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Fani Fernández

Mil piruetas

Simulacro social

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¿Qué nos hace avanzar? ¿Qué caracteriza a una sociedad madura?. Los periodistas contemplamos con los años, no sin cierta perplejidad, la apática respuesta que suscitan noticias que a nuestro juicio deberían provocar reacciones sociales firmes, contundentes. Por ello hemos desarrollado también cierto gusto por quienes contribuyen a propiciar convergencias y cambios desde el ámbito que sea y si es sin sectarismos, mejor todavía. Normalmente.

¿Te has preguntado alguna vez por qué no se está reaccionando de manera generalizada en la calle, por ejemplo?. Seguro que sí. Los casos de corrupción, injusticias y burlas a la ley y a la población en general no desembocan en medidas o cambios efectivos llevándonos a sentirnos apresados en medio del estancamiento colectivo. Pues bien, hay un artículo titulado ‘Por qué no estalla la revolución’ que todo y parecerte más interesante en sus planteamientos que en sus conclusiones, ofrece un fiel reflejo del momento y evidencia cómo ‘el excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real’.

Para la Gazzeta del Apocalipsis, si combinamos esta apatía, fruto de la poca energia emocional con la que intentamos responder, con las tremendas dificultades que el propio sistema nos pone a la hora de castigar a los responsables, ‘se generan nuevas oleadas de frustración, cada vez más acusadas, que nos llevan, paso a paso, a la rendición definitiva y a la sumisión absoluta.’ Esta misma publicación atribuye a las personas que ostentan el poder el interés por bombardearte con enormes volúmenes de información lo más superficial posible ‘porque odiamos la duda pues nos obliga a pensar. Ya no queremos hacernos preguntas. Solo queremos respuestas rápidas y fáciles. Somos y queremos ser antenas receptoras y replicadoras de información, como meros espejos que rebotan imágenes externas… Pero los espejos son planos y no albergan más vida en ellos que la que reflejan proviniendo del exterior. Hacia ahí se dirige el ser humano de forma acelerada’.

Hiperrealidad o cultura y simulacro de Baudrillard son términos demasiado densos para este artículo, pero se te plantea hablar del simulacro social en estos tiempos de realidad virtual ‘en diferido’ a toda costa, en que simulamos que realmente nos importan algunos temas, simulamos protestar, simulamos actuar con tal de que nuestra zona de confort se vea afectada en la menor medida posible, prioridad absoluta de la ‘masa silenciada‘, por pequeña que sea el margen de comodidad en nuestras vidas. Lo cierto frente a la incertidumbre del cambio, la eterna diatriba. Y para colmo de males la imagen proyectada en TV o las redes nunca es la verdaderamente original. La realidad desapareció, si es que alguna vez la conocimos.

Andas sopesando muy seriamente rebelarte. Contra algo. Contra alguien. Contra ti misma como decías el otro día puesto que eres quien mejor conoce tu talón de Aquiles. Y te tienes más cerca. Pero no acabas de tener claro si será de utilidad y qué pesa más si la revolución o Rrebolusionh de Dalí y sus logros o la comodidad de la zona de confort. Bueno, sí lo sabes; como muestra un botón: te parece muy significativo y absolutamente paradójico que ‘Los miserables‘ de Víctor Hugo se haya representado en la fastuosidad de la Ciutat de les Arts i les Ciències. Parece hasta una broma de mal gusto, macabra incluso, además de un síntoma inequívoco de cuál es el estado de las cosas, revolución de salón, de opereta, o de Palau. Habrá se visto mejor lugar y momento para la manifestación exaltada de cualquier cosa. Y no. No pasó. La palabra riesgo es arriesgada aunque perroflautorromanticismo tampoco está tan mal. Quizá estés pensando que más nos valdría a todos dejar las palabras y buscar la manera factible de actuar con estrategia y cambiar el statu quo y no te faltaría razón.

Manifestación en Ucrania / Agencias

Existen gestos sin consecuencias pero grabados en la retina para siempre. Hé aquí otros espejos, de los que no rebotan la imagen, cargados de intención. Se vieron el otro día durante una manifestación en Ucrania, en donde a través del juego de espejos se pretendía que las fuerzas de seguridad fueran conscientes del papel que desempeñaban en tales situaciones, de manera que la imagen que se les devolvía era justamente la de ellos mismos con sus cascos y refuerzos frente a los ciudadanos. Juego de percepciones y también de desafíos feroces. El de su propia mirada. Que podría ser la tuya. Por cierto, ¿Qué está pasando en Burgos?.

Se da la paradoja -otra- de que estando más formados e informados que nunca no sabemos por dónde hacer frente a los fallos del sistema, que se encarga de blindarse cada vez un poco más por ejemplo a través de una nueva ley de seguridad ciudadana. A pesar de la apatía, la abulia y el inmovilismo en plena Tercera Ola de Toffler en el fondo todo te parecerá bonito, como a Jarabe de palo. Cierto es que entre la saturación e intencionalidades de toda clase y el colapso colectivo, la virginidad social la perdimos hace demasiado.


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