Las mujeres somos tremendamente difíciles de regalar, de natural insatisfechas, y quizá por ello grandes regaladoras. Somos capaces de hacer girar todo un mundo en torno a ‘ese oscuro objeto de deseo’ especialmente en estas fechas. Conoces quien ha muerto de amor o incluso quien ha roto una relación al primer regalo al interpretar éste como todo un preludio glorioso o tedioso de lo que le espera. Y es que dice mucho de la persona ¿no?. Qué maravilla que acierten con el libro que buscabas pero que desengaño ser regalada con una por ejemplo colonia de Jean Paul Gautier cuando tú eres más del 212 de Carolina Herrera -cómo podrá olerte así de cursi, demuestra conocerte muy poco. Y ahora, ¿la envuelves de nuevo y la regalas a su vez?-. También conoces a quien les dice en casa directamente un ‘pasad a recoged mi regalo, está en tal tienda’. Sentido práctico le llaman.
El cheque regalo ni lo nombras. Lograr que te sientas agasajada, halagada en tu ego es como tantas cosas en la vida todo un arte aunque a veces también misión imposible. Recuerdas y guardas regalos muy especiales. Un regalo puede ser cualquier cosa, siempre que demuestre que has pensado en la persona en cuestión, que conoces sus gustos y eres capaz de sorprenderle acertando de lleno. Podemos hablar del regalo por edades, por sexo o por modas. Otro ejemplo de la dificultad del tema que nos ocupa: una dedicatoria en un disco o un libro ¿No se estila ya?, ¿Caduca?, ¿Prescribe como los tatuajes?. Por rango también los hay que entrañan cierta complejidad en sí mismos porque dejar transida de emoción a algunas personas -como algunas suegras, que no la tuya-, requiere un talento especial.
Otra pregunta: ¿El tamaño importa?… Otro factor a tener en cuenta y que no por poco probable no pueda producirse es que coincidan emisor y receptor -te entra la risa-. Lo dices porque algunos pequeños detalles llevan implícitamente algo de auto regalo: dos entradas -una para ti y otra para él-, dos billetes de avión -uno para ti y otro para él, un abono para la TV de pago por la cual no has mostrado interés y coincide con un campeonato de fútbol o un nuevo canal. Todo un arte, cómo decías.
En cualquier caso y a pesar de que probablemente exista en algún lugar un protocolo sobre el regalo correcto, optas por el lujo y la gozada de eludirlo y rehuir de los valores seguros y los grandes almacenes para reconocer el mérito a quien es capaz de patearse toda la ciudad en busca de un tesoro. Nada que ver con ese regalo que detestas por haber sido realizado bajo el deseo manifiesto de cambiarte -como un abono para el gimnasio cuando aborreces el deporte-.
Empezado diciembre y la vorágine de su cuenta atrás, buscas y esperas ya ese regalo sorpresa total alejado del arquetipo. No hay nada que te guste más que recibir un buen regalo a parte de hacerlo. El mejor obsequio este año quizá sería algo propio de lo que cueste desprenderse, disponer de más tiempo o la seguridad de una vida algo más regalada, pero aún así te declaras absolutamente fetichista del ‘presente’. El mañana ya se verá.