Esto va de una pareja como cualquier otra, instalados en la rutina, a mitad de camino entre el éxito y el fracaso, una pareja que como cada viernes noche tal y como sugiere la página de ocio de cualquier periódico frecuentan el lugar más recurrente de todos. Como es de suponer ya te habrás reconocido en ellos: ‘Aquí no se está tan mal’, piensa ella. ‘Aquí no se está tan mal’, piensa él.
Esto también va de otra pareja que decide si unirse o no a la cola del cine. A ella lo que le irrita es esperar a ver la película que van a ver. Le enferma la mediocridad de una vida que detesta y en la que se ha visto envuelta por las circunstancias o simplemente por cobardía. Pero ¿Por qué ese chico de ahí la mira tanto?. ¿Se hablarán?. Es una idea excitante, pero esas cosas no pasan. Por eso van al cine, para que pasen en algún lugar.
Y es que toda una vida puede pasar en unos minutos. A la cola de un cine, por ejemplo. Y toda relación es una lucha; aguantar, aguantar. Pero ni ellas son Diane Keaton ni ellos Woody Allen en ‘Annie Hall‘, a la cola de cine, hablando desenfadadamente de sexo o de las más extrañas teorías cinéfilas junto a McLuhan. Nada que ver con su humor, surrealismo ni esa nostalgia exacerbada que tanto te gusta. Narrada por el grupo Tornillo de Klaus como una especie de fotonovela de los 70-80 pasada por la noche londinense de Winterbottom en Wonderland y maquillada con un poco de luz hongkonesa marca kar Wai, ‘Caída libre‘ es el encuentro y desencuentro de dos parejas a las puertas de los desaparecidos cines Roxy de Madrid, en el que la selección de la película a ver es una metáfora del desencuentro de los componentes de cada pareja. El suburbio de los sentimientos sale a la luz pero sólo de forma mezquina y cobarde, en forma de voz interior incapaz de mostrarse al otro, a sabiendas de que esas relaciones han acabado hace tiempo.
‘Alrededor de los protagonistas un conjunto de fantasmas de la gran urbe, un puñado de desheredados, de falsos alegres en medio de la obligada feliz navidad, la sociedad del consumo barato y de los sueldos baratos, del cine barato y de la crisis barata que nos arrebata hasta la capacidad de ser amable’, se explican los autores. Nuestros protagonistas entran al cine.
Ha querido la suerte, la desgracia o el destino que las dos parejas vayan a ver películas diferentes. La gente se entrega a las imágenes como en una ventana a otra existencia, una existencia que jamás tendrán el valor de llevar. Ahora ya no hay esas cosas, ahora todo es planicie. O quizá sea al revés. Todo es caída libre. En el mundo del cine.