La solución de la crisis pasa irrevocablemente por darle a la maquinita de hacer dinero. Esta decisión, que fulminaría la crisis de deuda y la restricción crediticia, tiene unas muy dolorosas contraindicaciones.
¿Porqué hay que crear más dinero?
Tras la creación de más billetes, el Banco Central Europeo procederá a un préstamo de cientos de miles millones de euros al 1% (lo deseable sería una rebaja de los tipos al 0,5%) a la banca europea. Este dinero captado se destinará directamente a la compra de deuda pública que ofrece rentabilidades en el entorno del 6% (España e Italia) o del 3% (Francia). Esto provocará, por la ley de oferta y demanda, una rebaja de los intereses de la deuda, que implicará reducción de la prima de riesgo y una mejora del margen de intereses de la banca. La inyección de dinero barato mejorará su beneficio aunque no supondrá más dividendos para el accionista ya que el dinero ganado con la inyección se destinará a autosanearse.
¿Es un regalo a la banca cederle dinero al 1% para que compre deuda al 6%?
Sí, pero como la otra opción es recortes y subidas de impuestos, yo personalmente prefiero que le regalen dinero a la banca a que me lo quiten a mí para cubrir sus agujeros. Esta cesión a la banca, cuando son parte principal de la crisis, se debe contrarrestar con sanciones por otra parte. Por este motivo, deben progresar y aumentar las reclamaciones civiles y penales contra los dirigentes de entidades financieras que han propiciado esta situación.
En este punto se puede pensar que mejor sería que nos prestaran directamente dinero a nosotros en lugar que a la banca. El efecto perseguido es que la banca preste, cuestión que ahora no hace, por lo que los beneficiarios también son los ciudadanos.
¿En qué afecta al ciudadano la inyección masiva de liquidez?
El efecto que teóricamente debería tener es inflación (subida de precios) y depreciación del euro. Esto implica hacernos, en un primer momento, más pobres ya que nos cuesta más los productos que compramos. Sin embargo, a medio plazo, puede resultarnos positivo siempre y cuando seamos capaces de demostrar nuestra competitividad. Esta cuestión será cada vez más individual y menos sindicada o generalizada.
Pongamos un ejemplo:
Imaginemos que Europa es un conjunto de fábricas y que el euro tiene el mismo valor que el dólar. España fabrica 1.000 productos al año que cuestan 1.000 euros cada uno. En total, cada año genera un millón de euros (ese es su PIB). De repente, Europa decide emitir el doble de billetes de los que tiene por lo que el cambio euro/dolar pasa a ser: un dólar igual a dos euros.
Tras la emisión de nuevos billetes, la inflación en Europa es del 100%, de modo que cada producto que antes se fabricaba por valor de 1.000 euros (1.000 dólares) ahora pasa a valer 2.000 euros (1.000 dólares).
¿En qué ha afectado al ciudadano?
El español tenía un sueldo de 1.000 euros y una hipoteca de 400 euros. Vivía con 600 euros. Tras la nueva impresión de dinero, el español pasa a tener un sueldo de 2.000 euros (ya que antes fabricaba por valor de 1.000 euros ahora lo hace por valor de 2.000) pero su hipoteca sigue en 400 euros por lo que pasa a vivir con 1.600 euros (que realmente son 800 euros de los antiguos euros).
Al margen del ejemplo teórico, los riesgos de inflación y depreciación no tienen porqué ser automáticos y a escala. La subida de precios suele ir ligada a aumento del consumo por lo que pese a darle a la maquinita no se puede asegurar que habrá alza del IPC dada la situación económica actual. La depreciación, por fundamento económico, parece inevitable aunque si la inyección de capital, caída de prima de riesgo y saneamiento de la banca fueran entendidas como positivas ello crearía un presión alcista del euro. Según que concepto tenga más fuerza pasará un cosa u otra. Estados Unidos ha emitido dinero sin que se deprecie el dólar.
Si está tan claro que es bueno emitir más dinero, ¿por qué no se hace?
Esta crisis pasará a la historia de España como aquella en la que se eliminaron los políticos-banqueros. Sólo hace falta recordar dónde están ahora José Luis Olivas (Bancaja) o Rodrigo Rato (Caja Madrid). Es deseable que dentro de veinte años, si los políticos deciden coger las riendas de la banca, se recuerde lo que ahora sufrimos.
La hiperinflación en Alemania en 1923, motivada por los indemnizaciones que debían pagar por la Gran Guerra, se considera una de las principales causas de la aparición del nazismo que desembocó en la II Guerra Mundial. Los alemanes se niegan a permitir que se repita la historia por lo que se han convertido en unos fanáticos del control de la inflación e imprimir dinero implica, a priori, inflación.
Mientras la postura alemana es inamovible, el euro se debilita, se anuncian falsos corralitos, se invita a Grecia a que salga del euro… En estas semanas veremos si los dirigentes son capaces de tomar una medida radical a riesgo de una inflación que no tiene porqué ser descontrolada o su postura de control férreo lleva a Europa a caer en el Armageddon que algunos preconizan.
Mi opción la tengo clara. Acepto ser ahora más pobre: darle a la maquinita de hacer dinero, solucionad la crisis y ya me preocuparé yo de demostrar mi productividad.
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