CLASES DE LITERATURA
Alfaguara
312 páginas
18,5 euros
En 1980, Julio Cortázar acepta dar un curso universitario de dos meses en los Estados Unidos, en Bekerley. El libro recopila la charla que el escritor argentino mantiene con los universitarios en relación a la literatura, las características de los cuentos, la relación del escritor con la realidad y la fantasía y la presencia del humor en los propios textos del autor, que además explica a los estudiantes sus motivaciones a la hora de escribir cuentos, relatos y novelas.
VALORACIÓN: Los no religiosos no somos incrédulos. Simplemente pasa que creemos en cosas que, quizá, son pequeñitas. Es posible que debiésemos aspirar a creencias de mayor enjundia, pero no todos funcionamos igual. En mi caso, aunque no frecuento lugares sagrados, sí tengo mis pequeños altarcitos en la cabeza, y uno de ellos, quizá el mayor, está consagrado a Julio Cortázar. De modo que estas clases de literatura se convierten desde ya en un nuevo objeto de adoración. Es asombroso comprobar que Cortázar hablaba en Bekerley con una cadencia, un ritmo, tan atractivo como el que utiliza en sus textos. Esa prosa interior, esa manera de explicarse ante los alumnos, deja en nada cualquier debate sobre si el artista nace o se hace, pues este argentino nació con sus cronopios dentro, y así cualquiera. El libro es subrayable, cosa rara en la habitual colección de naderías, o incluso de textos lúdicos, que pueblan el mercado editorial. Ejemplos: “de lo que se trata es de llegar a la verdad por vías de la imaginación, de la intuición, de esa capacidad de establecer relaciones mentales y sensibles (…) cuando más literaria es la literatura, más histórica y más operante se vuelve”. Que un tipo que vive de su fama como escritor, de sus escritos, desmitifique su obra más representativa, dice mucho de su honestidad: “Cuando estaba escribiendo ‘Rayuela’ no me frené, dejé salir lecturas, y hay una enorme acumulación de citas, se dan nombres, se habla de pintura, se acumulan montones de cosas. Hoy me parece muy pedante”. Cortázar explica la vinculación entre ‘Rayuela’ y ‘El perseguidor’, la creación de los cronopios, (“muy libres, muy anárquicos, muy locos, capaces de las peores tonterías y al mismo tiempo llenos de astucia, de sentido del humor”), los famas (“representantes de la buena conducta, del orden, de las cosas que tienen que marchar perfectamente bien porque si no habrá sanciones y castigos”) y las esperanzas (“ingenuos, despreocupados, se caen de los balcones y de los árboles y al mismo tiempo, al contrario de los cronopios, tiene un gran respeto por los famas”) y explica lo que él entiende como la diferencia entre lo humorístico (Woody Allen) y lo cómico (Jerry Lewis). Su tímido desprecio hacia la literatura lúdica y su temor, fundado como posteriormente se ha comprobado, a que los libros caminasen hacia el pasatiempo es brillante. En resumen, los cortazarianos disfrutaremos y, en mi caso, no podremos evitar ejercer de propagandistas con el discreto ánimo de buscar una evangelización de un mundo muy necesitado del genio cortazariano.
BURGUERA
@fausto6969