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David Burguera

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El legado del último periodista musical

MIGUEL A. HOYOS
Periodista de RTVE
JINETES EN LA TORMENTA
Diego Manrique
Espasa
336 páginas
19,90 euros
“Hay poco rock and roll”, reza un disco de Platero, pero quedan aún menos críticos de rock. Hubo un tiempo, siempre hubo un tiempo. Ese tiempo fue a finales de los 60 y los 70. Una película, ‘Casi famosos’ lo cuenta bien. En ese tiempo jóvenes periodistas de la Rolling Stone viajaban con los grupos y se metían hasta el camerino y más allá, y luego escribían de los miedos, las groupies, las drogas, por supuesto las drogas, la farsa y la realidad, porque con todo eso se entendía mejor al músico y a su música, que es de lo que se trataba. Hoy nadie viaja con los grupos y solo se habla de si en este nuevo disco ha colaborado este, aquel, o Pitbull, o si han jugueteado con el country o con el reguetón. También es verdad que ni siquiera se habla de música, y el periodismo musical es prácticamente prensa rosa.
En este escenario Manrique es el último periodista musical. Y ‘Jinetes en la tormenta’ es un legado. Un legado para clases de periodismo. Pero sobre todo son textos vivos, descarnados, desnudos o vestidos pero siempre prodigiosamente bien escritos. Porque escribir bien no es adornarse, es contar. Y carajo cómo cuenta Manrique. Manrique es fiel a la máxima de hacerse preguntas y hacerlas, de que lo que a él le interesa verdaderamente debe interesarle también al lector. Hay al fin una lealtad absoluta al lector. Lealtad ante todo y a pesar de todo. Aunque Calamaro se enfade por una entrevista dura y deje de colaborar en el libro que le está haciendo su hijo, Darío Manrique. Pues a pesar de eso, a pesar de todos los Calamaros endiosados del mundo y de todos los managers de Calamaros y de todos los productores de Calamaros del mundo, a pesar de tantas cosas, uno percibe que Diego A. Manrique nunca te engañará cuando escribe de música.
Este libro son refritos, en eso tampoco nos engañemos. Son los artículos o reportajes que ha ido escribiendo. Los actualiza con una especie de apunte, introducción o comentario inicial, algunos absolutamente deliciosos, cuando al hablar del concierto de los Rolling en el Calderón lamenta no recordar la cara de la bellísima mujer que le acompañaba. Ahí el periodista es también un poco músico. Esos comentarios son magníficos y engarzan bien, muy bien, con los textos.
Pero es que las historias son impresionantes: la heroinómana Etta James y la reflexión sobre los músicos negros con varios ejemplos…James Brown, oh James Brown; Tom Waits desmitificado, diciendo que no quiere que su música sirva para vender hamburguesas ( al final esa la última frontera de la dignidad) o que va a tocaren directo a tal sitio proque le pillaba de paso cuando fue a comprar fuegos artificiales…Y así, tantas historias: Patti, Lou Reed, con el que Manrique tiene una relación especial, las miradas sobre Police o Led Zeppelin. Y un comentario especial a la música en España. Estupenda la mirada a Manu Chao, pero brutal, absolutamente brutal, las confesiones de Fito Cabrales, o de Álvaro Urquijo. Imprescindible Manrique como testigo de ese erizo tóxico que fue Antonio Vega….y siempre contra corriente, siempre denunciando “corrientes de opinión establecidas”, como hace cuando defiende a Bebe de la propia Bebe…
VALORACIÓN: El libro está bien organizado, uno tiene la sensación de navegar por diferentes épocas, de profundizar, de tocar hueso, de entender momentos sociales y culturales y poses estéticas. De encontrar datos y aún más opiniones,  reveladoras.  De modo que al final uno acaba agradecido de que aún queden Manriques, moscas cojoneras, narradores que defienden una ética y una estética periodística en extinción, escritores que solo se dejan sobornar por sí mismos.

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