Dylan Farrow, hija adoptiva de Woody Allen, relata este domingo en una carta abierta los supuestos abusos sexuales a los que la sometió el cineasta cuando era niña, hechos que volvieron a saltar a las portadas con motivo del reciente tributo al actor y director en la gala de los Globos de Oro. La misiva de Farrow, publicada en el diario The New York Times, detalla el supuesto acoso al que la sometió el director de “Annie Hall” a principios de los años 90. En especial, se detiene en un episodio ocurrido cuando tenía sólo 7 años. Allen ayer negaba lo narrado en dicha carta.
Al parecer lo que la ha decidido a contarlo todo en este momento ha sido su estupefacción ante los últimos homenajes al cineasta de Brooklyn -el premio Cecil B. DeMille otorgado por la prensa extranjera de Hollywood– y una nueva nominación de cara a los Óscar. No se sabe la repercusión que tendrá la carta ni si Allen seguirá la maldición Polanski que ha sufrido el ostracismo de Hollywood desde que fuera condenado por un caso de pederastia ya que si bien es cierto que el director polaco no ha pisado la cárcel sí ha padecido la condena social. En el caso del americano el supuesto delito ya ha prescrito.
No debe resultar fácil denunciar a alguien tan respetado cuando sabes que la que vas a ser cuestionada eres tú y él parece encontrarse por encima de toda sospecha. Hay actitudes de abuso y maltrato que aún hoy nos parecen aberrantes procedan de quien procedan todo y encontrarse revestidos de una pátina de éxito y consideración social. Aunque hace falta alguien muy valiente para dar el paso y soportar la presión que ello conlleva, los mitos también caen y cuando vienen a hacerlo suele ser de manera estrepitosa. Les construimos un pedestal imposible que acaba tambaleándose para mostrárnoslos tal cual son fuera del celuloide. Los viejos archivos de Hollywood de eso saben mucho. Y de campañas maliciosas también.
Además la carta de Dylan parece venir a demostrar lo falaz que resulta suponerle a alguien madurez sexual por el mero hecho de hablar mucho y muy bien de ello en sus películas. Resulta chocante que alguien que a lo largo de su filmografía ha contribuido a que generaciones lograran abordarlo con naturalidad y sentido del humor lo acabe viviendo como algo sucio, como basura, denigrándolo hasta lo indecible. Dejando a un margen las mojigaterías, a veces parece que se les olvide que su libertad como artistas no les exime de la misma responsabilidad moral que se nos exige al resto de los mortales por ley. No te vienen solo a la mente los casos de sexo enfermo de Polanski o Michael Jackson sino la proliferación de páginas de pederastia en la red, una realidad innegable de porcentajes algo más que anecdóticos que evidencia la necesidad de una mayor educación sexual.
Hollywood también nos muestra todos sus excesos y de cómo la perversión de la genialidad puede derivar hacia derroteros insospechados. Quizá, piensas, uno necesite endiosarse precisamente para olvidar lo que le cuesta mirarse al espejo. ¿Le debería pasar factura todo esto a Woody Allen?. La fama no debería garantizarle una reputación sin mácula. Lo peor de todo es que no es posible dilucidar de qué parte está la razón en este antiguo y turbio asunto. No obstante viendo con quien se casó tras separarse de Mia Farrow -su otra hija adoptiva Soon Yi-, las reservas son más que comprensibles.
Un mito más se tambalea en lo personal en la antesala de los Óscar así que de la recién celebrada ceremonia de los Globos de Oro donde se homenajeó la carrera de Allen te apetece quedarte -por aquello del buen sabor de boca- con el ‘momento taconazo’ protagonizado por Emma Tomphson al hacer entrega de un premio. Lo hizo descalza con su carísimo e hiriente calzado en la mano y una copa en la otra. La actriz británica lanzó sus zapatos al aire supuestamente a fin de secundar la campaña anti tacones que están llevando a cabo muchas celebrities. Momento redes o temas por los que luchar socialmente. Uno más de los que abandera parte de la industria del cine. Por su incomodidad.