Las Provincias

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El descuartizador de Macastre o las incógnitas de un triple crimen
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Javier Martínez | 30-09-2015 | 23:43| 3

El triple crimen de Alcàsser tuvo un macabro antecedente en enero de 1989 en los montes de Macastre. Cuatro años antes de que aparecieran los cadáveres de Míriam, Toñi y Desirée, otros tres menores murieron en extrañas circunstancias que investigó la Guardia Civil de Valencia. Una de las víctimas fue descuartizada con una sierra mecánica y los forenses detectaron un corte ‘perimortem’ en el cadáver; es decir, la joven aún estaba viva cuando le cortaron un pie o acababa de morir. Las incógnitas que rodearon aquellas muertes siguen alimentando el halo de misterio que envuelve este caso sin resolver.

Francisco Valeriano Flores Sánchez, de 14 años de edad, su novia Rosario Sayete Moedra, de 15 años, y Pilar Ruiz Barriga, también de 15 años, desaparecieron durante una excursión a Catadau. Los cadáveres de Rosario y Valeriano fueron hallados días después, sin signos aparentes de violencia, en diferentes fechas y lugares de Macastre, pero el cuerpo de Pilar apareció mutilado en un canal de riego de Turís y la calle Alcácer en la ciudad de Valencia. Según la autopsia, el asesino utilizó una herramienta con una hoja de hierro dentada para cortar un pie de la joven.

Los tres menores de Burjassot, Benimàmet y Benicalap desaparecieron el 15 de enero de 1989. Ese día fue la última vez que los vieron con vida en un bar de Catadau. Cuatro días más tarde comenzó el rompecabezas macabro con el hallazgo del cadáver de Rosario, con el pantalón desabrochado, en la caseta de un pastor en Macastre. El cuerpo se encontraba en posición decúbito ventral (boca arriba) sobre una cama. El 27 de enero apareció en la calle Alcácer de Valencia el pie amputado de Pilar; el 6 de abril, un hombre descubrió el cuerpo sin vida de Valeriano (cuando buscaba espárragos cerca de la caseta); y el 26 de mayo, unos niños localizaron en un canal de riego de Turís el resto del cadáver de Pilar con la cara desfigurada.

 

El equipo de criminólogos inspecciona el canal de riego donde apareció el cadáver de Pilar Ruiz Barriga.

El lúgubre caso, que continúa sin resolver, centra ahora las investigaciones de un equipo de criminólogos del Proyecto Nacional Prometeo, una iniciativa de una asociación creada para la revisión de crímenes sin resolver en España. El coordinador de este grupo de investigadores, el criminólogo y perito judicial Félix Ríos, asegura que pretenden ayudar, de manera gratuita, «a familias de víctimas que llevan muchos años buscando respuestas para esclarecer las muertes de sus seres queridos».

Mihaela Zlota y Anna Mendoza, miembros de la Asociación Laxshmi para la Lucha contra el Crimen y la Prevención, descubrieron el caso de Macastre cuando revisaban la documentación del triple crimen de Alcàsser. Según las hipótesis que se barajaron para explicar las extrañas muertes de Rosario, Valeriano y Pilar, los adolescentes pudieron fallecer intoxicados por un cóctel de drogas, aunque tampoco se descarta que fueran atacados por alguien en la caseta de Macastre. Rosario habría muerto estrangulada, mientras que Valeriano y Pilar huyeron campo a través en la oscuridad de la noche, pero no lograron zafarse del asesino.

Sin embargo, ninguna de estas posibilidades pudo ser confirmada por los investigadores de la Guardia Civil. El único dato criminal constatado que figura en el sumario es el descuartizamiento del cuerpo de Pilar, pero las investigaciones de la Guardia Civil y los informes de los forenses no arrojaron luz sobre la ausencia de señales de violencia en los otros dos cadáveres. Tampoco esclarecieron las causas de las muertes ni pudieron explicar por qué aparecieron los cuerpos en diferentes lugares.

El único sospechoso interrogado por la Guardia Civil, Miguel V. E., fue visto con una de las jóvenes en Catadau pocos días antes de que apareciera el primer cadáver en Macastre, pero los investigadores no hallaron ningún indicio ni prueba que relacionara a este hombre con los crímenes.

«Haremos todo lo que esté en nuestras manos para aportar algo de luz al caso. Las muertes de los tres jóvenes quedaron muy pronto en el olvido», afirma Anna Mendoza. «Nos parece injusto que no prestaran a las tres víctimas la atención que merecían», añade Mihaela Zlota. Los menores, que pertenecían a familias desestructuradas, frecuentaban un conflictivo barrio de Burjassot, donde inhalaban benzol, la droga de los pobres en aquella época. Valeriano había pasado un tiempo en un reformatorio. Aquellas muertes apenas tuvieron cobertura informativa, todo lo contrario a lo que sucedió con el caso Alcàsser cuatro años después.

 

El equipo de criminólogos en el paraje de Macastre donde murieron Valeriano Flores y Rosario Sayete.

Respecto a la prescripción del triple crimen de Macastre, Ríos manifestó que es consciente de que no se puede reabrir el caso para la práctica de diligencias tendentes a localizar a un responsable penal tras haberse cumplido el plazo de 20 años. Sin embargo, el criminólogo matiza que la asociación Laxshmi pretende hacer «justicia social», y al mismo tiempo, dar respuestas a las familias de las víctimas. «Queremos averiguar de una manera extrajudicial quién fue el autor del triple crimen de Macastre», añade Ríos.

La asociación de criminólogos se ha personado como acusación popular en las diligencias abiertas hace 26 años por un juzgado de Requena. Su principal objetivo es conseguir datos que ayuden a reabrir el caso. «Cualquiera que sepa algo de lo ocurrido tiene ahora la oportunidad de colaborar en nuestras investigaciones. Pueden mandarnos información por correo electrónico o mensajes de WhatsApp, incluso con carácter anónimo», asevera Ríos.

Tras revisar el sumario e inspeccionar los lugares donde aparecieron los cadáveres, el equipo de criminólogos trata ahora de localizar a familiares de las tres víctimas, especialmente a los de Valeriano, para conseguir una exhumación del cadáver del joven y encargar luego un estudio antropológico forense que establezca con más precisión la causa de su muerte. «Averiguamos donde está el nicho de Valeriano y constatamos que Pilar y Rosario fueron enterradas en fosas comunes», explica la criminóloga Anna Mendoza, que entrevistó a algunos testigos para esclarecer ciertos aspectos del caso. La perito realizó también perfiles victimológicos y geográficos con otros dos miembros del equipo de investigación: Amós Vanacloig y Mihaela Zlota.

Después de revisar el sumario del triple crimen de Macastre, varias preguntas siguen sin tener respuesta. Son las incógnitas de este caso sin resolver.

¿Por qué tardaron tanto en encontrar el cadáver de Valeriano?

¿Rosario fue asfixiada?

¿La persona que descuartizó el cadáver de Pilar mató también a Rosario y Valeriano?

¿Por qué apareció el pie de Pilar en una calle de Valencia?

¿Tomaron drogas los tres menores la noche que murieron?

¿Por qué mintió el único sospechoso cuando declaró que no conocía a las víctimas?


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El periodista que intentó entrevistar a un muerto
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Javier Martínez | 03-06-2015 | 15:30| 0

Daña a la vista ver cómo un periodista intenta entrevistar, con micrófono en mano, a un joven que yace muerto en la calzada de una carretera. Aunque el suceso tuvo lugar en Brasil, concretamente en una autopista del municipio de Aracaju en el estado de Sergipe, las imágenes han dado ya la vuelta al mundo en YouTube, así como la sonrisa nerviosa del reportero cuando reconoce su error con una lamentable frase: “¿Pueden creer que entrevisté a uno que está muerto?”

El periodista acerca el micrófono al cadáver.

Para relajar un poco la situación, el periodista distraído siguió comentando el suceso y mostró el maletero de Fiat Palio robado por el presunto delincuente tiroteado y otros dos ladrones, menores de edad, que también aparecen en el vídeo con las manos atadas a la espalda. Los hechos ocurrieron tras una persecución policial después de que los tres jóvenes asaltaran una tienda de comida. El intercambio de disparos entre los policías brasileños y los ladrones, según publicó la prensa local, se saldó con la muerte de uno de los delincuentes y la detención de los otros dos.

Antes de su lamentable error, el reportero entrevista a un oficial de policía, quien le explica lo sucedido, y luego pregunta la edad a los dos individuos detenidos, que se encuentran tendidos en la calzada con la cara hacia el suelo, y ambos contestan que tienen 16 años. Después, el periodista se acerca al ladrón fallecido y le pregunta también la edad. Cuatro segundos de silencio bastaron para que el reportero comenzara a darse cuenta de que el joven nunca le iba a contestar. “Este está herido, ¡eh!”, comenta también a un policía como si no quisiera aceptar su falso juicio.

El reportero junto a un grupo de policías.

Dejando aparte la desagradable escena, especialmente para la familia de la víctima, sorprende las facilidades que tienen los periodistas en Sudamérica para irrumpir en la escena de un crimen y entrevistar a los delincuentes y la policía. Ni precinto policial ni distancia de seguridad ni ninguna traba impide que el reportero haga su trabajo. Igualito que en España. Cuando hay un tiroteo en nuestro país con víctimas mortales, una de las primeras actuaciones de la policía es montar un operativo de seguridad para que no se acerquen mucho los periodistas ni los vecinos curiosos. Los primeros podemos informar de detalles que no interesan a los investigadores, y los segundos molestan, más que otra cosa, aunque también pueden intoxicar con sus pisadas la escena de un homicidio.

Los dos ladrones con las manos atadas en la espalda.

Ahora bien, horas y días después de la persecución mortal, el sangriento tiroteo o la muerte por una bala perdida, la falta de información policial o la ocultación de datos suele ser la mejor arma de los gabinetes de prensa institucionales para salvaguardar, según ellos, las investigaciones. Casi todos estamos de acuerdo con este supuesto, pero también hay intereses corporativos y estrategias de comunicación para no crear alarma social cuando no interesa; por ejemplo, en tiempos de elecciones o durante los días previos o posteriores a un cambio de jefatura. En estos casos te das cuenta del contenido político que algunos quieren dar a las informaciones que publicamos los periodistas de sucesos o de judiciales, como son conocidos mis queridos colegas sudamericanos. Y por esta razón, algunas veces me niego a ponerle un bozal al sabueso que llevo dentro. Que conste en acta. Mi boca, mi pluma y los tuits de @JaviMartinezLP prefieren ladrar a los que manipulan la información con su excesivo control.

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Un gueto en el Cabanyal que no interesa a los políticos
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Javier Martínez | 13-05-2015 | 15:04| 0

El bloque de viviendas sociales Grupo Ruiz Jarabo, situado en la zona de ampliación de la avenida de Blasco Ibáñez en Valencia y, por ende, unas fincas destinadas al derribo en el plan de protección y reforma del Cabanyal, se ha convertido en los últimos años en un gueto con más de 50 pisos ocupados ilegalmente y sin apenas espacios comunes.

 


 

 

Construidos en los años 50 por el arquitecto Antonio Tatay, en estos bloques de seis alturas con 168 viviendas residían trabajadores portuarios, pero ahora en la mayoría de estas casas viven familias marginadas que derribaron la puerta a patadas, y sólo unas 40 aproximadamente mantienen la concesión inicial.

Cuando entras en cualquiera de estas fincas te das cuenta de que Valencia vive de espaldas al mar. La incertidumbre y vulnerabilidad se dan la mano todos los días en esta barriada. Casi todos los días, la policía acude a estos bloques para entregar una citación judicial, averiguar el domicilio de un sospechoso, realizar un informe de defraudación de fluido eléctrico o mediar en una disputa familiar.

Bloque de viviendas Ruiz Jarabo. Foto de Jesús Signes.

Mientras el controvertido proyecto de la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez sigue siendo eso, un plan urbanístico, los vecinos del Grupo Ruiz Jarabo echan de menos a las caravanas electorales que recorren las calles de la ciudad de Valencia. El patriarca de los bloques de viviendas tiene razón cuando dice que no hay partido político que se atreva a pedir el voto en este gueto.

También los periodistas tenemos que hacer autocrítica y denunciar más estas desigualdades sociales. El autor del vídeo de este post (servidor) no sabía ni cómo se llaman estos edificios cuando grabó las imágenes con su teléfono móvil: “Estamos en los bloques Luis Jarabo….” Perdón, perdón y perdón.

Una de las pocas personas que se ha preocupado por esta barriada es el arquitecto valenciano David Estal, que presentó hace años un proyecto para la revitalización de estos pisos y su transformación en una residencia universitaria. Su propuesta consiste en restaurar estos edificios del Cabanyal, en lugar de derribarlos, para convertir las viviendas en 144 habitaciones de estudiantes, adecentar los espacios comunes y abrir establecimientos comerciales en las plantas bajas.

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Secuestro virtual a la chilena
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Javier Martínez | 16-04-2015 | 15:49| 0

Una de las víctimas en España de los denominados secuestros virtuales, que no son más que una estafa porque no hay rapto que valga, es una vecina de Utiel que envió 1.000 euros al timador que le engañó por teléfono desde una prisión chilena. Otros vecinos del pueblo valenciano recibieron la alarmante llamada, pero no mordieron el anzuelo porque no eran padres o tenían localizados a sus nietos.

AUDIO: La voz de los estafadores

Un hombre con un pasamontañas habla por teléfono.

El método delictivo consiste en realizar llamadas indiscriminadas, tanto a teléfonos fijos como a móviles, para comunicar el secuestro de un familiar, la mayoría de las veces un hijo o nieto de la persona que contesta. El cruel estafador afirma a su víctima que si quiere volver a ver con vida a su familiar tiene que pagar una determinada cantidad de dinero, acompañando la petición con expresiones como: “para evitar torturas” o “¿cuánto valoras cada dedo de tu hijo?

Para no ser víctima de esta estafa hay que tener muy claro cómo actuar si recibes una llamada de estas características. Guardar la calma y no facilitar ningún tipo de información familiar ni bancaria es el primer consejo. Luego es recomendable colgar el aparato e inmediatamente después hay que llamar a la policía para denunciar el caso. Si su teléfono fijo tiene el servicio de identificación de llamadas debe saber que la mayoría de estas estafas se realizan desde Chile, cuyo prefijo es 0056. En los secuestros reales, el individuo que exige el rescate suele realizar una llamada corta para que los investigadores no puedan localizar su paradero, mientras que los estafadores chilenos alargan la conversación para que la víctima no compruebe que su familiar está a salvo.

Al principio, los timadores elegían a sus víctimas tras estudiar información de estas personas que obtenían de diferentes fuentes, como las redes sociales. Con el tiempo, los estafadores siguieron criterios aleatorios para realizar un gran número de llamadas, prefiriendo los números fijos a los móviles. Esto explica que muchas víctimas se concentren en las mismas localidades o provincias.

Para darle más credibilidad a la amenazas, los delincuentes, con marcado acento sudamericano, además de identificarse como miembros de bandas criminales, imitan incluso la voz de los familiares que presuntamente están secuestrados, aunque con sollozos y muy pocas palabras, para evitar que las víctimas, inmersas en un gran nerviosismo por la situación, descubran el engaño. También recurren a efectos sonoros que despiertan terror en los interlocutores y los atenaza. De esta forma, el estafador provoca en la víctima un bloqueo emocional que le empuja a pagar cuanto antes sin comprobar la veracidad de la amenaza ni llamar a la policía.

Pero estos timadores no ofrecen ningún dato de la persona supuestamente secuestrada. Por ello, no hay que tener miedo a preguntar por rasgos físicos y personales (o simplemente el nombre y la edad) del familiar que el delincuente asegura que tiene retenido en ese momento. Los estafadores quieren evitar preguntas para las que no tienen respuestas y por eso exigen un ingreso rápido. Su intención es atemorizar a la víctima en muy pocos minutos e impedir que pueda localizar al hijo o nieto presuntamente secuestrado. Además, no piden grandes cantidades de dinero. Así es más fácil conseguir un pago rápido. También dan instrucciones para enviar el dinero desde un locutorio o utilizan el método de la transferencia bancaria.

La Policía Nacional identificó y localizó a los miembros de la trama chilena que estafó a 14 personas en España con este método delictivo, aunque los individuos llamaron a cientos de teléfonos de nuestros país en los últimos meses. Dos agentes de la Sección de Secuestros y Extorsiones del Cuerpo Nacional de Policía se desplazaron recientemente a Santiago de Chile para colaborar con la Policía de Investigaciones Chilena (PDI) en la desarticulación del grupo de timadores. Los autores intelectuales de las llamadas delictivas fueron localizados en un centro penitenciario de Santiago de Chile, desde donde realizaban las comunicaciones telefónicas con España, y familiares y conocidos de ellos se encargaban de recibir los ingresos de dinero.

Un policía nacional observa la pantalla de su ordenador. Foto de Roberto Ruiz.

Ahora, la autoridad judicial competente en aquel país tendrá que actuar en función de su legislación y de la comisión rogatoria internacional emitida desde España. En casi dos meses, la Policía Nacional ha recibido 162 denuncias en distintas provincias, la mayoría de ellas presentadas en Madrid, con 75 casos, y Málaga, con 35, seguidas de Zaragoza y Sevilla. Tan sólo un 10 por ciento de las víctimas pagaron el supuesto rescate.

En estas llamadas, los falsos secuestradores les exigían de 350 a 5.000 euros por la liberación de un familiar y lograron estafar a 14 víctimas unos 11.000 euros. Aunque sus objetivos eran elegidos de modo aleatorio, el perfil de la víctima que ingresó el dinero solicitado responde al de una persona de avanzada edad y no habituada a relacionarse en redes sociales. La policía sospecha que los presos chilenos podrían seguir realizando esta estafa telefónica hasta que no se cierre el proceso judicial abierto en aquel país.

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Los fallos de ‘Bajo sospecha’
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Javier Martínez | 06-04-2015 | 18:14| 0

La intriga se mantuvo hasta el final del rodaje. El asesino de la serie ‘Bajo sospecha’ se enteró de que era él cuando le dieron el último guión. La productora Bambú se encargó de que el desenlace fuera el secreto mejor guardado, y prueba de ello es que tampoco figuraba el nombre del criminal en los primeros documentos que entregó a Antena 3.

Yon González, Blanca Romero y Lluís Homar.

Ahora bien, sorprende que se adopten tantas precauciones para que los actores no se contaminen de un guión predeterminado, y luego Atresmedia desvela demasiados detalles en los avances del siguiente episodio. Un consejo: cambien de canal nada más terminar el capítulo.

Cuando el guionista piensa antes en la trama que en el argumento corre el peligro de que su proyecto de ficción se quede en eso; es decir, en un proyecto. La mayoría de los telespectadores, entre los que me incluyo, quieren ver historias, sucesos o relatos creíbles. La intriga, el misterio y las elucubraciones criminales están muy bien, pero si el operativo policial para seguir a la sospechosa de un asesinato se realiza con coches patrulla que llevan las luces y sirenas encendidas, o policías infiltrados que te pisan los talones en pleno monte, la incredulidad puede apoderarse de hasta los telespectadores más agradecidos.

Otros errores fueron elegir la demarcación rural de la Guardia Civil para que la Policía Nacional investigue un crimen, el excesivo tiempo de infiltración de dos agentes (que además encuentran sendos trabajos relacionados con los sospechosos), la conversación telefónica de un detenido en dependencias policiales con un familiar, la cobertura extraordinaria de los micrófonos o la calidad de sonido de las escuchas. Ya les gustaría a los investigadores de los grupos de homicidios de la Policía Nacional o de la Guardia Civil tener todas estas facilidades y medios técnicos para resolver un crimen.

Alicia Borrachero y Pedro Alonso.

También sorprende que Laura (Blanca Romero) consiga la plaza de profesora en el colegio del pueblo sin inscribirse en la bolsa de trabajo, y casualmente se infiltra en la clase donde iba Alicia (la niña desaparecida). Además. la maestra encuentra una casa justo al lado de la vivienda donde residen los padres de la menor, y su pareja (Yon González), el otro policía infiltrado, logra un trabajo en el bar de la familia investigada. Y todas estas casualidades, como en el cuento de Caperucita, “para vigilarte mejor”.

Pero no seamos tan exigentes. Los presupuestos que se manejan en España para las series de televisión son más pequeños que en el mercado anglosajón, y esto repercute en los medios técnicos, el tiempo dedicado a la grabación, los decorados, las revisiones del guión, los equipos de postproducción o el reparto, aunque la interpretación de Alicia Borrachero (la madre de la primera niña desaparecida) es de lo mejor de la serie, junto con la trama de suspense.

La familia Vega.

Quizás, por eso, no son comparables otros deslices de conocidas series, como el botellín de plástico de agua en la foto promocional de la quinta temporada de Downton Abbey. Después de seguir con atención los primeros capítulos de ‘Bajo sospecha’, que en su estreno alcanzó más de 4,2 millones de espectadores, cuesta creer que coseche más audiencia en España que la mismísima ‘Broadchurch’, la serie de suspense de la cadena británica ITV que muestra con gran realismo la investigación de la muerte de un niño de 11 años en un pueblo costero, así como la desesperación de varios sospechosos y de los vecinos que conocían al chico. Cosas de la tele.

Y después del paréntesis televisivo de Semana Santa ahora tenemos que esperar unos días más para conocer el nombre del asesino. Cosas de Atresmedia. Mientras tanto, Ramón Campos y Teresa Fernández-Valdés, los productores ejecutivos de la serie, se frotan las manos por la audiencia conseguida con su drama policíaco. Sobre gustos y guiones no hay nada escrito.

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Diez asesinatos de policías nacionales en la memoria
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Javier Martínez | 24-02-2015 | 18:42| 3

La Policía Nacional ha sufrido a la largo de su historia la barbarie terrorista y zarpazos criminales de atracadores o enfermos mentales que truncaron la vida de un gran número de agentes. El daño irreparable de perder a un ser querido tiene muy pocos momentos de consuelo para los familiares de las víctimas. La detención de los asesinos, la respuesta judicial o la memoria son algunos de estos instantes que mezclan emociones y nostalgia. Este post rinde homenaje a cinco policías nacionales asesinados en acto de servicio en la Comunitat Valenciana y a otros cinco que nacieron en tierras valencianas y perdieron la vida en atentados terroristas en Durango, Pamplona, San Sebastián y Barcelona.

José Antonio Merenciano Ruiz

El inspector jefe José Antonio Merenciano Ruiz, nacido en Valencia en el año 1955, fue asesinado junto con otros dos compañeros en Durango (Vizcaya). El atentado de ETA tuvo lugar en la mañana del 3 de octubre de 1980. Merenciano iba acompañado por el agente Jesús Hernando Ortega y el subcomisario Sergio Canal Canal. Los tres policías regresaban a Bilbao en un coche tras realizar los trámites oportunos para que los vecinos de Durango pudieran obtener el DNI. Al detenerse en un semáforo en rojo, cuatro terroristas se colocaron a ambos lados del vehículo y abrieron fuego cruzado con varias ráfagas de metralleta. El inspector Merenciano Ruiz, que ocupaba el asiento trasero, reaccionó y pudo hacer uso del revólver, con el que realizó un disparo. Para asegurarse de que ninguno de los policías salía vivo del atentado, los etarras se acercaron al vehículo y dispararon a la cabeza de las víctimas. A continuación, los terroristas huyeron en un vehículo que habían sustraído poco antes a punta de pistola. Merenciano se había casado cuatro meses antes.

Vicente Luis Garcerá López

La banda terrorista ETA utilizó un lanzagranadas para atacar una tanqueta de la Policía Nacional que circulaba con una dotación de nueve agentes por las inmediaciones del Puente de la Magdalena en Pamplona. El atentado tuvo lugar sobre las tres de la madrugada del 17 de abril de 1982. Varios de los policías, que habían prestado servicio en una subestación eléctrica, repelieron la agresión con sus armas reglamentarias. El proyectil perforó la cubierta blindada y estalló en el interior de la tanqueta. El conductor del vehículo policial, Vicente Luis Garcerá López, nacido en Valencia en 1953, resultó herido grave y murió una hora después. La víctima estaba casada y tenía una niña de corta edad.

Emilio García Martínez

El 19 de abril de 1983, el inspector jefe Emilio García Martínez fue asesinado por los GRAPO en Valencia. Aquel fatídico día estalló una bomba que las terroristas Mercedes Padrós Corominas y Josefina García Aramburu colocaron en el coche de la víctima. Su hijo oyó la explosión y acudió en su ayuda, pero el policía nacional falleció en el hospital. Nacido en Navas de Jorquera (Albacete) en 1935, Emilio García estaba casado y tenía dos hijos. Cuando ocurrieron los trágicos hechos, la víctima se encontraba destinada en Paterna.

Emilio Juan Casanova López

El oficial de la Policía Nacional Emilio Juan Casanova López, nacido en Ayora en 1953, murió en un atentado con coche bomba el 23 de junio de 1983 en San Sebastián. Otros seis policías sufrieron heridas de diversa consideración: José Antonio Quintana Cañuelo, Jesús María Díez Barcia, Heliodoro Borrás Jesús, Antonio Gutiérrez Pizarro, Juan Plaza Navarro y Engracio Calabuig Noguera. Los etarras detonaron la bomba pese a que a unos metros de la furgoneta policial circulaba un autobús escolar. El vehículo fue alcanzado de lleno por la metralla y la onda expansiva de la bomba. El artefacto explosivo, que contenía gruesos tornillos y tuercas, se encontraban en una Seat 127. El lateral izquierdo de la furgoneta policial quedó acribillada con orificios que en algunos casos alcanzaban varios centímetros de diámetro. Emilio Juan Casanova López fue trasladado al Hospital de la Cruz Roja, donde falleció poco después. El agente tenía 29 años y estaba casado. Dos horas antes de que lo mataran, el policía valenciano había asistido al funeral por Juan Maldonado, asesinado la víspera en Pasajes de San Juan.

Manuel Julio Rodrigo Belenguer

 

Manuel Julio Rodrigo.

El 4 de noviembre de 1983 fue asesinado el policía nacional Manuel Julio Rodrigo Belenguer de un disparo a bocajarro por un atracador argentino. El crimen tuvo lugar en el centro de Valencia cuando el agente de la unidad de motos identificaba a un sospechoso tras un robo en la joyería Mora en la primera planta de un edificio de la calle Correos. El policía se topó en la puerta de la finca con un hombre bien vestido y le pidió la documentación. Según la portera del inmueble, el individuo introdujo una mano en un bolsillo de su chaqueta en un ademán de buscar su cartera, pero sacó una pistola y disparó dos veces contra el agente. Una de las balas perforó el corazón. del policía. Los atracadores, dos hombres y una mujer, huyeron con un botín de 40 millones en joyas en un Seat 131 Supermirafiori. El autor del asesinato, el delincuente argentino Jorge Eduardo Villarino, fue apresado poco después y solo cumplió una condena de 11 años de prisión. El criminal era un experto en fugas y logró evadirse de la cárcel Modelo. La policía lo consideraba el jefe de la mafia argentina en España en los años 80. Cuando fue detenido en Gerona, Villarino confesó su participación en 13 atracos a bancos y joyerías en Barcelona, Madrid y Valencia. El delincuente murió con 68 años tras hacerse la cirugía estética y cambiar su nombre por el de Jorge Leguizamón Vidal. Manuel Julio Rodrigo, nacido en el barrio valenciano del Cabanyal, estaba casado y tenía cuatro hijos, uno de ellos policía nacional, y un nieto de siete meses. Aquel fatídico 4 de noviembre de 1983 no tenía que patrullar con su moto, pero un compañero le pidió que le cambiara el servicio. La valentía y el esmero que ponía en su trabajo eran dos cualidades que distinguían a este policía nacional, según reconocieron sus jefes el día del entierro.

Eduardo Navarro Cañada

El día 15 de diciembre de 1983, ETA asesinó en San Sebastián al oficial de policía Eduardo Navarro Cañada, nacido en Burjassot en 1956, e hirió gravemente a su compañero de patrulla, Clemente, y a un peatón. La víctima pertenecía a la Compañía de Reserva General con base en Valencia y fue enviado al País Vasco para reforzar la seguridad. Dos miembros del comando Bianditz de ETA, vestidos con el uniforme de la Policía Municipal de San Sebastián, descendieron de un vehículo policial que habían robado horas antes, se acercaron a los agentes por la espalda y les dispararon a bocajarro en la cabeza. Su compañero de patrulla quedó incapacitado tras casi dos años de recuperación. Eduardo Navarro estaba casado y tenía dos hijos.

Avelino Jiménez Pérez

El 12 de noviembre de 1987, el policía nacional Avelino Jiménez Pérez murió al ser tiroteado en la calle Jesús de Valencia por dos delincuentes que acababan de atracar una sucursal del Banco de Valencia. Tras intimidar a clientes y empleados con armas de fuego, los dos atracadores se apoderaron de un botín de más de dos millones de las antiguas pesetas. Uno de los trabajadores del banco accionó el sistema de alarma y varias patrullas acudieron con urgencia al lugar. Los primeros en llegar fueron dos agentes de la unidad de motos. Uno de ellos era Avelino. La víctima era natural de Alborea (Albacete), estaba casado y tenía tres hijos de 11, 9 y 4 años. Ingresó en la Policía Nacional el 1 de abril de 1973 y prestaba sus servicios en la sección de motos de la Brigada de Seguridad Ciudadana desde septiembre de 1986.

Francisco Javier Delgado González-Navarro y José Ángel Garrido Martínez

Francisco Javier Delgado.

José Ángel Garrido Martínez.

Dos miembros del Cuerpo Nacional de Policía, Francisco Javier Delgado González-Navarro y José Ángel Garrido Martínez, de 27 y 28 años de edad, respectivamente, fueron asesinados el 13 de diciembre de 1991 en Barcelona por dos etarras. Garrido, alumno de la policía en prácticas, murió en el acto y Delgado falleció poco después en el hospital Clínico. Los terroristas tirotearon a los agentes en la puerta de un taller de instalación de radios de coche en la calle de Caballero, cuyo propietario era amigo de uno de los policías. José Ángel Garrido Martínez, nacido en Valencia, se había casado un mes antes y fue trasladado a Barcelona para reforzar el dispositivo de seguridad olímpica. Francisco Javier Delgado era natural de Fregenal de la Sierra (Badajoz), pero estaba casado con una valenciana. Ambos fueron enterrados en Valencia

Ignacio José Moreno Arroyo y Francisco Pascual Martínez García

 

El inspector jefe Ignacio José Moreno Arroyo.

El 6 de febrero de 2000, un perturbado mental asesinó en el Cabanyal al inspector jefe Ignacio José Moreno Arroyo, el policía Francisco Pascual Martínez García, el bombero Vicente Sivera Cervera y la anciana octogenaria Vicenta Darder Dubón. Ramón Tatay Zanón provocó primero una explosión de gas en su casa en el número 147 de la calle de Escalante. Luego se apostó en la terraza para esperar a sus víctimas y disparó contra ellas conforme iban llegando y se ponían a tiro. Uno de los primeros policías que llegaron al lugar, Francisco Pascual Martínez García, de 43 años, recibió un impacto de bala y cayó fulminado. Los bomberos acudieron minutos después para sofocar el incendio de la vivienda, pero ignoraban la existencia de un francotirador. Una vez apagadas las llamas, entraron en la casa y encontraron muerta a Vicenta Darder Dubón, una vecina que había acudido a la vivienda del perturbado mental tras oír la explosión. Durante los trabajos de retirada de escombros, el bombero Vicente Sivera Cervera, de 40 años, recibió otro disparo mortal. La última persona asesinada fue el inspector jefe de la Unidad de Intervención Policial (UIP), Ignacio José Moreno Arroyo, de 41 años, que entró en la casa para apresar al homicida. El francotirador intentó huir por el tejado, pero fue abatido por la policía de un disparo en la cabeza.

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Guardianes en el olvido
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Javier Martínez | 03-10-2016 | 10:12| 1

A veces la vida pone zancadillas en el momento más imprevisible, pero es más fácil levantarse con el afecto, la solidaridad y la buena voluntad de las personas que se adhieren de forma desinteresada a la causa o la empresa de una víctima. Un conductor temerario, un atropello, una distracción o una salida de vía, entre otras situaciones de riesgo, pueden quitar, cambiar o destrozar una vida en muy pocos segundos. La lista de guardias civiles y policías fallecidos en accidentes de tráfico mientras estaban de servicio en la Comunitat Valenciana es muy larga. Demasiado larga. Miguel Ángel Herguido Díaz, Alfonso Juan Plá García, José Manuel Donoso, Carlos Rubio Guzmán, Javier Vera Femenía, Ismael Jesús Barez Caballero y Francisco Joaquín Rubio de Pedro son sólo algunos nombres que me vienen a la memoria.

Cuando un policía, un guardia civil, un bombero, un brigadista o cualquier otro miembro de los servicios de emergencia muere mientras protegía a los ciudadanos, auxiliaba a una víctima en la carretera o luchaba contra el fuego, llegas a pensar que la vida es muy injusta. Demasiado injusta. Y entonces suele aflorar lo mejor de cada persona para arropar a las familias que perdieron a un ser querido. Después del entierro multitudinario, el homenaje póstumo y las sentidas condolencias llega el olvido. Demasiado olvido.

Antonio José Llorens Soria rodeado de compañeros en el Hospital La Fe en una emotiva visita que recibió el día de la patrona de la Guardia Civil.

Pero hay otras víctimas que sobreviven en condiciones adversas. Antonio José Llorens Soria, un curtido guardia civil que antes fue legionario y miembro del Grupo de Acción Rápida (GAR), resultó herido grave en un accidente de circulación ocurrido el pasado 16 de julio de 2014 en la pista de Ademuz. El agente del Destacamento de Tráfico Valencia B perdió el control de su motocicleta y se salió de la vía cuando realizaba un servicio en su demarcación. Desde entonces, Antonio sufre, de resultas, graves secuelas físicas y una gran invalidez. Aunque recibirá las correspondientes indemnizaciones del seguro concertado por la DGT y percibirá también una ayuda oficial, todo esto tardará un tiempo debido a los trámites y a la determinación final de sus lesiones. Mientras tanto, el guardia civil debe valerse con sus ingresos actuales.

Como consecuencia de esta situación, su esposa se ha visto obligada a dejar el trabajo para atenderle. Esto ha repercutido en la economía familiar y sus dos hijos pequeños han dejado de realizar actividades extraescolares para ajustar gastos. Además, Antonio necesita ahora un domicilio con condiciones de habitabilidad para su discapacidad, ya que el inmueble donde residía carece de ascensor y de posibilidad de instalarlo. De momento vive en un piso adaptado en Burjassot, aunque la vivienda requiere algunos trabajos de acondicionamiento.

Por todos estos motivos, sus compañeros han organizado una colecta benéfica para contribuir a reducir los costes del alquiler de la nueva vivienda hasta que se resuelva su situación y reciba las indemnizaciones, así como otros gastos generados por la situación de discapacidad del guardia civil. Las aportaciones económicas voluntarias con la periodicidad que cada uno estime oportuno serán recaudadas por la Asociación Benéfica Virgen del Pilar de la Guardia Civil de Paiporta, que se hará cargo de las mensualidades del alquiler de la vivienda y de otros gastos derivados de su invalidez mientras la situación económica del guardia civil no varíe. La cuenta bancaria de la Caixa Popular donde se pueden realizar los ingresos, con el concepto de “ayuda a Llorens”, es la siguiente: ES24-3159-0029-31-2337259523.

Compañeros del guardia civil José Manuel Donoso introducen el féretro en la iglesia.

Tres guardias murieron en 2011

El año 2011 fue trágico para la Guardia Civil de Tráfico. Tres agentes destinados en la Comunitat Valenciana murieron en acto de servicio. José Manuel Donoso, de 40 años, falleció el 24 de junio al ser arrollado en el peaje de Silla por un motorista que intentó eludir un control de velocidad en la autopista AP-7. El agente fue arrastrado varios metros cuando paró al conductor de una motocicleta de gran cilindrada que había cazado el radar a 150 kilómetros por hora. Una patrulla del Destacamento A de la Guardia Civil de Tráfico de Valencia dio el alto al motorista, que carecía de carné de conducir, pero el individuo aceleró e intentó saltarse el control.

Lugar donde fue atropellado el agente de la Unidad de Atestados cuando auxiliaba a un conductor en la A-31 a su paso por el término de Monforte del Cid.

Otro guardia civil del mismo destacamento, Carlos Rubio Guzmán, murió el 6 de agosto de 2011 en Torrent al salirse de la A-7 con su motocicleta cuando acudía a un accidente. La víctima tenía 27 años. El siniestro tuvo lugar en la salida de Montroy-Montserrat del ‘by-pass’. El 25 de agosto del mismo año falleció el guardia civil Javier Vera Femenía al ser atropellado por un vehículo en la A-31, a la altura del término municipal de Monforte del Cid, cuando ayudaba a un conductor cuyo coche había sufrido una avería. La mala fortuna quiso que ese gesto altruista le costara la vida a Javier, de 42 años y padre de dos hijas, que estaba adscrito a la Unidad de Atestados y regresaba a la base del Subsector de Tráfico tras intervenir en otro accidente.

El cabo Miguel Ángel Herguido Díaz murió en otro accidente tras derrapar la rueda de su motocicleta y despeñarse por un desnivel cuando daba cobertura a la vuelta ciclista en Genovés. Murió casi en el acto aquel trágico 21 de julio de 1997. Según los informes periciales, el neumático tenía un severo desgaste tras más de 15.000 kilómetros sin cambiarlo, por lo que el vehículo no tenía las condiciones mínimas de seguridad.

La muerte de Juan Plá García también causó una gran conmoción en el Destacamento de Tráfico de Valencia. El cabo falleció en 1998 tras ser hospitalizado como consecuencia de las fracturas que sufrió al ser atropellado por el conductor de una moto. Aunque las lesiones no eran mortales, su estado se agravó por una infección y murió en el hospital. El autor del atropello se dio a la fuga, pero fue detenido días después.

Dos policías nacionales y tres jóvenes perdieron la vida en otro accidente al chocar un coche patrulla contra un Renault Mégane que circulaba correctamente por la pista de Ademuz. La colisión frontal tuvo lugar cuando los agentes perseguían a un conductor kamikaze, un dentista con trastorno bipolar y consumidor de cocaína, que sembró el pánico de madrugada al circular en sentido contrario y sin luces. Aquel trágico 9 de agosto de 1998 marcó un antes y un después en las persecuciones policiales. El juez calificó de «imprudente» la actuación de la policías por colocarse en paralelo al conductor temerario durante la persecución. Siete años después de aquellas muertes, el Tribunal Constitucional confirmó la condena de dos años de cárcel que la Audiencia Provincial de Valencia impuso a José Salvador Navarro Cru, el dentista que causó los cinco fallecimientos, “por su temeraria conducción”, según la sentencia. Las cinco víctimas mortales de aquel trágico accidente fueron los jóvenes Miguel Vicente Martín Galindo, Juan Marcos Sanchos Montesinos y Gemma Arribas Lacruz, ocupantes del Renault Mégane, y los agentes de la Policía Nacional Ismael Jesús Barez Caballero y Francisco Joaquín Rubio de Pedro.

 

 

 

 

 

 

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Bulos y leyendas urbanas
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Javier Martínez | 18-12-2014 | 00:51| 0

ETA no ponía bombas en móviles y llaveros, ni la policía acude a un cajero si el usuario marca su número secreto al revés. Tampoco cobran las compañías telefónicas por las llamadas perdidas; y el yogur bebible no genera problemas de salud al tomarlo más de 14 días seguidos. La lista de bulos y leyendas urbanas que circulan por las redes sociales y los grupos de WhatsApp es interminable. Estos infundios se ha multiplicado en los últimos años debido al auge de las aplicaciones para los teléfonos móviles. Son historias inquietantes y curiosas que nos mantienen en vilo durante unos segundos, el tiempo que empleamos para leer el mensaje.

Un policía nacional observa unas imágenes en internet.

¿Pero quién difunde estas mentiras y por qué? Algunos de los mensajes no tienen otro objetivo que dañar a una empresa determinada, a veces por competencia comercial, y otros dan proporciones excesivas a lo que se dice o a un suceso sin someterse a la realidad ni a la verdad. Así, la mayoría de los bulos generan alarma de una forma intencionada, y cuanto más llame la atención, más veces será reenviado.

La difusión de una noticia falsa o curiosa a través del correo electrónico permite seguir el rastro de miles de direcciones personales para luego capturarlas con el fin de comerciar con ellas o utilizarlas en fraudes cibernéticos. De esta forma, los miles de correos que reciben el bulo sobre las falsas bombas de ETA, las llamadas perdidas o el yogur bebible, pasan a formar parte de una base de datos, una lista con información muy apetecible para el marketing digital. El uso del ‘e-mail’ para la publicidad presenta varias ventajas: mínimo coste, personalización, almacenamiento, rapidez y medición de resultados. Por ello, esta forma de comunicación tiene cada vez más novias.

¿Pero cómo se distingue una información veraz entre las patrañas que circulan por la red? Los bulos suelen ser anónimos, están redactados de forma atemporal y normalmente contienen una petición de reenvío. Al carecer de fecha, la mentira puede pervivir más tiempo en la red o incluso resurgir años después. Tampoco citan fuentes para que resulte más difícil contrastar la historia inquietante.

Un bulo difundido en internet con los membretes del Ministerio del Interior y la Dirección General de Tráfico.

Un bulo difundido en internet con los membretes del Ministerio del Interior y la Dirección General de Tráfico.

Pese a los continuos desmentidos por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, algunas leyendas urbanas siguen causando desconfianza e incluso alarma social. Prueba de ello es que aún hay conductores que dudan sobre cómo actuar cuando se cruzan en la carretera con un coche que circula con las luces apagadas. «Ojo con hacer ráfagas a estos vehículos», advierte un bulo, porque se trata de «un juego de iniciación de una pandilla denominada Sangre». Deslumbrar al conductor que circula con las luces apagadas es supuestamente una señal para el individuo que aspira a ingresar en la banda criminal. Y entonces, el candidato a asesino tiene que perseguir al coche hasta sacarlo de la carretera y matar a sus ocupantes. Todo mentira. Semejante falacia, según fuentes policiales, surgió en 2005 en Sudamérica tras el reenvío masivo de un correo electrónico que firmaba Interpol Guatemala. El ente policial advertía de la existencia de la pandilla latina y de su terrorífico método de iniciación. Otro suceso ficticio. Pero la leyenda cruzó el charco y, nueve años después, sigue generando en España toda clase de comentarios en foros, blogs, redes sociales, grupos de WhatsApp, tertulias de bar y reuniones de amigos.

En caso de ser identificados, los autores de algunos bulos pueden ser acusados de los delitos de amenazas y falsificación documental. Según el actual Código Penal, “si las amenazas de un mal que constituye delito fuesen dirigidas a atemorizar a los habitantes de una población”, el autor se enfrenta a una pena de dos años de cárcel.

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Corruptos de guante blanco
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Javier Martínez | 12-11-2014 | 13:12| 0

La avaricia parece que no ha roto el saco durante muchos años en España. Cada vez trascienden más nombres de presuntos corruptos o de individuos con un afán desordenado de poseer, adquirir o esconder riquezas para atesorarlas. Los estafadores profesionales y los ladrones de guante blanco consiguen mucho dinero con artificios y engaños, mientras que algunos políticos y funcionarios aceptan sobornos con papel de regalo. Quizá sean todos de la misma calaña, aunque el delito es muy diferente.

La Guardia Civil registra un despacho durante la operación 'Enredadera' contra una trama de funcionarios corruptos.

Cuando no hay una novedad de la trama Gürtel, son los flecos de los ERE de Andalucía o de los papeles de Bárcenas, sin olvidarnos del caso Filesa, el fraude fiscal de la familia Pujol o el Caso Nóos. Día sí, y día también, nos despertamos con un nuevo caso de corrupción o una macrooperación del Cuerpo Nacional de Policía o de la Guardia Civil, que tienen ya unidades especiales para luchar contra esta lacra, aunque con pocos agentes especializados.

La mayoría de ellos cometieron los delitos de cohecho, prevaricación, apropiación indebida o malversación de fondos sin intimidación ni amenazas. Tampoco usaron armas ni métodos violentos. Llevaban guantes blancos para no mancharse la manos, como hacen los expertos ladrones de joyas inmortalizados en la gran pantalla.

Francisco Correa, cabecilla de la trama Gürtel.

Los políticos y funcionarios corruptos, al igual que algunos estafadores y criminales, suelen utilizar métodos cada más sofisticados para no dejar pruebas de sus delitos. En cierta manera actúan como los grupos de delincuencia organizada. Falsifican documentos, blanquean capitales, defraudan a Hacienda, usan varios teléfonos móviles para eludir las escuchas telefónicas, mienten a sus familias y a sus amigos, cobran dinero tan negro como el carbón, sobornan a cargos públicos, infiltran a compinches en las instituciones…

Carlos Fabra, expresidente del PP en Castellón. Efe,

La lista de fechorías y delitos es interminable, pero causa más alarma social cuando los presuntos autores, implicados en la trama o culpables de los desfalcos son personas que tenían la obligación de velar por los intereses de los ciudadanos; y por lo tanto, debían respetar, y nunca lapidar, los principios y normas que regulan el derecho administrativo.

Cuando se demuestre que cometieron los delitos y la sentencia sea firme, todo el peso de la justicia tiene que caer sobre estos corruptos de guante blanco. Y mientras tanto, la condena social está ya envuelta en papel de regalo, como las dádivas que presuntamente recibieron.

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Las huellas olorosas
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Javier Martínez | 29-10-2014 | 13:32| 0

La odorología forense, una técnica de investigación criminal conocida también como peritaje del olor, tiene un alto grado de efectividad en la identificación de un sospechoso en una rueda de reconocimiento, aunque sigue siendo objeto de recelo entre algunos criminólogos y expertos policiales.

El veterinario Ángel Rosillo (izquierda) con un perro que olfatea una zapatilla.

El Centro de Investigación Príncipe Felipe acogió el pasado lunes en Valencia una conferencia sobre las denominadas huellas olorosas con la asistencia de un grupo de guías caninos, policías y guardias civiles. El instructor de guías canino Javier Cano y el veterinario argentino Mario Rosillo, uno de los mayores expertos en odorología forense, explicaron cómo se aplica esta técnica policial en Estados Unidos, Argentina y Colombia, entre otros países.

Para utilizar esta herramienta de investigación criminal lo primero que hay que hacer es detectar los sitios donde estuvo el autor del delito o encontrar los objetos que manipuló, las prendas que abandonó durante su fuga o el coche que utilizó para escapar. Luego, con una pinza se coloca una gasa de algodón sobre la superficie que tuvo contacto con el sospechoso (para que se impregne de su olor durante 24 horas), y esa prueba se guarda en un frasco estéril. Días, meses o años después, la huella olorosa se puede utilizar en una rueda de reconocimiento en la que participa el perro adiestrado.

Adiestramiento de un perro.

Según los expertos, el olor corporal proporciona un rastro reconocible de cada individuo, que se puede detectar y recoger con sofisticados aparatos (como los que utiliza el FBI) o con una simple gasa en contacto con la prueba durante 24 horas. Es fundamental aplicar de forma correcta la técnica en la escena del crimen o el lugar donde desapareció la víctima; y por ende, se deben utilizar pinzas y frascos esterelizados para no contaminar la prueba y compararla después con el olor de los sospechosos del delito.

Entrenamiento de un perro.

¿Pero cómo se hace la rueda de reconocimiento con un perro adiestrado? Primero se abre el frasco para que el perro pueda olfatear (durante un minuto aproximadamente) la gasa que se guardó con el olor del autor del crimen, y después se colocan otras cinco gasas alineadas con las que cuatro voluntarios y un sospechoso se han frotado las manos entre 10 y 15 minutos. Y por último, el can marcará la gasa que esté impregnada del mismo olor recogido durante la inspección policial que se realizó en la escena del crimen.

Los perros tienen entre 125 y 220 millones de células olfativas frente a los cinco millones de este tipo de células que tienen los humanos. El bulbo olfatorio de un can es unas 40 veces mayor que el de una persona en proporción al tamaño total del cerebro. Por ello, un perro es capaz de reconocer a una persona antes por su olor que por su aspecto; al contrario que los seres humanos, que identificamos más de forma visual. Y si el can tiene un adiestramiento específico para detectar el olor humano, los resultados de la prueba pericial son aún más fiables.

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Sobre el autor Javier Martínez
Javier Martínez Fernández nació en Granada, aunque reside en Valencia desde que tenía ocho años. Hijo de padres jienenses (naturales de Beas de Segura), también vivió en Almuñécar, Pilar de la Horadada y Elche. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, redactor del periódico Las Provincias desde 1989 y colaborador de Gestiona Radio y varios programas de televisión. Javier siente y vive su profesión, aunque algunas veces se queja de que le toca bailar con la más fea: la crónica negra. Desde que se especializó en la crónica de sucesos, ha participado en tres seminarios de la Universidad CEU Cardenal Herrera (como ponente y organizador) sobre el periodismo de sucesos, es coautor de cuatro libros de formación para policías y guardias civiles, fue profesor del Máster de Periodismo de Las Provincias-CEU Universidad Cardenal Herrera y conferenciante en el Coloquio Internacional para una Comunicación Libre de Violencia celebrado en México en 2010. El autor de este blog ha intervenido también en numerosos programas de radio y televisión ('Espejo Público', 'Equipo de Investigación', 'Informe DEC', 'Sabor a ti', 'Esta noche cruzamos el Mississipi', 'Milenio 3', 'Cuarto Milenio' y 'El rastro del crimen') y publicó 40 reportajes en la revista especializada 'Así son las cosas' entre 2003 y 2007.

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