Las Provincias
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Fecha: marzo, 2015
La vida después de la menopausia
Maria José Pau 31-03-2015 | 4:47 | 3

Este post va dedicado a mi amiga Mar y surge de alguna de las conversaciones con mis chicas delante de una copa de vino.

A lo mejor es algo atrevido para alguien de 35 años hablar de los aspectos que rodean a la menopausia, pero mi trabajo como Matrona acompañando a mujeres a lo largo de su ciclo sexual y reproductivo, hace que pueda compartir con ellas muchas experiencias, inquietudes y expectativas.

Las mujeres, a lo largo de nuestra vida, somos “víctimas” de los sucesivos cambios hormonales que tienen lugar en nuestro cuerpo, desde la adolescencia a la menopausia. Esta montaña rusa hormonal influye tanto en nuestra fisiología pero en nuestra psique. El fenómeno principal que caracteriza a la menopausia es la pérdida de la capacidad reproductiva que viene relacionada con una caída brusca de la producción hormonal.

Los cambios fisiológicos que se producen durante la menopausia son de sobra conocidos y la mayoría de los “efectos secundarios” pueden paliarse con mayor o menor facilidad. Los “sofocos” se pueden mejorar con fitoterapia a base de soja y pólenes, con estrógenos y con otras terapias alternativas. Para la sequedad vaginal tenemos infinidad de productos de buenísima calidad en el mercado. La pérdida de masa ósea se soluciona con ejercicio físico y una buena alimentación y en los casos necesarios, con farmacoterapia. El aumento del riesgo cardiovascular y el desarrollo de diabetes también es posible prevenirlo con la práctica de ejercicio físico y alimentación adecuada.

¿Por qué entonces si tenemos todas estas “soluciones” hay mujeres que no recuperan su líbido o que pierden su autoestima?

En la adolescencia comenzamos con una búsqueda de nuestra propia identidad que en la mayoría de los casos se alarga hasta bien entrada la veintena. Durante la treintena, en la mayoría de los casos hemos alcanzado esa aceptación de nosotras mismas y nuestro cuerpo y nos centramos en la búsqueda de una estabilidad laboral, emocional y familiar. Teóricamente, cuando llegamos a los 40 y los 50, ya hemos completado esas búsquedas y llegamos a un momento de estabilidad y metas alcanzadas.

Entonces, ¿Por qué entonces en numerosas ocasiones las mujeres a esa edad no se sienten completas e incluso experimentan un sentimiento de pérdida?

Es un hecho que la sociedad es más dura con las mujeres que con los hombres. En el ámbito laboral, las mujeres trabajan más para conseguir la misma remuneración o consideración que los hombres. Nos han vendido la farsa de la conciliación de la vida laboral y familiar, pretendiendo convertirnos en una especie de  “super woman” que puede compaginar perfectamente su puesto de trabajo y disfrutar de la crianza, pero la realidad es bien distinta. Y cuando llega la menopausia, esas exigencias no disminuyen. Nuestro cuerpo cambia pese a que nos bombardean con imágenes publicitarias que nada tienen que ver con la realidad. Si no hemos sido capaces de alcanzar nuestros objetivos laborales, ahora lo tendremos más difícil que nunca.

Por mucho que nos consideremos una sociedad avanzada, seguimos arrastrando un sistema patriarcal en el que la mujeres perdemos “valor” cuando no somos ya capaces de concebir, todo lo contrario que en otras culturas en las que la menopausia genera prestigio y reconocimiento social. Diversos estudios antropológicos muestran que en función de la visión que tenga la sociedad de la mujer menopáusica, dependerá la intensidad de la sintomatología asociada. Esto sugiere que los factores sociales y culturales influirán en la sintomatología y en la calidad de vida tras la menopausia.

Esto debería servirnos de llamada de atención, tanto a las mujeres como a los profesionales relacionados con la salud de las mujeres. Es necesario un trabajo personal de cada una de nosotras para potenciar nuestra autoestima y nuestra sensación de valía social, para afrontar esta etapa de nuestra vida igual que otras, de manera plena y consciente.

María José Pau

Matrona en CM – Clínica de la Mujer

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Programas de diagnóstico precoz del cáncer de mama y de cáncer de cuello de útero
Antón Millet 25-03-2015 | 9:02 | 0

 

¿Ha llegado el momento del cambio?

Los programas de cribado de algunos tumores son considerados un avance de la medicina moderna, frecuente moneda de cambio manipulada por los políticos. Cuando se sugieren cambios, por tímidos que sean, en estos programas, la sociedad se resiste, interpretándolos como “más recortes” en la protección social. Sin embargo, quizás ha llegado el momento de analizar la situación.

Para que una enfermedad pueda beneficiarse de un programa de cribado deben reunirse ciertos requisitos: la enfermedad debe ser frecuente y debe suponer un problema de salud importante, debe tener tratamiento temprano y efectivo, y el coste de todo lo anterior debe ser asumible por la sociedad. En lo que respecta a la salud de la mujer, los 2 programas de cribado más importantes son el del cáncer de mama con mamografías y el cribado de cáncer de cuello de útero con citologías. Ambas enfermedades reúnen los requisitos arriba citados. Como médico dedicado a la salud de la mujer, me sorprende a veces el poco espíritu crítico que demuestra la población en lo que respecta a estos programas. De los políticos, interesados en vender la implantación de estos programas por motivos electorales, no me sorprende el apoyo sin fisuras.

¿Y qué críticas pueden hacerse a estos programas? Empezaré por las mamografías. En las poblaciones en las que se ha implantado el cribado mamográfico del cáncer de mama, se ha visto reducida la mortalidad por el tumor en aproximadamente un 30%. Aunque los defensores de los programas de cribado atribuyen la reducción de la mortalidad exclusivamente a las mamografías, algunas voces críticas sugieren que las mejoras en los tratamientos, tan evidentes en los últimos 15 años, son las verdaderas responsables de la menor mortalidad. Por otro lado, no hay que olvidar los efectos no deseados del cribado: un 30% de las mujeres sometidas a programas de cribado mamográfico, en algún momento será llamada para realizar una prueba adicional por haberse detectado “algo anómalo”; aunque finalmente no se diagnóstico que un tumor, la ansiedad que genera esta situación es muy intensa y duradera. Además, sabemos hoy que un 20%-30% de los tumores mamarios no suponen una amenaza para la vida de las mujeres, y en muchos casos desaparecen solos sin tratamiento. Su diagnóstico es de hecho un “sobrediagnóstico”. ¿Estoy sugiriendo que los programas de mamografías deben abandonarse? No. Mi opinión es que debemos seguir animando a las mujeres a participar pero es urgente que las autoridades sanitarias, libres de interferencias políticas, inicien un proceso de análisis crítico y modifiquen algunos aspectos como la edad a la que las mujeres entran en estos programas y/o la periodicidad de los mismos.

En lo que respecta al cribado del cáncer de cuello de útero, la situación actual es más incierta si cabe: durante décadas, las citologías han permitido reducir la incidencia del tumor pero a costa de realizar muchas biopsias innecesarias. En la actualidad, se baraja la posibilidad de abandonar las citologías de cuello de útero para pasar a determinar sólo y exclusivamente la presencia del virus del papiloma humano en el cuello. No se descarta realizar juntas las dos pruebas (citolgogía y test del papiloma, o cotest). Resumiendo los estudios más importantes, podemos concluir que la realización de una citología anual confiere un riesgo de padecer un cáncer a lo largo de la vida del 0,25%; la realización de un cotest cada 3 años confiere un riesgo del 0,47% y el riesgo es del 0,74% cuando el cotest se realiza cada 5 años.

Cuando preguntamos a las pacientes por sus preferencias, en general prefieren las opciones que conllevan un menor riesgo de padecer el tumor. Sin embargo, la realización de citologías cada año no está exenta de morbilidad – conlleva muchos falsos positivos con la ansiedad que ello supone y la realización de numerosas biopsias innecesarias-. Quizás deberíamos dejar de considerar sólo la reducción en el número de tumores y pasar a valorar los beneficios “netos”- beneficios menos inconvenientes-. Las estrategias óptimas serían las que más redujesen la incidencia de tumores asociando menos costes. Por último, la asignación de recursos, debe entrar a formar parte del debate. Opino que quizás no se deba imponer una única estrategia de cribado sino que debamos ofrecer a las mujeres, un abanico de posibilidades “razonables”, dejando que sean ellas las que decidan la mejor opción.

Desde mi punto de vista, sólo una población educada, implicada y libre de prejuicios permitirá extraer el máximo de beneficios de los programas de cribado.

Dr. Antón Millet. Ginecólogo.

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El secreto de la longevidad
Antón Millet 16-03-2015 | 5:30 | 4

Hace algún tiempo leí la historia de una anciana americana – 95 años- que seguía participando con regularidad en competiciones de atletismo. Me intrigó mucho. ¿Cómo se puede vivir mucho gozando de buena salud?, ¿Es una cuestión de genética favorable que solo unos pocos poseen o todos podemos disfrutar de ello?

He indagado en los componentes que requiere la pócima de la eterna juventud y la genética no parecer ser un requisito fundamental.  Los estudios epidemiológicos con gemelos sugieren que la longevidad está genéticamente determinada en no más del 25%-30%. Los cromosomas van “acortándose” con los años y este acortamiento se ha intentado relacionar con el envejecimiento; sin embargo, la mayoría de las pacientes de edad avanzadas tienen un acortamiento cromosómico “estándar”, similar a la de pacientes que fallecen a edades más tempranas.

Respecto a la dieta, se ha comprobado que las personas longevas toman dietas variadas,  pero no tienen porqué ser “especiales”. No se ha podido demostrar que ciertas dietas permitan vivir más años. Lo importante es que las dietas sean variadas y equilibradas.

Por el contrario, un factor esencial de la ancianidad “saludable” es la actividad física: el ejercicio mantiene la salud cardiaca y potencia la fuerza y al resistencia muscular. Muchos estudios muestran que el ejercicio protege también el cerebro, promoviendo las conexiones neuronales de ciertas áreas cerebrales – especialmente la memoria-. La vida activa permite envejecer más despacio.

Las 6 reglas de la longevidad son:

-       Muévete: haz ejercicio.

-       Duerme bastante.

-       Mantén una vida social satisfactoria.

-       Cree en algo.

-       Empieza ya.

-       No lo hagas si no te gusta.

No es fácil hacer ejercicio a edades avanzadas y nadie critica a un anciano por no hacer deporte. El espíritu de sacrificio es determinante para superarse físicamente cada día, especialmente más allá de los 80 años.

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¿Te duele otra vez la cabeza, cariño? Perspectiva de un ginecólogo
Antón Millet 10-03-2015 | 4:38 | 0

Este es nuestro primer post y no podíamos equivocarnos con el tema de que “la primera impresión es la que cuenta“. Debíamos abordar un problema de gran interés,  importante  y que afectase a muchas mujeres . El sexo nos pareció el tema perfecto: el  interés general está asegurado – morbo en muchos casos-  y los problemas sexuales suponen,  aunque no se sepa, una de las asignaturas pendientes de los ginecólogos y de cualquier profesional que se ocupe de la salud femenina.

Porque el sexo no siempre funciona bien. De hecho, el 40% de las mujeres presentarán algún tipo de disfunción sexual a lo largo de sus vidas. La disfunción sexual más frecuente es la disminución de la libido que repercute en la calidad de vida de las mujeres, en su autoestima y en su vida de pareja. La disminución de la libido es más frecuente a partir de los 45 años y afecta a muchísimas mujeres a partir de la perimenopausia. Para acabar de complicar las cosas, el 30% de las mujeres que sufren disminución de la libido no acuden a ningún profesional sanitario por lo que la verdadera magnitud del problema no se conoce con precisión.

¿Qué es una vida sexual “normal”? Difícil pregunta: lo que es normal en una mujer no lo es en otra y depende de muchos factores -factores religiosos, educativos, socioeconómicos,..-. Además, en una misma mujer, la normalidad va cambiando con los años. Esta gran variabilidad ha contribuido a que no dispongamos de un modelo que explique el funcionamiento de la
sexualidad femenina. Muy conocidos son los estudios de Masters y Johnson que en 1966  describieron un modelo de comportamiento sexual femenino lineal; Este modelo lineal fue modificado posteriormente pero no sufrió variaciones significativas hasta que en 2001 Basson propuso un modelo circular, no lineal, mucho más complejo:

Aunque todo lo anterior dificulta mucho el trabajo de los profesionales, también hay motivos para ser optimistas: la medicina moderna ha demostrado la relación que existe entre la disminución de la líbido y algunas enfermedades -diabetes, hipertensión,…-, ciertos tratamientos farmacológicos y algunas alteraciones psicológicas. Desde un punto de vista psicológico,  aparte de la presencia de un trastorno psicológico – como depresión o ansiedad-, hay varios factores que pueden explicar la disminución de la líbido: desde los más generales como agotamiento, altos niveles de stress laboral o familiar, hasta los problemas de pareja.

Además, no es raro que si la falta de relaciones sexuales se prolonga en el tiempo pueda generar sensaciones de desamor y culpabilidad, que dificultarán, a su vez, la recuperación de una vida sexual sana. La psicología nos brinda hoy tratamientos eficaces en muchos casos de disminución de líbido.

Por otro lado, la industria farmacéutica no ha parado de buscar solución al problema. En la actualidad, los estudios se dirigen en dos direcciones: la primera, necesitamos fármacos que mejoren la lubrificación y la elasticidad genitales para que las relaciones sexuales no sean dolorosas. La segunda, se están desarrollando fármacos que actúen a nivel cerebral para aumentar el apetito sexual propiamente dicho.

En lo que respecta al primer grupo de fármacos, está a punto de comercializarse en España el Osphena. Se trata de un fármaco sin efectos secundarios significativos, que mejora mucho la lubrificación vaginal -más que los estrógenos vaginales que hemos utilizado hasta ahora-.

Para aumentar el apetito sexual, se puede usar la testosterona. Se trata de la hormona masculina por antonomasia que se utiliza a dosis bajas en mujeres. Aunque no está aprobada para su comercialización con este fin, la testosterona ha demostrado que aumenta el apetito sexual, el número de orgasmos yla intensidad del placer. Los efectos secundarios -cambios en la voz, caída de cabello, hirsutismo,…- son infrecuentes cuando los médicos monitorizan cuidadosamente los niveles de testosterona en sangre. Suele administrarse en forma crema de testosterona al 1% y se aplica en brazos, piernas y nalgas.

Pero la gran estrella, “el viagra femenino”, está aún por llegar, aunque podría ser este mismo año: la flibanserina actúa a nivel cerebral en áreas relacionadas con el apetito y el estado de ánimo. Con efectos antidepresivos, los estudios realizados hasta la fecha han demostrado de forma muy consistente que las mujeres que toman el fármaco ven aumentado el número de relaciones sexuales satisfactorias sin presentar efectos secundarios. En la actualidad el fármaco está pendiente de aprobación.

También en estudio se encuentran preparados de acción doble: testosterona sublingual asociada a un principio activo que actúe a nivel cerebral  (Lybrido). Estos últimos fármacos van algo más atrasados en su desarrollo.

Como ginecólogo quiero pasar un mensaje de esperanza a las mujeres que sufran este problema: los médicos podemos ofrecer actualmente soluciones terapéuticas eficaces y seguras. Creo que en pocos años dispondremos de fármacos muy potentes y con mecanismos de acción novedosos que permitirán mejorar mucho los problemas de disfunción sexual femenina.

Antón Millet, ginecólogo, con la colaboración de María Calpe, psicóloga.

 

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Bienvenid@s al nuevo blog “Salud en Femenino”
Antón Millet 04-03-2015 | 12:56 | 0

Hola lector,

Bienvenido a este nuevo blog. Quizás hayas llegado aquí por referencias, quizás por casualidad. Si eres una mujer y estás interesada en cuestiones relacionadas con el  bienestar y la salud femeninas, este blog está dirigido a ti. Si eres hombre que convive con mujeres y sientes curiosidad por temas de salud en general,  esperamos también atraparte.

Soy Antón Millet. Soy médico y trabajo con mujeres. Mis primeros años profesionales se centraron en el aprendizaje de técnicas y conceptos médico-quirúrgicos en general y ginecológicos en particular. Con el tiempo, ha ido creciendo en mi una inquietud por la divulgación de una nueva cultura de la salud. De la salud entendida como concepto global, que incluye la prevención y el tratamiento de enfermedades y que tiene en cuenta a las mujeres en su globalidad, abarcando aspectos físicos y psicológicos, sociolaborales y familiares.

El objetivo de este blog es informar de un modo divulgativo y llano de los distintos avances que en el área de la salud femenina se producen continuamente. El equipo que me acompañará en esta tarea será amplio: matronas, psicólogos, médicos estéticos, pediatras, endocrinólogos… El que colaboren conmigo estos profesionales no es debido a que yo no pueda llevar a cabo la tarea en solitario, sino a que no concibo la salud como una yuxtaposición de áreas estancas: no se puede ser ginecólogo hoy en día sin manejar conceptos  de radiología o psicología, de fisioterapia y deporte, de nutrición y medicina estética. Porque la salud femenina es algo más que ir al ginecólogo una vez al año.

Esperamos contribuir  a que en la sociedad valenciana cuaje este concepto tan actual. Estamos convencidos de que, como sociedad, todos somos responsables de nuestro destino y de que nuestro más valioso patrimonio son nuestros valores y comportamientos. No pensamos que el futuro nos deba venir impuesto sino que será el producto de nuestras decisiones. Para ello, todos debemos esforzarnos por leer y aprender, escuchar y reflexionar, dialogar y dar pasos en la dirección que nos parezca más adecuada, como personas y organizaciones, como sociedad.

Este blog pretende aportar su granito de arena en esta dirección.  Quiero agradecer a la edición online del diario Las Provincias la oportunidad que nos brinda.

Antón Millet, ginecólogo.

 

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Sobre el autor Antón Millet
Especialista en Obstetricia y Ginecología desde el año 2000. Trabaja en Hospital Clínico de Valencia desde 2002. Forma parte de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico de Valencia. Es director y ginecólogo en Clínica Millet - Clínica de la mujer, una clínica de salud para mujeres que integra el trabajo de varios especialistas: ginecólogos, pediatras, endocrinólogos, médicos estéticos, deportivos y psicólogos. EN ESTE BLOG DE SALUD TAMBIÉN PARTICIPAN: Maria José Pau, matrona. Ester Furnieles, matrona. María Calpe, psicóloga.