Las Provincias

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Elegante dramatismo
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César Campoy | 28-01-2015 | 18:39

Ambros Chapel consolida su amor por la épica con su tercer disco ‘The Last Memories’, que presentará el próximo 6 de febrero en la sala Wah-Wah

 

En ocasiones, da la sensación de que alguien o algo lleva formando parte de una realidad muchos años; que su nombre viene ocupando, desde hace tiempo, un lugar destacado. Eso sucede con Ambros Chapel. Tras casi una década en la brecha, parece que, desde la publicación de aquel primer Rome (Malatesta Records, 2009), siempre ha sido considerada como una banda de primer nivel, que jugaba en otra liga; a la que se le ha exigido un punto más que a la media: «No hemos sentido nunca una presión externa añadida», aseguran. «Con el tiempo sí que hemos notado que se nos ponía una especie de listón virtual a la hora de que las canciones mantuvieran una calidad o un sonido determinado, pero no hacemos mucho caso a esas cosas. No somos una banda amateur, pero todavía nos falta un poco para estar en una liga más destacada. Además hemos tenido suerte de que los medios hayan visto en nosotros un estilo propio y un sonido reconocible».

 

La banda, orgullosa de cultivar un sonido propio. Por Ana Sánchez

Un sonido que, desde aquel postpunk originario, ha seguido bebiendo, sobre todo, de las esencias ochenteras de renombre. Su última creación, The Last Memories, sigue manteniendo algunos de los parámetros por los que se identifica a la banda, pero también significa un paso adelante en cuanto a empaque: «Hemos procurado hacer canciones más concisas y no repetitivas. Queríamos que en el nuevo disco estuviera lo mejor que hemos compuesto en estos tres años y que supusiera un paso adelante. Se podría mirar como un punto y aparte en nuestra carrera. Creemos que confirma nuestro estilo, ese sonido Ambros Chapel del que algunos hablan». Un estilo que gusta del dramatismo y del componente épico, a partir de una elegante ejecución: «Desde que empezamos, el tinte melodramático y épico está en nuestras canciones. Nos gusta y nos sentimos identificados con ese matiz. Se ve perfectamente desde que publicamos Rome que los discos tienen ese halo romántico y esas atmósferas oscuras que tienden a un cierto dramatismo. Este disco ha conseguido perfeccionar el mensaje», sentencian, mientras se muestran orgullosos su reciente contribución, una revisión del Welcome en el disco Bajo un cielo prehistórico: Un homenaje a The Church (Lunar-Pancake Analog, 2014), en torno al universo de una de sus bandas de referencias.

Sí, de nuevo, sobre la mesa, los 80 más oscuros y góticos. Los mismos que vienen siendo reivindicados por nuevas generaciones de músicos, también, en la escena valenciana: «Siempre nos han identificado con el sonido de esa década, y aunque no nos disgusta ese calificativo, no es la única música que escuchamos. Tener teclados y ciertas influencias musicales te hacen sonar a grupos de esa década, pero no es nuestro objetivo. Tal vez la adhesión de muchos grupos actuales a ese sonido es porque las modas son cíclicas. Una vez se agota lo rock, se pasa al techno, luego al pop, y así sucesivamente», afirman.

 

 

Este The Last Memories supone su estreno en un largo con Facundo Novo en los Novoestudios (con él ya grabaron su tema tributo a The Church), tras diversas experiencias en los Blackout de Paco Morillas. ¿El motivo? Airear un poco la habitación: «Estamos muy orgullosos de los discos anteriores y de cómo quedaron, pero nos gusta trabajar con personas diferentes en momentos en los que necesitamos hacerlo. Ya con el epé Electric Eye nos fuimos a Castellón a grabarlo en Rockaway Studios. Necesitábamos otra visión diferente». Este último disco, por cierto, también mantiene la tradición de ser editado bajo la marca 7Days Music (colabora Harmony Rock Records), el sello de la banda (como lo fue su segundo elepé, Constants are Changing): «Queremos hacer cada vez mejor las cosas y que Ambros Chapel llegue a cada vez más gente. Si hay algún sello que quiera colaborar a ello, y respeta nuestra manera de hacer las cosas, perfecto; que se suba al tren».

Los que, a buen seguro, ya andan ansiosos esperando en el andén son los seguidores del grupo, contando los días que quedan hasta la presentación en la capital valenciana de este The Last Memories. Será el próximo 6 de febrero en Wah-Wah. Les acompañarán las gentes de Dawn Faces que, hace unos meses, dieron a luz su primera referencia sonora, el denso 1996, grabado en los Stardust Studios con la connivencia de Sergio Devece.

 

 

La lectura de la semana

 

Néstor Mir

La conquista del oeste (o la muerte de Uli Zuma…) (Malatesta, 2014)

 

La historia de la misteriosa banda sudamericana Los Suicidas y de su líder Ulises Luna persigue a Néstor Mir desde hace años. De hecho, su obsesión por este universo le ha llevado a crear escritos (Tras la pista de Los Suicidas, las colaboraciones en Freeway…), (co)protagonizar viajes quasi iniciáticos cruzando el charco, formar parte de documentales frustrados, o inspirar (tal es la fuerza del enigma sobre Luna y su entorno, mezcla de realidad e ilusión) a otros autores como Gabriel Peveroni (vía algunos pasajes de su Shanghai).

Ambos, Mir y Peveroni, declaran su pasión por Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño (Ulises -Luna- Lima, el mezcal…), y en una de las obras más mundiales del chileno, el propio Mir confirma que se inspira esta nueva vuelta de tuerca sobre sus obsesiones, que inaugura la rama de edición literaria de Malatesta Records, y que vuelve a convertirse en ‘reseteo’ personal necesario, a partir de la perenne búsqueda del ya mítico personaje. Un camino repleto de zancadillas y alegrías, que se transforma en la verdadera meta y objetivo. Mucho más que el de llegar a alguna conclusión definitiva. De hecho, parece que Mir desea que esa road-movie sea eterna, y que acabe por no llevarnos a ningún lado, aunque, al cierre, se anuncie el final de una obsesión revivida en primera persona, merced a un encuentro fortuito del narrador de la historia con otro joven, en la puerta del Wah-Wah, a punto de comenzar un concierto de los valencianos Euro-Trash Girl y sus venerados, los míticos Cracker, con cuyo líder, Johnny Hickman (el karma), el propio Mir coincidió-convivió en una de sus odiseas americanas. A partir de aquí, volvemos a bailar con esos fantasmas, hasta desembocar en una suerte de exorcismo explosivo.

Sobre el autor César Campoy
Curioso por naturaleza. Más de media vida escribiendo.

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