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David Burguera

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Amagar y no dar

JUANJO BRAULIO

Jefe de Informativos de Radio 9

SOCIEDAD NEGRA

Andreu Martín

304 páginas

RBA

18 euros

La cabeza cortada de una anciana aparece encima de un coche. El resto de ella está atado a otro vehículo aparcado en las cercanías que lo arrastra por la calle Güell de Barcelona para espanto de vecinos, curiosos y, sobre todo, de las policías porque en la última novela de Andreu Martín, ‘Sociedad negra’ las fuerzas del orden que intervienen son dos: el Cuerpo Nacional de Policía y los Mossos d’Esquadra. Y esta dualidad –que tantas posibilidades ofrecería para la trama desde el punto de vista de ineficacias y  rivalidades entre ambos cuerpos– se malogra tontamente como tantas otras cosas del relato.

La narración pretende meterse de lleno en un mundo que, en teoría, no existe aunque todo indica que debe existir: el de las mafias chinas que operan en todo el mundo, pero del que apenas hay casos juzgados en España, más allá de la célebre ‘Operación Emperador’. El brutal asesinato de la mujer es el primero de otros actos de barbarie relacionados con el robo de un banco clandestino que opera bajo una tienda de ropa al por mayor y que usan sólo los chinos que viven en Barcelona. Ahí es donde aparecen las tríadas, las famosas mafias asiáticas que controlan todas las facetas de un colectivo cerrado en sí mismo que configura otra sociedad al margen de la sociedad catalana, pero que extiende sus tentáculos a la economía y la política.

Y aquí es donde Martín amaga, pero no da. El poder de los chinos sobre la  Barcelona oficial y, digamos, real,  se insinúa, pero no se cuenta. El robo al banco es obra de delincuentes que roban a otros delincuentes, pero el asunto se tapa rápidamente y la investigación no llega a ninguna parte a causa de las ingerencias políticas, pero no se dice quién es el ingerente, más allá de referencias vagas que, para más INRI, vienen de Madrid. No era necesario, literariamente hablando, poner nombres y apellidos de verdad, ni siquiera parecidos, pero que las implicaciones políticas se conviertan en un mero deus ex machina deja al lector con la sensación –valga ahora otro latinajo– de coitus interruptus.

Si no fuera por ello, Andreu Martín habría hecho un gran trabajo. El escritor catalán, eso no lo niega nadie, tiene recursos y oficio para cuajar historias donde mezcla hábilmente la sólida documentación con el ritmo narrativo; violencia, sexo y buenos personajes como el comisario Cañas o el confidente chino-catalán que a veces es Liang Huan y otras es Juan Fernández. Martín no se separa ni un milímetro de los principios del hardboiled de la novela negra pero sin caer en los tópicos del subgénero o cayendo en ellos, cuando toca, con gracia y estilo. Mención especial merece su estructura, rota y recompuesta de forma circular, con tres narradores diferentes y en tiempos distintos que lo alejan de la narración lineal, lo cual no es nada común en el género negro y, pese al riesgo, a Martín le sale bien la apuesta.

“Hay unas 400 personas que nos encontramos en todas partes. Nos vemos coincidiendo en muchas cosas, tanto si somos parientes o no”. Así hablaba el ex director del Palau de la Música catalana, Félix Millet, en 2001 en el libro “El oasis catalán”. Aún no había estallado el “Caso Palau” ni se sabía nada de los múltiples asuntos de corrupción que afectan a la clase dirigente catalana y que rara vez merecen la atención de algunos folloneros, que tanto vienen por Valencia. Son 400 familias que lo controlan todo en el Principado, desde la política a la economía pasando por los medios de comunicación, instituciones culturales y otras hierbas. Martín podría haber aumentado –literariamente, claro– el censo a 401, aunque los miembros de la última tuvieran los ojos rasgados, pero ha optado por mantenerse dentro de los márgenes. Una lástima.

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