Se puede ser fan de los copilotos, yo lo soy, tanto o más que de los que manejan el volante. Es una figura interesante la de quien desde un segundo plano sirve de punto de apoyo ayudando a aupar al éxito a alguien que quizá -mirado objetivamente y sin carisma de por medio-, no lo merezca tanto como él o ella. Nada que ver con los ‘segundones’.
De perfil menos brillante o directamente gris, discretos, reservados, con un toque de inseguridad o timidez mal resuelta o menos dotados para las vanidades y servidumbres que se le presuponen a un ‘Number One’, los copilotos que he conocido ayudan a sus jefes, cónyuges o amigos en sus maniobras casi de forma invisible, conducen con firmeza a quien dirige en cada curva memorizando el recorrido, proponiendo el cambio de marchas más conveniente, indicando de manera veloz donde no conviene arriesgar o donde hay que intentar rascar un segundo, corrigiendo errores…
Contemplar la compenetración de dos talentos es todo un placer, a mí me gusta observar como dos inteligencias que se conocen demasiado se inspiran en callada conversación… Coincidirán conmigo y seguro que también tienen en mente muchas carreras brillantes sustentadas en alguien casi invisible, parte esencial del éxito de una persona que nunca son ellos… Luís Moya ha sido pareja de rallyes de Carlos Sainz durante muchos años, sin duda un tándem de éxito. No sabremos tampoco nunca que hubiera sido del valenciano Equipo Crónica si Manolo Valdés no hubiera contado con Rafael Solbes o viceversa, o del tenista Rafa Nadal sin su entrenador, su tío Toni. Lo mismo se dice del venerado Billy Wilder sin I.A.L. Diamond, coguionista o guionista de sus mejores y más grandes películas, (por cierto, Wilder poseía alguna obra del Equipo Crónica), por citar ejemplos de todos conocidos.
Aunque sé también de más de un compañero y matrimonio en situación parecida. En estos casos lo ideal sería el fifty/fifty, pero qué pocas veces se cumple. ¿En algún momento les invadirá el cansancio, el hartazgo de la servidumbre, el amargo resentimiento?. ¿Cuántos se quedarán con las ganas de saber cómo les hubiera ido si alzaran el vuelo por su cuenta, con todo lo aprendido de los mejores?.
Les quiero poner una actuación de Olga Román … con Joaquín Sabina. Ambos dos en estado de gracia. Ella -que también ha hecho coros y segundas voces increíbles a Luis Eduardo Aute-, empezó hace un tiempo su camino en solitario pero al menos para mí, aunque ahora sea más ella ya no es lo mismo.
Es curioso, éste que a continuación les paso es de los pocos duetos callados -en su primera parte- que recuerdo entre el penitente de Sabina y la Román.
Y es que dos no es igual a uno más uno.