HEREJES
Leonardo Padura
Tusquets
520 páginas
21 euros
A Mario Conde le encarga un judío buscar un cuadro de Rembrandht, una reliquia familiar que se pierde con la llegada de un barco a La Habana repleto de judíos que huían de la Alemania nazi.
Hasta la página 160 se repite reiteradamente la importancia del cuadro para la familia del cliente de Conde, que no logra meter baza en la trama durante buena parte de la explicación/contextualización histórica de la novela. El lenguaje es florido, tan trabajado que se espesa en exceso durante algunas fases del argumento. Conde es un detective interesante, mucho, algunas veces, durante toda la trayectoria de novelas de Padura, pero en este caso, el motivo de su investigación, un cuadro, no gana en atractivo, sino que, como mucho, lo mantiene a lo largo de las páginas. El autor realiza una rica semblanza (y casi pionera por estos pagos) de la presencia de los judíos en Cuba y el modo en que abandonaron la isla cuando Fidel Castro viró hacia el comunismo puro y duro. Interesante ese aspecto. Además, Padura desvela una ruín historia, la del barco que llegó y se fue con una dramática carga. El deseo de contar este acontecimiento histórico lastra el desarrollo de una novela que pretende ser negra y pretende ser histórica pero que se queda a mitad tanto de la primera intención como de la segunda. Algo parecido le ocurrió en Vientos de cuaresma, pero no así en ‘El hombre que amaba a los perros’. Me sorprendió encontrarla en un listado de las mejores novelas negras del año, pero de todo hay en la viña del Señor. Falta ritmo al principio y tarda una eternidad en tomar vuelo Conde y la caterva de buenos personajes que lo flanquean.
BURGUERA