MIGUEL A. HOYOS
@HoyosMiguel
Periodista de RTVE
LEIF GARRET EN EL DORMITORIO DE MI HERMANA
Ignacio Elguero
Planeta
380 páginas
19,90 euros

El Kelvinator y el Westinhouse, el Supermiriafiori, el 124, el R-5 y el Dyan 6, la BH y la GAC, la Olivetti Lettera, el HIFI de Denon, los VHS y los BETA, los Cheiw de menta y sobre todo los de fresa, Porky’s y Kramer contra Kramer, Starky y Hucht, Leff Garret y David Soul y por supuesto, las aceitunas Jolca.
Y todo eso sin hablar de música.
Evocar, en estos tiempos abonados al revival es muy difícil. Ya no evoca Naranjito, tan agotado. “Cuéntame” ha abusado de la nostalgia. La movida, de tan manida parece contemporánea y aburre. Evocar no es fácil y sin embargo, cuando se logra evocar se abren los poros literarios, se hace posible la emoción.
Ignacio Elguero consigue evocar con esta novela. Despierta territorios dormidos de la memoria, los activa con referencias sutiles, y con una eficaz sencillez, con un relato de lo cotidiano, de lo mínimo, de lo sentimental y de lo íntimo. “Leif Garret en el dormitorio de mi hermana” explora concienzudamente un periodo que arranca en los setenta y sigue en los ochenta y los noventa. Esquiva los grandes hechos políticos, las grandes fechas y mira los bolis y las carpetas, las estanterías y el paisaje desde la ventana de la habitación que teníamos en casa de nuestros padres.
Leiff Garret, muchos lo recordarán, era un efebo rubio y guaperas, setentero, de éxito temprano en la televisión única. De camisa desabotonada con solapas anchas. Leiff Garret tuvo su momento y su canción. Como él, la protagonista de esta historia tuvo su momento y su canción, su sexo, su novio, sus amigas del alma, sus estudios, su fracaso amoroso y su volver a empezar. Todo eso lo narra Elguero con una tremenda cercanía, sin adornos. La novela arranca con olor a culebrón, pero la sencillez, la honestidad, te va ganando y te va envolviendo la espectacular estructura narrativa, los constantes saltos en el tiempo, yendo hacia adelante y hacia atrás hasta que el lector se ve envuelto en una historia muy parecida a la suya y no solo acepta el juego sino que pide que no cese. Y ahí aparece la reflexión sobre los padres, esa que no nos hicimos de jóvenes. Y ahí aparece la reflexión sobre los impulsos que nos movieron y las razones que nos sostienen. Y la sucesión de relaciones sentimentales, las veces que hicimos el amor y el amor, o el desamor, nos fue haciendo.
No sé si se había escrito un libro tan exhaustivo sobre esa generación de españoles y con esa mirada íntima. En todo caso es un libro adictivo, necesario. que va de la Olivetti al Facebook, demostrando que nosotros los de entonces seguramente no somos los mismos pero cometemos similares errores. Y a la vez, vivir, nos redime. Todo eso y mucho más, que diría una serie de la época, es esta novela. E insisto, eso sin hablar de la música, cuidadísima, muy presente, tanto que merecería una referencia aparte.
Por cierto, busquen en internet cómo está Leif Garret ahora. El efebo rubiales está calvo, con barba y devastado por las drogas y el alcohol. Quizá no supo crecer, quizá no supo envejecer, pero esa es una de las grandes cuestiones: quién sabe de verdad hacerse viejo….