La Naturaleza no es sabia. Es tozudamente reincidente y a pesar de estar dotada de un gran sentido práctico a veces la pifia. Se equivoca, ya lo creo que se equivoca. Se olvida de que hoy se ha de estar pendiente de demasiadas cosas para la supervivencia, cada vez más compleja. A veces parece inmune a nuestras necesidades pero aunque ella vaya a la suya nunca es del todo insensible a nuestros actos. Tú sólo le pides un poco más de disfrute, como en nuestros orígenes, volver a la esencia, al sabor. Quieres involución, deconstruirte como si fueras una tortilla de patatas de Ferrán Adrià.
En el fondo es ella quien depende de nosotros así que deberíamos rebelarnos y domarla o cuanto menos atrevernos a reivindicarle. Os parecerá un atrevimiento pero es que es una pesadez esto del yugo de la evolución. El sufrido ser humano soporta estoicamente desde la cumbre de la pirámide evolutiva el peso de la existencia inteligente, del progreso de la especie y las inquebrantables leyes naturales de Darwin y Newton, culpables al obligarnos de serie a algo absolutamente esclavizante. Al menos para ti lo está siendo por lo cual pides públicamente salirte de la cadena y convertirte en el eslabón perdido junto con tu pareja e hijos como si fuerais ‘Los Croods‘ de Dreamworks, esa regresión fantástica al punto exacto en donde nos volvimos sapiens y todo parecía más sencillo, más básico.
Viene todo ello a colación por lo siguiente; si la naturaleza es sabia no te lo parece aunque tal vez se deba a que quiere evitar la superpoblación. Te explicas: preocupaciones laborales, sociales, familiares, hijos revoloteando a todas horas por una casa que nunca queda libre… Es en ese punto en donde surge como tema inevitable en las cenas de amigos papás y mamás el por qué tu pareja no te arranca de la rutina más a menudo, sabia y naturalmente. No es porque no quiera o queráis, claro está, sino porque suelen presentarse ‘pequeños’ impedimentos. Entonces ¿por qué la Naturaleza va tan descompensada respecto a nuestros deseos más básicos si tu intención nunca fue contradecir sus leyes mecánicas y físicas?. Algo taruga, sí es, coincidireis. La dependencia infantil se alarga mucho. No, no evoluciona acorde al desarrollo de nuestras necesidades e intelecto.
Lo que no entiendes es cómo a partir del cuarto hijo hay quien todavía dispone de tiempo material para continuar poblando La Tierra ni de medios para hacerlo, pero esa es otra historia. La prisa no es natural. No poder ni siestear plácidamente, siempre robando segundos al reloj. ¡Qué cansancio, por favor!. Mientras allá en China sólo se puede tener un hijo -a partir de ahí debes esconder tu embarazo y pagar una multa si otros nasciturus finalmente ven la luz-, aquí en la vieja Occidente las familias numerosas entran en una dinámica muy diferente. Porque en lugar de traerlos de París al nacer deberíamos enviarlos a la ciudad de la luz de vez en cuando, máxime si ‘ellos’ son mayoría en casa. Tal vez regresarían con una baguette bajo el brazo.
Perdonaréis que te hayas permitido tal ligereza pero el tema te ha surgido casi sin quererlo, es lo que tiene ser familia numerosa. Bueno, ya lo tienes todo a punto. Mantel para la ocasión, copas, vajilla, servilletas de tela y velas… para cinco. Y tan a gusto. Si te encuentras en una situación similar sería aconsejable que le regalaras una experiencia a tu pareja. Quedarás fenomenal de encontrar el momento para ello. Por cierto, tu smartbox de las Navidades pasadas está a punto de caducar… en fin… algo bastante común entre los comunes por lo que cuentan. Quizá vayáis los cinco, para vosotros el jaleo ambiental-familiar ya es totalmente adictivo. Algún día lo echaréis de menos -eso dicen-. Espíritu de contradicción, naturalmente.