos como en la Baja Edad Media, al que no tenemos acceso los plebeyos y campesinos. Buscamos una educación pública y de calidad (eslogan que han promocionado desde las manifestaciones más o menos concurridas) y salimos a la calle para reclamarla por derecho propio porque nosotros lo valemos, porque somos así de chulos y chulas.

Y, ahora, sentada frente a mi perrita Lula, que apenas cuenta con dos meses y a la que estoy educando para que sea una perra educada, estable y feliz, me pregunto: ¿adónde debo ir para encontrar educación para ella? Y lo más intrigante, ¿de dónde me sale el concepto ético de que debo educarla para ser un animal equilibrado y tranquilo? ¿Tal vez de que yo sí fui a un colegio privado, a pesar de que mi padre ha trabajado como azulejero raso de producción toda su vida, y eso me ha dado criterio noble?

La educación, esa que tememos tanto perder de las escuelas estatales no son la única fuente de conocimientos. Mis padres, que fueron a colegios públicos y de pueblo -a mucha honra- son los que me educaron para buscar y entender todos los recursos educativos que estuvieran disponibles y contrastarlos. Desde la serie del gran César Millán, pasando por veterinarios y amigos y amigas con perros, todos pueden darme datos para ser una buena dueña para Lula, mi perrita. ¿Quién dijo que necesite una educación en inglés, chino mandarín y educación en valores si luego en mi casa son tan zarrios como para decirme que a un perro se le educa a palos?

Los niños y niñas de hoy en día tienen muchísimas habilidades mecánicas y parecemos imbéciles cuando nos maravillamos que sepan manejar el ordenador mejor que un adulto. Pero los conocimientos morales y empáticos son mucho más bajos que hace veinte años, como el respeto a sus profesores, a sus padres y, por supuesto, a todos los seres vivos. No es una idea única ni propia. Hace poco, una profesora que ha trabajado casi cuarenta años en educación infantil, me ofreció este dato descorazonador. Tecnófilos como somos, se nos ha olvidado que nuestros hijos e hijas van  a necesitar el doble de educación ética en un mundo, que se desmorona por el miedo, la soledad y la avaricia.

Y, claro, si pende de un hilo la educación gratuita y básica de calidad, es para mondarse pensar en la educación artística como un valor para conectar con los críos y crías sobre los sentimientos y su gestión en el arte y con el arte. Sobre todo, porque esa educación pública ya es inexistente en muchas familias tal y como educan a su prole, ni me figuro que les hablen de la serenidad y depresión de Van Gogh en sus obras y cómo pueden ayudarles esas imágenes a comprender lo que pasa en su cabeza y en su corazón.

 

 

Sin embargo, no son quien para juzgar cómo deben educar las personas a sus hijos e hijas. Sólo digo que ojalá hubiesen más César Millán en la educación para la gente. Entenderíamos que el ánimo positivo de la gente es la clave para empezar a ser persona.

P.D: Y no es broma, pero si tardo más en escribiros es porque estoy pendiente de la educación para con mi perra. Porque la independencia no se mide en las tareas que puedes hacer en tu tiempo libre sino en qué tareas son realmente importantes para realizar en tu tiempo.

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Por Lidón Sancho

Sobre el autor

Me dedico al ARTE en mayúsculas porque inunda toda mi vida: soy poeta y escritora; comisaria de exposiciones y docente; canto, bailo, aprendo a tocar la guitarra, leo hasta caer desfallecida... Sé que la vida va más allá del arte (de ahí el nombre del blog) pero también sigo creyendo que la cultura es lo que nos salvará de la bestialidad.


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