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Cuando se mete todo, se queda en nada

JUANJO BRAULIO

Jefe de Informativos de Radio 9

LOS MINUTOS NEGROS

Martín Solares

408 páginas

Mondadori – Negra y roja

18 euros

Es todo un acontecimiento que la novela negra haya desbancado a la histórica en el gusto de los lectores españoles. Ello supone, para el arriba firmante, un motivo de jolgorio después de tantos años de novelas sobre catedrales, templarios, hunos, Médicis, papas y las cuitas de Nabucodonosor con el arroz con acelgas. Sólo espero que esta moda dure lo suficiente como para consolidar el género hecho por autores españoles y que cambie la actitud de los editores que, en ocasiones, prefieren comprar un éxito extranjero antes que apostar por un escritor propio, aunque eso es otro asunto que más vale no mover para ahorrarnos sofocos.

Sin embargo, el auge de la novela negra produce un movimiento pendular que termina por dejar al aire algunos intentos de vender gatos por liebres. Y vamos a ello. En 2006, la editorial Mondadori publicó ‘Los minutos negros’, la primera novela del periodista mexicano Martín Solares. En aquel momento, la obra debió pasar sin pena ni gloria porque, este mes de febrero, la firma ha vuelto a editar el texto, esta vez encuadrado en su colección ‘Roja y negra’, dedicado al género. Más allá de las estrategias comerciales de la firma –que es muy suya para hacer lo que estime oportuno–  encaja mal lo que hace siete años era ‘Literatura’ (así lo pone en la portada de la primera edición) ahora es género negro. Y ninguna de las dos cosas es mentira porque la obra es un pastiche donde Solares lo ha metido todo y se ha quedado tan fresco.

La novela empieza, claro, con un asesinato: el del periodista Bernardo Blanco. El caso cae en manos de un policía honesto (en términos mexicanos) llamado ‘Macetón’ Cabrera con todos los clichés del investigador sagaz con vida privada desastrosa en la ciudad imaginaria de Paracuán, que está en algún lugar del Golfo de México y vive del petróleo. Este asesinato se enlaza con otro de una niña que, a su vez, se parece mucho a otros que sucedieron veinte años atrás en la misma ciudad y que fueron investigados por otro policía raro, Vicente Rángel, que era músico y se metió a agente de la ley porque de algo tenía que vivir. La trama secundaria, la de Rángel, se come casi dos tercios del libro aderezado, además, con cameos extraños como la aparición del cineasta Alfred Hitchcock o de Bruno Traven, el autor de la novela ‘El tesoro de Sierra Madre’. Solares tampoco le hace ascos a los elementos fantásticos tras la estela de Juan Rulfo y el resultado final es un cocido donde hierven demasiados ingredientes que no tienen todos el mismo punto de cocción.

Aunque acierta el escritor a la hora de recrear su ciudad mexicana  como una sucursal del infierno llena de políticos corruptos, narcotraficantes impunes, y periodistas carroñeros, todo ello no es algo que no hayamos visto antes. ‘Los minutos negros’ es, a ratos, una novela negra, pero también una novela de policías, una caricatura del género, un relato de denuncia social y un alegato de humor de dudoso gusto.

Además, el abuso de los giros y usos del lenguaje coloquial mexicano dificulta bastante la lectura, máxime al considerar que las expresiones al estilo de “no mames” o “ni modo”, cuando salen tres veces en cada párrafo, terminan por aburrir hasta al más forofo del costumbrismo latinoamericano.

Sí es de agradecer la rotura de algunos clichés sobre los policías ya que los que están en esta novela no son héroes, sino más bien simples funcionarios públicos no demasiado motivados por lo que hacen. Aunque Solares es un buen creador de personajes, me temo que ese virtuosismo se malogra al hacer que capítulos enteros sean narrados por caracteres secundarios en un intento de complicar la trama pero, que en vez de eso, lo que hacen es oscurecerla para llegar a la resolución del caso sin que éste se resuelva por lo que el final termina siendo arbitrario y con alguna incongruencia. Habrá quien piense que una sociedad tan atormentada por la violencia como la mexicana es una fuente inagotable para la novela negra pero, en este caso, nada añade Solares a lo que ya hizo Roberto Bolaño en el cuarto segmento (‘La parte de los crímenes’) en su obra póstuma 2666 en lo que a atrocidades se refiere.  Prescindible.

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