EL TANGO DE LA GUARDIA VIEJA
Alfaguara
504 páginas
21 euros
Max Costa y Mecha Inzunza se conocen en un barco donde él baila con las señoras de buena posición. Desde entonces, primer tercio del siglo pasado, sienten el uno por el otro una importante atracción que parece no poder cristalizar en una relación sentimental debido a su diferente estatus social. El azar les lleva a coincidir en Niza durante la Guerra Civil española y en el norte de Italia durante los años sesenta. La tensión sexual, el amor imposible, conspiraciones políticas o diplomáticas y un ambiente social que florece y se marchita en apenas cuatro décadas son los ingredientes de una novela de aventuras, mundana y romántica.
VALORACIÓN: Tengo la sensación cuando leo a Pérez Reverte en las novelas que ha publicado durante la última década, que ha compartimentado dos tonos distintos: el que emplea para Alatriste y el que utiliza para otras novelas tipo ‘El asedio’. A mí, el Capitán Alatriste me entretiene y me divierte como lo hace Bruce Willis en ‘La Jungla’ y sus secuelas. Es una literatura de aventuras y consumo feliz. Sin embargo, ‘El asedio’ no lo pude terminar de pura espesura y tedio. A mitad de ‘El tango…’, temí que volvería a abandonar de nuevo. En este libro las balanzas, tanto la de cosas a favor como la de asuntos fallidos, pesan varias arrobas. Empieza la novela bien, intensa. De repente, me sobra la explicación del tango por reiterativa, y lo mismo me ocurre con la del ajedrez. El autor da las gracias a Leontxo García por ayudarle a conocer mejor los ambientes ajedrecísticos. Sin embargo, los textos de García son mejores que los de Reverte a la hora de transmitir la pasión del ajedrez. Desde la página 60 hasta la 350 hay varios momentos que invitan a cerrar el libro para siempre debido a que la construcción del personaje masculino es deliberadamente hermética, demasiado, y uno no siente el más mínimo apego por su historia, que es la historia principal de la novela. Como los personajes se mueven por una serie de ambientes distinguidos, supongo que es necesario describir marcas de tabaco, de coches, de trajes, etc., sin embargo, llega un momento en que me sobra la explicación de cómo va vestido el personaje cuando baja a desayunar a la terraza del hotel. La minuciosidad de la documentación es peligrosa porque los autores siempre están tentados de transferirla a la novela en forma de enumeración de datos. Aquí pasa esto. El personaje del hijo, Keller, también es un punto irregular. Mucho mejor el de Irina, más perfilado. La lectura es sencilla y la estructura de la trama, a pesar de correr en paralelo (primero el barco y Sorrento; luego Niza y Sorrento) es fácilmente digerible, quizá demasiado, pues en algunos momentos comienza el párrafos con un “En Niza,…”, lo que permite sospechar que Pérez Reverte no le tiene demasiada fe a su lector. En el haber del libro, la portada, magnífica, pues conecta exactamente con Mecha Inzunza, que es, de largo, el mejor personaje de la novela: bien perfilada y con diálogos estupendos. Los secretos que guarda ella no le impiden al autor crear un personaje interesante desde el principio, algo que con Max Costa sólo ocurre en el tramo final del argumento, que es, por otra parte, un momento muy notable, y no sólo por la acción que se desarrolla, sino porque es entonces, bastante más allá de la mitad de la novela, cuando el lector entiende cómo dos personajes, con vidas tan diferentes, son finalmente caras de una misma moneda triste, una cara y una cruz que caen en muchas manos, luchadoras, y que, por estar mirando hacia lugares distintos, están condenadas a no poderse encontrar. Dos personajes desencajados, dos baldosas flojas, que escribió Dante Gilardoni. De ser un tango, la novela arranca bien, hay varios desencuentros y tropezones a mitad para, finalmente, alcanzar una gran calidad de fraseo y de argumentación, una velocidad emocionante, un ritmo intenso. Deja buen sabor de boca, muy bueno, a pesar de todo, o quizá por todo.
BURGUERA
@Fausto6969