Un postureo como cualquier otro. ¿Nunca has fingido leer para agradar a alguien? ¿O para parecer ser más interesante?. ¿O a fin de que crean que tenéis un libro y un filón en común?. ¿Ni por diversión?. Es más frecuente de lo que piensas. Están quienes fingen leer en el bus para que no ser incordiados, en el tren cuando están pensando en él/ella y les cuesta pasar página o quienes simulan leer en la playa o ante sus hijos, que son lo peor. Métodos de simulación de lo más variopinto pero más éticamente inmorales unos que otros, convendréis. El pequeño ardid rodea de un halo de respetabilidad a quien se supone está nutriéndose de saber que impide interrumpirle y no sólo por la posibilidad de que responda con un rollo erudito sino también porque las lecturas de cada cual son algo muy personal, un momento íntimo y sagrado.
Mera pose a veces, como decías. Leíste hace poco que en esto del fingimiento los mentirosillos ahora se escudan más en Murakami, por aquello de parecer estar a la última en tendencias. Qué sacralizada está la afición lectora. El nipón supera ya a García Márquez según la prensa humorística a la hora de marcarse un farol literario. Son nombres que levantan sospechas, y no deberían, pobrets. Pero su fama llega hasta estos extremos. Recurrentes como recurso porque aunque sea de oídas todo el mundo sabe de qué van alguno de sus libros más conocidos.
¿Alguna vez has padecido la lectura de manera tan convulsa como unas fiebres maltesas, de esas que te han impedido escuchar el teléfono, los mandatos de tu madre o los imperiosos reclamos del día a día?. Más allá incluso de esos momentos en que toda la familia disimula tras unas páginas como cuando pides colaboración para sacar o bañar al perro o llegado el momento de ordenar armarios, por ejemplo. Hay quien ya puestos a fingir lo hace con una lectura tan absorbente que no le permite escuchar o atender a lo que se le está diciendo. Pero ten cuidado, es peligroso, puede que sin pretenderlo acabes leyendo de verdad.
Los libros, ese lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.