LAURA TORRADO
Periodista
LA MARCA DEL MERIDIANO
Lorenzo Silva
400 páginas
21 euros
El último capítulo sobre el brigada Bevilacqua se ha llevado el Premio Planeta como mejor libro del año. El relato nos introduce en la piel de este Guardia Civil curtido, de vuelta de muchas cosas menos de algunas sentimentales, como una gran mayoría de españoles, educados más en los valores como el honor, la valentía y la verdad y acostumbrados a esconder los sentimientos por ser un rasgo poco varonil. Vamos, como Don Quijote del siglo XX porque el XXI ya lo ven con otros ojos y la crisis existencial de fondo.
Pues el brigada se vuelve a encargar, en esta ocasión, de otro caso de homicidio: Un asesinato, como los que ya nos tiene acostumbrados el autor, sin poder evitar la comparación con otro detective, en esta ocasión sueco: Wallander de Henning Mankell pero a la española. Se podría decir, tal vez, que más cercano ya que, al tratarse de un Guardia Civil español, los lectores saben de que va y lo reconocen más cerca.
El caso es que en esta historia, el brigada debe resolver el asesinato macabro de un anterior jefe, de quien también fue amigo y con quien compartió muchas de sus aventuras en la Barcelona de los 80…la novela entretiene y capta la atención del lector hasta el final, donde, por fin, se revela el porqué de este título y, al final, el brigada consigue llegar a los corazoncitos de los lectores al desnudar su alma ante su compañera Chamorro, prototipo de mujer del futuro con garra y decisión en una España que deja lentamente el hedor del machismo recalcitrante. La compañera Chamorro, obligada a competir en un mundo de hombres y demostrar su valía camuflando su sentimentalismo y asegurándose una capacitación que la atenaza.
El libro es la continuación de la saga policiaca protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, la pareja de funcionarios de la Guardia Civil que ya leímos en “El lejano país de los estanques”, “El alquimista impaciente”, “La niebla y la doncella”, “Nadie vale más que otro”, “La reina sin espejo” y “La estrategia del agua”. Prolífico autor que se documenta exhaustivamente con respecto a las actuaciones y vida interna de la Guardia Civil. Con rigurosas explicaciones de las investigaciones judiciales en España, que lo hace creíble y se asume la historia como algo normal: las relaciones de los fiscales con los forenses, de los Guardias civiles con los Mossos, de jueces con los policías, las distintas demarcaciones y sus competencias…son un tema que el autor domina y se nota.
Y esa marca del meridiano de Greenwich se refiere al paso de Barcelona a Madrid, la franja entre el pasado y el presente, al que Vila evoca continuamente, con un deje de nostalgia, de escepticismo o de intento de delimitar lo cerca que se está de pasar del bien hacia el mal. Sólo separados por una franja. Y las descripciones de los sentimientos del personaje principal las hace, de nuevo, creíbles: el paso del meridiano de Vila desde su pasado hasta su presente. La crisis de los cuarenta o la nostalgia por un tiempo que ya no volverá.
La novela, en primera persona, hace que el lector se identifique rápidamente con el brigada de la Guardia Civil y con sus pensamientos. Es un buen ejemplo de novela negra española.