MIGUEL A. HOYOS
Periodista de RTVE
ATENAS
XXV Premio Fundación Loewe
Visor
Varias frases sueltas para que ustedes enlacen a su gusto:
Los premios no siempre aciertan, de hecho casi nunca aciertan.
La Comunidad Valenciana es una potencia poética, pero la comunidad no lo sabe.
Los mejores maestros son los que te enseñan como si estuvieran aprendiendo de ti.
Tántalo fue malote, dio a su hijo en un festín para que se lo comieran pero eso no fue lo que más indignó a los dioses, lo que más les indignó fue que mintiera a Zeus. Lo que es la moralidad.
Hay gente muy viajada, gracias a Marco Polo.
El premio Loewe (http://www.lasprovincias.es/v/20130314/culturas/juan-vicente-piqueras-sexto-20130314.html), sin embargo, es más que un premio (http://www.lasprovincias.es/v/20130311/culturas/como-esos-pescadores-echan-20130311.html).
Teniendo todo esto presente, Atenas es una barbaridad. No es un libro, es una carga de profundidad. Es poesía deslumbrante, porque quien la escribe ha alcanzado ese lugar en el que la palabra desnuda a quien la lee.
Juan Vicente Piqueras nació en Requena, ese prólogo de Castilla en Valencia. Ese territorio de nadie, esa tierra de sarmientos, y esporgues y rayuelos. Esas ruinas, ese vino. Juan Vicente Piqueras nació en Requena y se atrevió a viajar. Quien viaja deja atrás cosas, seres y lugares. Lo que más pesa son los seres. Por eso se viaja poco o se viaja de mentiras. Piqueras viajó de verdad e hizo de viajar una reflexión. Y Atenas es un libro en el que la idea de viajar, la idea de extranjero, la idea de dejar y de encontrar tienen una fuerza tremenda.
Atenas se lee bien, no es poesía impostada. pero no es poseía facil.
Carlos Edmundo de Ory, el maestro de Piqueras, otro viajero, otro extranjero, otro genio, decía que solo le interesaba el amor y el dolor.
De eso hay mucho en este “Atenas” escrito en los años en Grecia, antes de irse a Argel.
Hay amor, hay dolor y sobre todo hay amor y dolor juntos, que es como suelen ir:
Tebas, que empieza “Es hora de luchar contra nosotros”/ “hasta quien nos ataca es nuestro hermano, hasta nuestro enemigo es de los nuestros”
Batalla: “Casi rendido deseé rendirme, pero mi corazón es espartano, me defiende de lo que necesito”
Testimonio del Gaviero, acusando a Ulises de presuntuoso y vicioso, las sirenas no le tentaron, él se tentaba solo.
Y sobre todo “Estirpe de Tántalo”:
“ójala que mis manos alcanzaran
ójala que mis ojos no me vieran
ójala yo no fuera de la estirpe de Tántalo”
Pero lo somos, todos en alguna medida. Hemos de reconocer a nuestro Tántalo, darle de comer, y mandarlo a dormir, o a algo mejor, de vez en cuando.
Piqueras, que me sedujo en “La latitud de los caballos” ha alcanzado una esplendorosa madurez, que no es ni más ni menos que decir verdades como un niño. No sé si vuelve a Requena o si ese Argel interior ve viñedos y hombres sabios, maestros, que andan como flotando sobre ellos.