PACO HUGUET
@PacoHuguet
EL FRANCOTIRADOR PACIENTE
Alfaguara
312 páginas
19,50 euros
«¿Cultura?… ¿Esa palabra con nombre de puta?», pregunta uno de los actores principales de la última novela de Arturo Pérez-Reverte. En la misma página otra frase resume el trasfondo de ‘El francotirador paciente’: «El arte moderno no es cultura, sólo moda social». Resulta interesante, a veces divertido y en alguna ocasión un poco cargante conocer la visión ¿del autor? y/o de muchas personas sobre ese mundillo que forman galeristas, marchantes, casas de subastas y demás personajes paralelos. Por supuesto, no faltan mojadas para concejales del asunto.
¿Quién decide lo que es arte? ¿El público? ¿Los críticos? ¿El edil de Cultura? ¿El de Urbanismo? Cuestiones similares se plantean a lo largo de esta novela de suspense, en la que a Lex, una especie de agente literaria especializada en catálogos de exposiciones y en futuras estrellas del arte, se le encarga localizar a Sniper (el francotirador), una leyenda viva del grafiti que se resiste a pasar por el aro de los proxenetas de la cultura, el aro de quienes la prostituyen, la compran y la venden a ricos y modernos, en el sentido más peyorativo. No faltan dos de los temas centrales en Pérez-Reverte, como la lealtad y cierta clase de honor, algo que siempre agradecerán sus fieles seguidores.
Para no ser del todo injusto, la novela no está nada mal. Venga, va, está bien. Pero mejor no esperar nada del otro mundo. Entretiene y engancha, aunque no se encuentre entre las mejores del autor. Quizá vaya más en la línea de ‘La piel del tambor’ que en la de… por ejemplo ‘El club Dumas’, o el título del creador de Alatriste que prefiera cada cual. Podría situarse muy cerca del anterior libro del mismo autor, ‘El tango de la Guardia Vieja’. Algún amante de las obras de suspense verá venir de lejos el final, aunque la importancia del desenlace haya pasado a un segundo plano más allá de la página 250, ampliamente superado por la reflexión que inspira la trama. Puede que algún personaje incluso chirríe en alguna que otra expresión, pero en general ‘El francotirador paciente’ vale la pena, aunque sólo sea por regocijarse en cómo el colmillo del escritor gotea antes de regalar dentelladas entre los rufianes del mundo del arte.