Los promotores están identificados, en el imaginario popular, como los demonios de la crisis. Por su culpa estamos como estamos y el resto son malos en la medida que ayudaron, permitieron y se aprovecharon del boom inmobilario. Coincido con esta imagen general excepto en que la mayoría identifica este “resto” sólo con políticos y banqueros aunque yo le doy un sentido mucho más general.
Culpable es el ciudadano anónimo que especuló en compraventas de planos, los que se forraron vendiendo pisos a precios ilógicos… y así podemos seguir hasta llegar a los parados que ahora se quejan de su soledad cuando cobraron 3.000 euros como obrero raso. También hay que recordar que una gran mayoría nos beneficiamos de vivir en una España irreal de crecimiento económico imparable. Todos nos aprovechamos o nos creímos que vivíamos en esa bonanza infinita. Todos somos cómplices.
Si nos damos cuenta de que todos tenemos una parte de culpa (por acción u omisión), si (aunque no quieras reconocer tú culpa) nos damos cuenta de que viviamos en una ilusión que no era real, la cuestión es porqué tenemos que seguir identificando a los promotores como culpables y creadores de la crisis.
Cuando evoluciono en este pensamiento, me topo con un promotor con cargo (tesorero de la patronal nacional) que hace unas declaraciones tan fuera de lugar que ni la extrema izquierda o derecha es capaz de crear ni en sus más teóricos manuales. Su solución es no pagar sus deudas y que los europeos sean obligados a endeudarse para comprar más viviendas en España. Cada una de las peticiones es malévola por si sóla pero juntas adquieren un nivel que yo hasta ahora no había ni imaginado. (Puedes consultar la noticia completa pinchando aquí)
Durante la bonanza, la relación con el promotor ya era compleja. La envidia hacía que por un lado se les repudiara por subir los precios de los planos cada semana mientras que por otro se soñaba con hacerse de su casta, convertirse en promotor y forrarse.
Ahora los promotores, y así queda de manifiesto por sus portavoces, quieren que se anulen sus deudas y tengan una barra libre para seguir creando burbujas especulativas que ya se han demostrado tan dañinas. Estas peticiones, formuladas por José Luis Roca, promotor y tesorero de la Asociación Nacional de Promotores, las hace bajo la amenaza que si no se salva su sector no les quedará otra cosa que la muerte empresarial.
La primera respuesta que se me ocurre es: “Pues que no sigan vivos. Que se mueran”. Siento enorme tristeza al ver cómo un sector económico que lejos de la especulación del boom es necesario para la economía sigue dando razones sin parar para que se les siga demonizando.
Antes de escribir este post he hablado con varios promotores de los que siguen trabajando por vender su stock, por promover un suelo en el que dicen que exisitirá demanda en pocos años, de los que aún siguen trabajando porque se creen que su sector no va a morir. Promotores que, contra viento y marea, trabajan en el sector y están convencidos que con su esfuerzo seguirán vivos. Al oir la salida de tono de promotor con cargo de turno se han llevado las manos a la cabeza. Pero se han quedado en eso.
El discurso y la forma de actuar de los promotores del boom no vale para esta época de larga crisis. Si no cambian el discurso y se alejan de que hay que construir porque sí creo que la consideración de que son los demonios de la crisis no se lo van a quitar nunca.
Sígueme en Twitter. @julianlarraz