La economía es una ciencia perversa. Según cómo se quiera mirar, una actuación es positiva o negativa simplemente por el hecho de la manera de expresarla. Existe una gran diferencia entre hablar en millones de euros a hacerlo en porcentajes.
Este problema se pone especialmente de manifiesto cuando se habla de déficit público, PIB, recortes e inyecciones económicas. Los dos primeros términos se miden porcentualmente mientras que los segundos se expresan en millones de euros. Los recortes se hacen para reducir el déficit y las inyecciones para elevar el PIB. Esta simplificación hace olvidar que una inyección de dinero (Plan 2000E de las aceras) se puede hacer para reactivar el PIB pero lo que puede causar es un mayor déficit.Pongamos un ejemplosimple (con magnitudes exageradas) para entender la situación.Tenemos una región con un PIB de 100 millones cuyo gobierno se gasta anualmente 110 millones de euros, por lo que tiene un déficit del 10%. El gobierno de esta región opta por un sistema de drástica reducción de gastos hasta lograr que se reduzcan en 50 millones de euros a base de, por ejemplo, despidos de funcionarios a los que no les da ni prestación por desempleo.
El efecto que tiene esta medida es que, como mínimo, de los 100 millones que tenía antes de PIB pasen a ser ahora sólo 50 ya que los otros 50 eran generados por los funcionarios que, al estar en paro no generan Producto Interior Bruto. Semejante reducción de gastos que afecta a multitud de familias supone además una caída del consumo ya que los exfuncionarios dejan de aportar al PIB.
El resultado de esta actuación es que el PIB pasa a ser de 50 millones y el gasto público de 60, es decir, un déficit del 20%.
Teniendo en cuenta estas magnitudes, el recorte en el gasto público no ha permitido reducir el PIB sino que, al contrario, lo ha aumentado notablemente.
Pongamos el ejemplo contrario. En lugar de reducir el gasto público, vamos a aumentarlo. Pasemos de gastar 110 millones a emplear 210 y supongamos que cada euro gastado implica un euro más de PIB. De este modo, el aumento de gasto nos debería dar 200 millones de PIB, con un resultado del déficit del 5% frente al 10% inicial y el 20% del escenario de mayores recortes.
Esta explicación, evidentemente, reduce mucho los factores que se deben tener en cuenta pero sí se deben valorar el efecto estadístico. Los recortes en los gastos que impliquen reducciones del PIB suponen, además de un esfuerzo para el que lo sufre, un mal resultado en la cuenta general del país.