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Lidón Sancho

Más vida que arte

Menos es más

La obra de Irene Cruz, onírica y simbólica/ La obra de Irene Cruz, onírica y simbólica

Ahora que hemos pasado la vorágine de ferias de arte contemporáneo y que la opinión general comenzará a repetir, cual mantra, que muchas personas que han asistido a las mismas no van a recordar absolutamente nada de lo que han visto, me atrevo a romper una lanza a favor de ciertos planteamientos comisariales que han evitado una desmemoria colectiva, inevitable en ocasiones ante la sobredosis de oferta.

El silencio cultural tras las ferias dispersa la ingente cantidad de información visual, táctil y auditiva de las pinturas, esculturas, instalaciones e imágenes colgadas de las paredes, del techo, del suelo, incluso habitando pantallas de plasma que nos proyectan sin cesar un código oculto que debemos descifrar. Sin embargo, cuando la coherencia a la hora de estructurar temática y visualmente una serie de obras hace acto de presencia, existe el milagro que todas las personas que nos dedicamos al arte deseamos: que en cada retina de cada persona se haya grabado a fuego una experiencia estética, imposible de derribar. Y ahí es donde Carlos Delgado Mayordomo―comisariando el programa One Project de la feria ArtMadrid― y Alberto Cornejo Alcaraz ―como director de la feria― entran en escena, aportando tres líneas de acción fundamentales: fluidez, coherencia y calidad; son términos difíciles de medir o de pesar, palabras polémicas a veces (¿calidad? ¿quién determina la calidad?) pero sencillas si las decimos desde la orilla del sentido común, de la pulsión, de la intuición creativa que todos los seres vivos (sí, absolutamente todos, como dijo Joseph Beuys) sentimos bailando en nuestro espíritu.

La obra de Irene Cruz, onírica y simbólica

Y me muerdo las uñas, mientras intento evitar la comparación odiosa con la gran bestia llamada ARCO, tan bella y tan demoledora, tan gigantesca que te aplasta bajo su peso, y tan sublime que te ciega… y no puedo evitar asentir con la cabeza y creer casi secretamente que menos es más, siempre. Carlos Delgado ha apostado por un proyecto comisarial que proyecta una trayectoria directa al corazón de quien la ve. Paseando por sus stands, me siento sosegada, casi en paz y sé que ese sentimiento proviene de un planteamiento ricamente elaborado que sublima la experiencia allí vivida y que son fruto tanto de Carlos Delgado como de la dirección de la feria comandada por Alberto Cornejo, apostando por una plataforma sólida y caleidoscópica en un espacio luminoso e inspirador.

No voy a demonizar a ARCO. Creo firmemente que existen propuestas, piezas y proyectos francamente interesantes dentro de ella. Pero, entiendo que la gente se vaya con la sensación de haber comido demasiado y dolerle el estómago después de ingerir tanta pintura, escultura, performance y demás mientras intentan no dejarse ninguna parte del stand sin mirar (que son como gigantescos cubos de Rubik que intentamos encajar gramática y semánticamente para llegar a un significado posible o válido para nuestra consciencia).

Tal vez nuestro cerebro, aún en una escala ínfima de evolución ante su verdadero potencial, necesita aún ese salto cuántico para absorber cada partícula de arte que ha vibrado estos días en Madrid y sublimarlo y sentirlo en la piel como se siente el primer amor o el deseo sexual, inevitable ante una mirada impecablemente brillante… Carlos y Alberto han sido magos esta vez de lo casi imposible de conseguir: vivir el arte.

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Por Lidón Sancho

Sobre el autor

Me dedico al ARTE en mayúsculas porque inunda toda mi vida: soy poeta y escritora; comisaria de exposiciones y docente; canto, bailo, aprendo a tocar la guitarra, leo hasta caer desfallecida... Sé que la vida va más allá del arte (de ahí el nombre del blog) pero también sigo creyendo que la cultura es lo que nos salvará de la bestialidad.


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