LIQUIDACIÓN FINAL
Petros Márkaris
Tusquets
352 páginas
19 euros
El detective Kostas Jaritos se enfrenta a un caso en el que el asesino comienza a asesinar a defraudadores del fisco en un clima social, el de la Grecia actual, donde las manifestaciones y el descontento ha generado una tremena fractura civil, lo que afecta tanto a la reacción de las autoridades ante esas muertes como a la visión de los ciudadanos respecto a un asesino que parece inflingir un castigo definitivo (‘Liquidación final’) a los que no contribuyen a las quebradas arcas públicas (http://www.lasprovincias.es/rc/20121206/economia/situa-grecia-situacion-insolvencia-201212060012.html). Jaritos, además, aspira a un ascenso, lo que sitúa al personaje en un dilema moral entre sus principios y sus intereses en un momento en que su propia familia también sufre las consecuencias de las crisis.
VALORACIÓN: Nadie mejor que un griego para escribir hoy en día novela negra, un género originado por la fractura social generada tras la Primera Guerra Mundial y el Crack del 29. Actualmente, no hay guerra, pero cracks hay para regalar, y en Grecia lo sufren en sus carnes día a día y hora a hora. Márkaris impregna toda la trama policiaca de un ambiente casi prebélico por parte de los ciudadanos contra sus dirigentes, a los que el autor pega un repaso importante al novelar un doble discurso: el público y el utilizado entre los funcionarios, que unos acatan con fervor (siempre hay más papistas que el Papa), otros cumplen con terror o resignación y unos cuantos acatan con escepticismo. Y en esa disyuntiva se mueve el comisario Kostas Jaritos, que además se mueve entre dos espadas, la de Damocles sobre su cabeza y la que tiene delante mientras a su espalda está la pared. Acorralado, como el resto de los griegos, debe resolver el crimen. La novela arranca como un tractor, con potencia. Pone al lector en situación rapidito. Ojo a las almas sensibles que evitan los Telediarios para no deprimirse, porque esta ficción está muy pegada a la realidad, una realidad griega, o sea, trágica, ahora más que nunca. La novedad y frescura inicial de evitar las manifestaciones, cansa y harta al final. Quizá falta algún que otro recurso distinto, en este sentido, si bien es cierto que Márkaris no es ningún oportunista: lleva escribiendo y opinando en esta línea desde hace años (http://www.abc.es/20120209/cultura-libros/abci-petros-markaris-enganamos-pensamos-201202091614.html). El personaje de Zisis, el as en la manga del comisario, es determinante y ofrece el mensaje social (la comparación de las penurias de los castigados por las Juntas de los Coroneles, y su resistencia, frente a la tentación actual de salir corriendo de Grecia, lo que condenaría al país a perder una generación formada y mederna) que convierte esta novela policiaca en novela negra a la vieja usanza. Hay una cosa que no me gusta, ni en esta ni en otras novelas donde la intriga de un sucesos violento es el hilo conductor de la historia. Se trata de una resolución destensada, sin demasiado climax, haciendo hincapié en que lo de menos era el asunto policial, cuando su peso en la trama indica lo contrario. Supongo que es una cuestión estilística del género, pero despachar la intriga con esa falta de tensión (e incluso de extensión) me deja un poco frío. En cualquier caso, Márkaris merece la pena.
BURGUERA