Las Provincias
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Fecha: abril, 2015
La era de las madres imperfectas
Maria José Pau 27-04-2015 | 6:25 | 1

 

Mi gran amiga y compañera Ester siempre dice que a todas nosotras, justo en el momento en el que test de embarazo nos sale positivo, nos regalan una fusta… y no, no es para lo que os pensáis… ¡cuánto daño han hecho las 50 sombras! La fusta nos sirve para que nos flagelemos cuando la culpa por ser “malas madres” nos ronda en la cabeza y esto ocurre mucho más a menudo de lo que parece.

Puede que sorprenda pero en mi trabajo en la planta de Patología Obstétrica del Hospital La Fe, he visto cómo muchas mujeres se sentían culpables por tener una amenaza de parto prematuro, porque la bolsa ammiótica se hubiera roto antes de tiempo o porque su bebé tuviera una malformación. En su ansia por buscar razones que expliquen estas dolorosas circunstancias, la mayoría acaba pensando que podían haber hecho “algo mal” que desembocara en estos problemas.

Pero más allá de todas estas situaciones especiales, pongamos el caso de un parto completamente normal, una mujer que se ha preparado para ese momento y lo vive con ilusión y ganas de conocer a su bebé… Cuando llega el momento y se lo colocan en su pecho piel con piel, puede ocurrir ese enamoramiento inmediato o por el contrario, puede experimentar sentimientos encontrados y tardar en reconocer al bebé como algo “suyo”. No es necesario decir que en ese momento, la culpabilidad por no mostrarse lo “eufórica” que se espera de ella ya empieza a atormentarla.

¿Y el puerperio? Esa etapa que se supone tan maravillosa y feliz, pero que está llena de altibajos hormonales y emocionales que te hacen vivir en una montaña rusa continúa.

Si tu deseo es dar de mamar, tendrás gente que te apoye pero también mucha otra que te dedique “amables” palabras como que tu leche no es buena, que el bebé te usa de chupete o que lo matas de hambre. Y aunque tengas apoyos y lo tengas muy claro, todas esas opiniones van haciendo mella en tu autoestima. Yo misma tuve una lactancia complicada con mi primera hija y pese a ser profesional sanitario, no había día en el que no me planteara si estaba haciendo algo mal.

Ni que decir tiene si has decidido practicar colecho con tu bebé… es fácil que te tachen de “hippie” y te digan que lo vas a tener durmiendo en tu cama hasta los 15 años

Pero no podemos olvidarnos que si optas por dar biberón, seguro que también alguien te recuerda que la leche materna es el mejor alimento para tu bebé.

A todo esto tenemos que añadir que probablemente no duermas bien, porque al contrario de lo que te han dicho tus matronas, no descansas cuando descansa el bebé, sino que te ocupas de la casa, las visitas o de tus otros hijos. Tu barriguita se ha quedado algo flácida, tu periné te molesta, sudas más de la cuenta, hueles a leche, pensar en ir a la peluquería es una utopía y en ese preciso instante se publica una portada con una de los ángeles de Victoria Secret´s, pongamos Miranda Kerr, Gisele Budchen o cualquiera de ellas, recién parida, amamantando a su bebé y absolutamente divina. O Elsa Pataky, que tras tener gemelos tiene unos abdominales que tú ni siquiera tenías antes del parto y te preguntas ¿por qué yo no? No me entendáis mal… pienso que es muy positivo que salgan esas imágenes para normalizar la lactancia materna, el colecho, el porteo etc… solo que si pudieran salir un poquito menos “perfectas” todas lo agradeceríamos.

Pero sí pensáis que esto acaba aquí, estáis muy equivocadas… Si decidís no trabajar para dedicaros a la crianza, seguro que encontráis voces críticas al respecto de cómo vuestra economía y vuestra carrera profesional se van a resentir.

Si volvéis al trabajo tras la irrisoria baja de maternidad de nuestro país, la presión por trabajar y seguir ocupándoos de la crianza como os gustaría, empezará pronto a pasar factura, con esa sensación de no poder llegar a todo, que os acompañará largo tiempo y probablemente tengáis que elegir entre pasar tiempo con vuestros hijos o ascender laboralmente. En cualquiera de los casos, suele existir un sentimiento de “pérdida” que por el contrario, la mayoría de nuestras parejas no experimentan.

Y mucho más adelante, seguiremos sacando el látigo, cuando el estrés del día a día nos haga olvidarnos que hoy era “el día de la fruta”, tocaba chandal para gimnasia o el “papelito” de la excursión no lo entregamos a tiempo. Si se nos escapa algún que otro grito, ya nos sentimos como si solo nos faltara que nos tatuasen el “mala madre” en la frente, cual letra escarlata.

Entonces si la maternidad supone ese duro camino ¿por qué tenemos la necesidad biológica y emocional de ser madres?

Porque cuando tienes a tu bebé pegadito al cuerpo, cuando lo alimentas, cuando te mira con esa cara de ser lo más importante en su mundo, cuándo eres su único consuelo si está malito, cuándo lo acompañas en sus primeros pasos, en su primer día de colegio y en todos sus avances o cuando tu hija de 12 años te dice que lo mejor del mundo es pasar una tarde contigo de compras y tomarse un batido en el Starbucks,… sientes que todo tiene sentido y que por muchas piedras que nos vayan surgiendo, por muchas exigencias que nos vayamos autoimponiendo, somos las mejores madres para nuestros hijos. Somos “maravillosamente imperfectas”

Mª José Pau, Matrona.

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Parto en casa: ¿es seguro?
Antón Millet 20-04-2015 | 2:17 | 1

 

Una reciente publicación de la organización británica NICE concluye que en un pequeño porcentaje de mujeres de bajo riesgo, se puede intentar un parto en casa. Yo no estoy de acuerdo.

Es cierto que algunas publicaciones recientes han defendido que en pacientes de muy bajo riesgo (jóvenes, delgadas, sin anemia,…), atendidas por matronas experimentadas y con domicilios cercanos a un hospital, los riesgos de los partos en casa son mínimos. Esta idea aparece de forma recurrente y cala en algunos grupos con cierta intensidad. Sin embargo, sólo el 1% de las mujeres da a luz en casa en los países desarrollados. ¿Por qué?

Porque los partos en casa no están exentos de riesgos. Hasta principios del siglo XX la morbi-mortalidad materno fetal en el parto era muy alta: el 10% de los fetos y el 1% de las madres fallecían. Desde mediados de siglo, coincidiendo con la transferencia del acto de dar a luz al ámbito hospitalario, se redujeron drásticamente – pero no se eliminaron- estas cifras. Sé perfectamente que los partos de bajo riesgo pueden ser controlados de forma segura por las matronas y que podemos complacer a las mujeres que desean que no intervengamos en el parto o lo hagamos mínimamente (no epidural, no oxitocina, no romper la bolsa de las aguas artificialmente, …) Sin embargo, también sé que muchas complicaciones aparecen súbitamente y es esencial poder resolverlas en cuestión de minutos.

Existen dos parámetros para valorar la seguridad de los partos en casa: la tasa de lesiones graves/muertes del bebé y de lesiones maternas graves. Dado que todas estas tasas son muy bajas, harían falta estudios con millones de mujeres para llegar a conclusiones fiables. Sin embargo, los datos que nos llegan de países con mayor tradición de parto domiciliario – Inglaterra, Holanda- sugieren que el riesgo de lesión grave/muerte fetal es 3 veces más alto en los partos en casa frente a los hospitalarios. En un 10% de los partos en casa es necesario el traslado a un hospital. Respecto a la mortalidad materna, es cierto que es muy baja en pacientes de bajo riesgo; sin embargo, en muchos casos los riesgos no se conocen hasta que surgen las complicaciones (problemas de coagulación, alergias, problemas cardíacos, neoplásicos…). ¡En un hospital estos problemas se pueden afrontar mucho más rápido – en cuestión de minutos- que en casa!

Estoy convencido de que es imposible asegurar al 100% que una paciente es “de bajo riesgo”. De hecho, en los países desarrollados, el 75% de las pacientes presentan algún factor de riesgo que desaconseja el parto en casa. Es imprescindible asegurar una atención especializada en cuestión de minutos. Una vez garantizada esta, podemos plantearnos que el parto sea “más natural”, personalizado y confortable: casi como en casa.. pero no en casa.

Antón Millet. Ginecólogo.

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¿El deporte podría reducir el riesgo de malformaciones cardiacas?
Antón Millet 13-04-2015 | 10:46 | 0

Como ginecólogo, conozco bien la cara de alegría que ponen los padres ya en la semana 6 de embarazo cuando oyen los latidos cardiacos de su bebé. El corazón se desarrolla muy rápido a lo largo del primer trimestre de gestación.  Sin embargo, por razones que desconocemos, a veces este desarrollo falla; ¡Las malformaciones cardiacas afectan a casi el 1% de recién nacidos! Aunque muchos defectos son menores, otros son graves y requieren de cirugía tras el parto. El problema es que el desarrollo de las malformaciones cardiacas es tan temprano que el daño es irreversible antes del diagnóstico.

Así las cosas, se busca determinar factores reductores de riesgo de malformaciones cardiacas, haciendo especial hincapié en los factores maternos, ya que las madres constituyen el medio ambiente en el que se desarrollan los bebés. Se sabe desde hace años que, tanto en animales como en humanos, la edad materna supone un factor de riesgo de primer nivel de malformaciones. Pero nadie ha podido determinar si esto se debe a la edad de los ovocitos maternos – edad reproductiva- o a la edad biológica de la madre.

Pues bien, un estudio reciente publicado en Nature me ha sorprendido, por su diseño y el optimismo que nos aporta a los que lidiamos con el problema. Los autores reunieron una población de ratones hembra de una extirpe con alto riesgo de malformaciones cardiacas. La mitad de los ratones eran jóvenes y la otra mitad añosos – perimenopáusicos-. El experimento fue sencillo: se trasplantaron los “ovarios jóvenes” de los ratones jóvenes a los ratones añosos. Tras el apareamiento, el riesgo de dar a luz crías con malformaciones cardiacas siguió siendo mayor en los ratones añosos. La edad reproductiva no parecía influir en el riesgo de desarrollar problemas cardiacos.

Este resultado fue alentador ya que la edad ovocitaria no es modificable y si hubiese influido en el riesgo, no hubiésemos podido hacer nada para modificarla… ¿Qué otros factores son modificables? Los autores del artículo pensaron en el metabolismo materno: en efecto, con la edad, el metabolismo pierde eficiencia y el peor procesado de grasas y azúcares podría afectar al útero que es donde se desarrolla el feto. El siguiente paso fue modificar la cantidad de grasa de la dieta de los ratones pero el riesgo tampoco se alteró. Finalmente, intentaron determinar el impacto de la actividad física. Dividieron la población de ratones en 2 grupos: en el primero  – compuesto por ratones jóvenes y añosos- los ratones se mantuvieron activos en ruedas giratorias durante varias semanas antes de gestar;  en el otro grupo se impidió la actividad física. Aquí surge la sorpresa… ¡las madres añosas que hicieron ejercicio tuvieron menos crías con malformaciones que las madres añosas seentarias! De hecho, el riesgo de las primeras fue similar al de las ratonas jóvenes.

Los científicos no conocen los mecanismos a través de los cuales el ejercicio influye sobre el riesgo de cardiopatías; la actividad física podría modificar la expresión de ciertos genes que, a su vez, producirían proteínas que pasarían a sangre materna, contribuyendo al correcto desarrollo del corazón fetal. Por el momento, éstas son sólo hipótesis; además, se desconoce si estos resultados son extrapolables a los humanos. El artículo concluye recomendando que las mujeres embarazadas se mantengan físicamente activas: los beneficios son significativos para madres y fetos; los efectos no deseados, casi inexistentes.

Este hallazgo no hace sino contribuir a mi convencimiento de que el deporte es fundamental para el correcto desarrollo del feto en la especia humana. No concibo ya que una embarazada no haga deporte… y así lo voy a empezar a aplicar en mi práctica clínica.

Dr. Antón Millet, Ginecólogo.

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Sobre el autor Antón Millet
Especialista en Obstetricia y Ginecología desde el año 2000. Trabaja en Hospital Clínico de Valencia desde 2002. Forma parte de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico de Valencia. Es director y ginecólogo en Clínica Millet - Clínica de la mujer, una clínica de salud para mujeres que integra el trabajo de varios especialistas: ginecólogos, pediatras, endocrinólogos, médicos estéticos, deportivos y psicólogos. EN ESTE BLOG DE SALUD TAMBIÉN PARTICIPAN: Maria José Pau, matrona. Ester Furnieles, matrona. María Calpe, psicóloga.