MIGUEL A. HOYOS
Periodista de RTVE
BETIBÚ
Alfaguara.
345 páginas
“Hitchcock es una mujer que vive en Buenos aires”, dice, de Claudia Piñeiro, Antonio D’Orrico. Lo dice en El Corriere della Sera. Definitivamente los italianos son unos exagerados. O D’Orrico quería ligar. Aunque no sé si llamarla Hitchcock es hacerle un favor. En todo caso Hitchcock no parecía muy preocupado por que, pasados los cincuenta, se le cayeran las tetas y el culo. Y sin esa preocupación que no es ni superficial ni frívola, sino existencial, sin esa preocupación no se entiende este libro.
Algo tiene este libro de Hitchcock, porque Piñeiro es una habilidosa escritora de novela de asesinatos (que no novela negra), y una habilidosa observadora, con eso que llaman “psicología”. pero esta novela no se fija en los asesinos, como haría Hitchcock, sino en los investigadores. Los asesinos y hasta los crímenes son una excusa para hablar de los investigadores. Y los investigadores son periodistas. Ya hemos llegado. Esta novela habla de crímenes y periodismo, que hoy por hoy se solapan. Y habla mucho de periodismo. No lo quise decir al principio para no espantarles.
Hay un periodista de oficio apartado de la sección que le corresponde por arbitrarios criterios del director y sobre todo, porque es molesto; hay un jovencito elevado a la categoría de responsable en una sección que no le corresponde por arbitrarios criterios del director, y sobre todo porque es dócil; y hay una escritora en dique seco por un amor desafortunado. La escritora ronda los cincuenta, esa edad en la que todo se cae. Los cuarenta es la edad del derribo, los cincuenta, la de la reconstrucción.
Hasta aquí los elementos verosímiles. A partir de aquí empiezan los inverosímiles: el joven de policiales (el pibe de policiales) elige ser discípulo del viejo periodista desterrado (improbable, ningún joven periodista de hoy quiere ser discípulo de nadie. Ya no hay discípulos y así, por omisión, se ha acabado con los maestros). La escritora vuelve a sentir cosas y el grupo, curioso grupo, va desvelando toda la trama criminal con algún truco literario demasiado obvio.
VALORACIÓN: No es la novela del siglo. Es muy objetable. Pero muy entretenida, bastante honesta, digna e interesante. Está bien construida, aunque Hitchcock no aparezca ni en cameo. Habla de periodismo, acertadamente, es crítica, mucho, y aún así se queda corta. Pero plantea más o menos el estado de la cuestión, de la cuestión que es similar en España, en Argentina y mucho me temo que hasta en Mongolia. Habla de la Argentina. Y de llegar a los 50 años, y eso de lo más interesante: la sinceridad con que se mira y se explica una mujer de cincuenta que sigue siendo atractiva y sigue sintiendo todo: deseo y soledad y necesidad de que la deseen. Y habla de enamorarse como un bobo y como una boba. Que sí, que vale la pena leerla.