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Julián Larraz

Activos y pasivos

¿Por qué hay que darle 10.000 millones a Bankia y recortarlos en educación/sanidad?

 Uno de los debates que ha saltado es: ¿qué sentido tiene darle 10.000 millones a una entidad financiera mientras se recortan otros tantos en educación y/o sanidad?. Creo que para posicionarse hacia un lado u otro lado lo primero hay que aclarar varios conceptos.

 No tiene nada que ver dar 10.000 millones a Bankia con recortar 10.000 millones en educación/sanidad. Para empezar la ayuda a la banca es un importe definido y seguro. Si le mete pasta a un banco, se le hace una transferencia en número redondos.

 Con los recortes no pasa eso ni de lejos. Sólo hace falta recordar la sensacional noticia que desveló Francisco Ricós.

El Consell quiere ahorrar 21 millones en dos partidas que cuestan 6,5 millones 

 La duda que queda detrás de cada recorte es si la cantidad por la que se cifra es real. ¿Cómo es posible que un Gobierno puede cifrar en número redondos el hecho de que se cobre por las medicinas? ¿Que yo me ponga enfermo o no está contabilizado para que el recorte se cifre en ese número redondo? El recorte es una estimación que no es comparable con el número redondo ya que, además, depende de la propia marcha de la vida para saber el alcance real de la medida.

 Lo mismo pasa con la subida de impuestos. Se puede calcular el efecto previsto con un alza del IVA o del IRPF pero no se puede cerciorar hasta que se aplique.

 Otra de la diferencia entre los recortes/subidas de impuestos y las ayudas es que las primeras afectan a la partida de gastos o a la de ingresos mientras que las segundas afectan, en primer lugar, a la liquidez.

 La ayuda de 10.000 millones en Cocos (ver definición) es un préstamo al 8% que se puede convertir en acciones. Esto significa que se retiran 10.000 millones de las cuentas del FROB (no de partidas de educación y sanidad) y se prestan al 8%, lo que implica el deseo del Estado de cobrar 800 millones al año en concepto de intereses.

 Hasta aquí, los recortes suponen pérdida de servicios mientras que la ayuda a la banca más ingresos para poder tener más servicios. La verdad no es tan bonita ya que existe el riesgo real (siendo finos) de que los 10.000 millones se conviertan en dinero a fondo perdido por los que no se paguen intereses.

 Al margen de las diferencias que hace que 10.000 millones en una cosa no sean lo mismo que en la otra, hay que transcender a porqué se hace una cosa y otra.

 Hemos vivido en sociedad derrochadora, la del boom, en la que todos nos beneficiamos de la bonanza. Desde el que lograba una plaza de funcionario porque el alcalde tenía mucho dinero tras aprobar un PAI hasta los que lograron un préstamo para vivienda o consumo sin tener un puesto de trabajo consolidado que garantizara su capacidad de pago. De hecho, los puestos de trabajo que se creían garantizados lo eran porque el sistema (con sus culpables y sus cómplices) permitía que todas las empresas aumentaran su facturación y beneficios gracias al dinero fácil.

 Ahora nos podemos poner a culpar a bancos y políticos de la situación pero la demonización de unos u otros no cambiará la cuenta de resultados de nuestro país. Debemos mucho dinero y no se fían de nosotros. Esta conclusión es cierta y atacar a los causantes, aunque apropiado, no soluciona nuestro estres financiero.

 Tras la bonanza y estando tremendamente endeudados, nuestra posición es de debilidad frente al que necesitamos que nos preste. Los mercados, que si no nos prestan nos llevan a la quiebra, necesitan la garantía de recobro que nosotros creíamos que no era necesaria. Para hacernos de valer, tenemos que explicarles a los prestamistas que seremos capaces de devolver nuestros créditos y para ello hay que desnudar nuestros problemas y hablar de cómo los solucionaríamos.

 Haciendo un reduccionismo notable de nuestra situación, digamos que los problemas son que gastamos más de lo que ingresamos y que nuestro sistema financiero está dañado.

 Si solucionamos nuestros déficit, a base de recortes, no logramos la reactivación económica. Hay mucho gasto superfluo que eliminar pero si la reducción de los gastos implica una caída de los ingresos, el déficit no se reduce sino que aumenta. Además, si una economía en contracción no tiene una banca que financie el crecimiento el ahogamiento es progresivo, es decir, lo que ha pasado estos últimos años.

 Por esto hay que actuar en la banca y prestarle los 10.000 millones a Bankia. Los mercados que nos obligan a hacer más recortes nos dijeron que Bankia era el problema grave de España. Nuestros excesos y elevado endeudamiento no nos permiten obviar esta recomendación pero es que, además, necesitamos una banca competitiva que financie nuestra recuperación.

 Un banquero me comentaba que una entidad en un escenario como el actual, PIB en caída y tipos de interés bajos, tiene dificultades para crecer. Si además de esto, le retiras estímulos de competencia (bancos mirándose el balance no se fijan en el cliente) las posiblidades de que el emprendedor tenga apoyos se reduce a cero.

 Estratégicamente nos interesa que Bankia sea saneada y compita en el mercado. Necesitamos que el Santander, BVVA, La Caixa, Sabadell y Popular tengan un rival enorme que les obligue a seducirnos con ofertas transparentes y atractivas.

 El desenlace más feliz sería que Bankia acabara engullida por una gigante extranjero. La entidad tendría liquidez notable, atraería dinero que no sólo llegaría a él sino también a su competencia. Sería el final de las restricción crediticia pero no sólo de eso. Sería el cambio de chip necesario. Solucionamos la banca y pensamos en crecer, políticas expansivas en lugar de recortes.

 Dicho esto, a la pregunta: ¿Por qué hay que darle 10.000 millones a Bankia y recortarlos en educación/sanidad? Mi respuesta es que hay que gastar los 10.000 en Bankia, recortar todo lo superfluo (que es mucho más de 10.000 millones) y encontrar la fórmula de volver a crecer para que podamos pagar unos gastos de educación y sanidad que ahora no podemos hacer frente.

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