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Antón Millet

Salud en femenino

¿Te duele otra vez la cabeza, cariño? Perspectiva de un ginecólogo

Este es nuestro primer post y no podíamos equivocarnos con el tema de que “la primera impresión es la que cuenta“. Debíamos abordar un problema de gran interés,  importante  y que afectase a muchas mujeres . El sexo nos pareció el tema perfecto: el  interés general está asegurado – morbo en muchos casos-  y los problemas sexuales suponen,  aunque no se sepa, una de las asignaturas pendientes de los ginecólogos y de cualquier profesional que se ocupe de la salud femenina.

Porque el sexo no siempre funciona bien. De hecho, el 40% de las mujeres presentarán algún tipo de disfunción sexual a lo largo de sus vidas. La disfunción sexual más frecuente es la disminución de la libido que repercute en la calidad de vida de las mujeres, en su autoestima y en su vida de pareja. La disminución de la libido es más frecuente a partir de los 45 años y afecta a muchísimas mujeres a partir de la perimenopausia. Para acabar de complicar las cosas, el 30% de las mujeres que sufren disminución de la libido no acuden a ningún profesional sanitario por lo que la verdadera magnitud del problema no se conoce con precisión.

¿Qué es una vida sexual “normal”? Difícil pregunta: lo que es normal en una mujer no lo es en otra y depende de muchos factores -factores religiosos, educativos, socioeconómicos,..-. Además, en una misma mujer, la normalidad va cambiando con los años. Esta gran variabilidad ha contribuido a que no dispongamos de un modelo que explique el funcionamiento de la
sexualidad femenina. Muy conocidos son los estudios de Masters y Johnson que en 1966  describieron un modelo de comportamiento sexual femenino lineal; Este modelo lineal fue modificado posteriormente pero no sufrió variaciones significativas hasta que en 2001 Basson propuso un modelo circular, no lineal, mucho más complejo:

Aunque todo lo anterior dificulta mucho el trabajo de los profesionales, también hay motivos para ser optimistas: la medicina moderna ha demostrado la relación que existe entre la disminución de la líbido y algunas enfermedades -diabetes, hipertensión,…-, ciertos tratamientos farmacológicos y algunas alteraciones psicológicas. Desde un punto de vista psicológico,  aparte de la presencia de un trastorno psicológico – como depresión o ansiedad-, hay varios factores que pueden explicar la disminución de la líbido: desde los más generales como agotamiento, altos niveles de stress laboral o familiar, hasta los problemas de pareja.

Además, no es raro que si la falta de relaciones sexuales se prolonga en el tiempo pueda generar sensaciones de desamor y culpabilidad, que dificultarán, a su vez, la recuperación de una vida sexual sana. La psicología nos brinda hoy tratamientos eficaces en muchos casos de disminución de líbido.

Por otro lado, la industria farmacéutica no ha parado de buscar solución al problema. En la actualidad, los estudios se dirigen en dos direcciones: la primera, necesitamos fármacos que mejoren la lubrificación y la elasticidad genitales para que las relaciones sexuales no sean dolorosas. La segunda, se están desarrollando fármacos que actúen a nivel cerebral para aumentar el apetito sexual propiamente dicho.

En lo que respecta al primer grupo de fármacos, está a punto de comercializarse en España el Osphena. Se trata de un fármaco sin efectos secundarios significativos, que mejora mucho la lubrificación vaginal -más que los estrógenos vaginales que hemos utilizado hasta ahora-.

Para aumentar el apetito sexual, se puede usar la testosterona. Se trata de la hormona masculina por antonomasia que se utiliza a dosis bajas en mujeres. Aunque no está aprobada para su comercialización con este fin, la testosterona ha demostrado que aumenta el apetito sexual, el número de orgasmos yla intensidad del placer. Los efectos secundarios -cambios en la voz, caída de cabello, hirsutismo,…- son infrecuentes cuando los médicos monitorizan cuidadosamente los niveles de testosterona en sangre. Suele administrarse en forma crema de testosterona al 1% y se aplica en brazos, piernas y nalgas.

Pero la gran estrella, “el viagra femenino”, está aún por llegar, aunque podría ser este mismo año: la flibanserina actúa a nivel cerebral en áreas relacionadas con el apetito y el estado de ánimo. Con efectos antidepresivos, los estudios realizados hasta la fecha han demostrado de forma muy consistente que las mujeres que toman el fármaco ven aumentado el número de relaciones sexuales satisfactorias sin presentar efectos secundarios. En la actualidad el fármaco está pendiente de aprobación.

También en estudio se encuentran preparados de acción doble: testosterona sublingual asociada a un principio activo que actúe a nivel cerebral  (Lybrido). Estos últimos fármacos van algo más atrasados en su desarrollo.

Como ginecólogo quiero pasar un mensaje de esperanza a las mujeres que sufran este problema: los médicos podemos ofrecer actualmente soluciones terapéuticas eficaces y seguras. Creo que en pocos años dispondremos de fármacos muy potentes y con mecanismos de acción novedosos que permitirán mejorar mucho los problemas de disfunción sexual femenina.

Antón Millet, ginecólogo, con la colaboración de María Calpe, psicóloga.

 

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Temas de salud que importan a las mujeres

Sobre el autor

Especialista en Obstetricia y Ginecología desde el año 2000. Trabaja en Hospital Clínico de Valencia desde 2002. Forma parte de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico de Valencia. Es director y ginecólogo en Clínica Millet - Clínica de la mujer, una clínica de salud para mujeres que integra el trabajo de varios especialistas: ginecólogos, pediatras, endocrinólogos, médicos estéticos, deportivos y psicólogos. EN ESTE BLOG DE SALUD TAMBIÉN PARTICIPAN: Maria José Pau, matrona.


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