Bankia ha lanzado y retirado una campaña en la que ofrecía una toalla de Spiderman a los jóvenes que ingresaran 300 euros en su cuenta y ésto no ha sentado bien. No lo entiendo. Me dicen algunos compañeros que no es el momento de que Bankia haga regalos cuando hay que meterle 19.000 millones (ojalá sean sólo 19). Que no es serio, añaden.
En estos últimos años he sufrido en el periódico dramáticas llamadas de personas mayores engañadas con Lehman Brothers, Madoff, preferentes, cuotas, subordinadas y demás productos complejos. “Yo no lo entendí pero firmé y me llevé unas cacerolas a casa”. Esta frase la tengo grabada, no consigo olvidarla. Es el timo (‘legal’) de la cacerola.
Tristemente en España nos vendemos al banco por unas sartenes. Cuando comento esto, algunos dicen que es “muy fuerte”. Semanas después me preguntan sobre la oferta del banco X que ofrece un iPad. Les daría un sartanazo. Dicho esto, lo de la toalla de Spiderman es normal. Denota la incultura financiera de España pero no es una salida de tono. En otras ocasiones ha funcionado, nadie ha protestado y el banco/caja ha ganado clientes.
El problema de la toalla es que les ha salido mal. Ahora Bankia es como los equipos que ya han perdido el partido, bajan los brazos, no cuelan ni una mientras al rival le sale todo bien. Las críticas irónicas sobre su regalo de una toalla les ha llevado a retirar la campaña. Intentaron ganar clientes en Barcelona dicéndoles en un cartel “todo un jodido juntos” y ahora esta promoción de Spiderman, que la banca la ha hecho mil veces, le sale mal. Están en mala racha.
¿Tiene Bankia conexión con el mercado? Todo parece indicar que lo pierde a marchas forzadas. No conocemos el número de cierre de cuentas ni salida de depósitos hacia otros bancos pero sí parece que la desconexión banco-cliente es cada día mayor. Éste es el problema.
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