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Categoría: prevención
Métodos anticonceptivos en la adolescencia: preguntas y respuestas

¿POR QUÉ USAR UN MÉTODO ANTICONCEPTIVO EN LA ADOLESCENCIA?

Aunque está empezando a descender, las adolescentes tienen la tasa más elevada de embarazos no deseados y de abortos. Además de su alta eficacia contraceptiva, la píldoras anticonceptivas con estrógenos y progesterona – las clásicas- aportan otros beneficios a nivel de salud y calidad de vida. Entre jóvenes de 15 a 19 años, los anticonceptivos orales son el primer méto­do usado en EEUU y el segundo en Europa.

¿QUÉ MÉTODO ANTICONCEPTIVO DEBEMOS ACONSEJAR EN LA ADOLESCENCIA?

Ante una adolescente/joven sexualmente activa que no desea embarazarse la anticon­cepción debería ser una opción muy eficaz y sencilla. imple. Pero la realidad es más compleja, ya que en la adolescente encontramos dificultades añadidas con respecto a la mujer adulta: menor responsabilidad, olvidos, peor acceso a una buena información (“mitos” sexuales de fuentes poco fiables -internet, amistades,…-). La píldora anticonceptiva ofrece la mayor seguridad anticonceptiva con los menores riesgos a corto y medio plazo. Su única limitación son las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y que se recomienda asociarlo a un método de barrera como el preservativo.

¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS IDEALES DE UN AHC PARA LA ADOLESCENCIA?

En la adolescente es necesaria la aceptabilidad, la facilidad de manejo, la disponibilidad y la privacidad. Para las adolescentes es particularmente importante prescribir una píldora que proporcione un control de ciclo bastante regular. Las adolescentes son menos tole­rantes a los sangrados irregulares que las mujeres de más edad y tienden a aban­donar más los tratamientos.

¿CUÁNDO PUEDE EMPEZAR UNA ADOLESCENTE CON LA AHC?

Los AHC pueden prescribirse una vez que la adolescente inicia las menstruacio­nes. Sin embargo, es importante realizar un chequeo con el ginecólogo para valorar riesgos – enfermedades de transmisión sexual, problemas de salud que contraindiquen el uso de anticonceptivos, …-. Los AHC pueden prescribirse en una primera visita tras la exploración ginecológi­ca (incluida una toma cervical para citología), aunque ésta puede posponerse a los próximos 3 meses si detectamos que la adolescente tiene miedo o vergüenza a una primera valoración por el médico.

¿ES DIFÍCIL TOMAR DE FORMA REGULAR Y SIN FALLOS UN AHC?

Las adolescentes son el grupo de población con más facilidad para tener “olvidos” en la toma de la píldora. La tasa de fallos de la AHC entre las adolescentes alcanza hasta el 32%, comparado con el 5% en todos los grupos de usuarias. El miedo a engordar, las irregularidades menstruales, y otros efectos secundarios como náuseas, dolor mamario y de cabeza son motivos frecuentes de abandono. La mayoría de estos miedos al uso de AHC son infundados, por ello deben ser in­formadas de que la ganancia de peso es poco frecuente con los AHC de baja dosis o prácticamente inexistente con las formulaciones actuales. El sangrado irregular no es preocupante y tiende a resolverse a los pocos ciclos de uso.

ADEMÁS DE EVITAR EL EMBARAZO, ¿QUÉ OTROS BENEFICIOS TIENE EL ANTICONCEPTIVO EN LA ADOLESCENTE?

Los AHC tienen muchos beneficios para la salud que deben repasarse con la adolescente que está considerando usar la píldora. Los AHC pueden usarse para tratar ciertas enfermedades: la endometrio­sis, la falta de reglas por falta de estrógenos, los trastornos menstruales por fallos ovulatorios, el dolor menstrual, los sangrados abundantes,… En nuestro blog encontrarás información sobre este tema.

¿QUÉ AHC ELEGIR EN UNA ADOLESCENTE?

La tasa de fallos de los anticonceptivos orales cuando se usan correctamente es < 0.25 %. Sin embargo la tasa de fallos entre adolescentes puede alcanzar hasta el 15% debido al mal uso. ¡Las adolescentes olvidan un promedio de 3 píldoras al mes! La nueva generación de píldoras tiene una dosis muy baja de estrógenos (< 50 μg) y nuevos gestágenos que mejoraran su tolerancia y reducen sus efectos secundarios.

El AHC ideal para la adolescente es aquel que asegure:

  • Un alto cumplimiento, minimizándose el riesgo de embarazo por olvidos.
  • Una buena tolerancia, con un buen patrón de sangrado que evite abandonos.
  • Con mínimos efectos secundarios.
  • Que confiera otros beneficios no contraceptivos para la usuaria que aseguren aún más el cumplimiento y tratamiento a largo plazo.

¿SON VERDAD ALGUNOS DE LOS MITOS SOBRE LA AHC?

Tras el preservativo, la AHC es el método más utilizados por los adolescentes. Mu­chos médicos promueven el método de doble protección para la anticoncepción y ETS en adolescentes, recomendando el uso simultáneo de AHC y preservativo.

Es importante que las adolescentes conozcan la verdad sobre los mitos que rodean a la anticoncepción.

  • La ganancia de peso es considerada como un efecto secundario por la mayoría de las adolescentes. Los gestágenos – uno de los componentes de las píldoras- pueden aumentar el apetito, pero la evi­dencia sugiere que la mayoría de adolescentes que usan AHC se mantienen en el mismo rango de peso que al inicio. Si la adolescente está convencida de que ha engordado por tomar AHC puede aconsejarse una dieta equilibrada y ejer­cicio o si el problema persiste, cambiar a un AHC que contenga un gestágeno diferente.
  • El mal cumplimiento del uso de AHC es característico de este grupo de edad. Se puede ayudar a resolverlo enseñándoles a establecer claves de memoria, como colocar las píldoras cerca del cepillo de dientes, en el cajón de la ropa interior o alguna otra similar. Las nuevas tecnologías también puede ayudarnos a mejorar el cumplimiento en la toma del AHC, como las aplicaciones para mó­viles con calendarios y alarmas de fácil manejo.
  • El temor a la exploración ginecológica puede contribuir al rechazo de las ado­lescentes a buscar anticoncepción. Se debe recordar que no es imprescindible su realización en la primera visita e Informarles paso a paso de las maniobras que se van a realizar para aminorar su ansiedad.

 

Dr. Antón Millet • Ginecólogo

Clínica Millet • Clínica de la Mujer • Ginecología, obstetricia, reproducción asistida, diagnóstico prenatal, preparto, posparto, pediatría, endocrinología, deporte, psicología y medicina estética.

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La importancia de las palabras y la lucha contra el cáncer

programas de prevención cáncer mamario

 

Llegan las elecciones y es inevitable escuchar, simultáneamente y sobre un mismo tema, mensajes positivos y negativos de gobernantes y oposición. La salud pública está en el epicentro del debate. Cómo sabéis, sigo con interés todo lo que se publica sobre los programas de cribado de cáncer mamario; sin embargo, cualquier análisis crítico de estos programas queda distorsionado por el debate ideológico sobre recortes sociales.

Y sin embargo, deberíamos ser capaces de interpretar críticamente lo que los responsables de salud pública – en su mayoría cargos políticos- nos transmiten. Es normal pensar que usar parámetros “similares” para describir la eficacia con la que luchamos contra el cáncer debería ofrecer una información “similar” pero esto no siempre es así. Los dos parámetros a tener en cuenta para valorar los resultados de los programas de cribado contra el cáncer son las tasas de supervivencia y las de mortalidad. ¿A qué supervivencia y mortalidad parecen 2 caras de una misma moneda? No lo son. No saberlo puede llevarnos a engaño.

Las tasas de mortalidad se obtienen tomando el número de pacientes que fallecen por una causa a lo largo de un año y dividiendo ese número por la población total. Por ejemplo, la tasa de mortalidad en varones por cáncer de pulmón es de 61,6 por 100.000 personas. La tasa de supervivencia refleja la cantidad de personas que sobreviven a la enfermedad un determinado número de años tras el diagnóstico.

La mayoría de los estudios utilizan la tasa de supervivencia por dos razones: es más fácil de calcular – sólo hay que hacer un seguimiento de los pacientes con cáncer y del tiempo que sobreviven- y aporta la información que desean los pacientes -quieren saber el tiempo que van a vivir-. Las tasas de mortalidad no ofrecen información individual sino poblacional y son más difíciles de entender y de calcular.

Se pueden mejorar las dos tasas – mortalidad y supervivencia- reduciendo el número de pacientes que contraen la enfermedad (mejor prevención) y/o aumentando el número de pacientes que sobreviven a ella (mejor tratamiento). La supervivencia, además, se puede “prolongar” adelantando el momento del diagnóstico. ¡Entender esto es la clave de la cuestión!

Os pongo un ejemplo de cosecha propia, ¡así que un poco de imaginación! imaginad que el cáncer de dedo meñique sólo se puede diagnosticar palpando un nódulo en el dedo. Imaginad que, desde el momento en el que se palpa, con el mejor tratamiento disponible, el paciente vive 4 años como mucho. La supervivencia a 5 años es del 0% -nadie sobrevive más de 4 años-. Ahora imaginad que descubrimos una técnica radiológica que permite ver el tumor 5 años antes de que podamos palparlo. Sin mejorar el tratamiento, los pacientes viven ahora 9 años desde diagnóstico hasta fallecimiento. ¡La supervivencia a 5 años ha pasado a ser del 100%! La paradoja es que no ha cambiado el número de pacientes que fallecen cada año por la enfermedad, sólo se adelanta el momento del diagnóstico…

Aquellos que quieren que se mantengan los programas de cribado sólo hablan de tasas de supervivencia. Justifican mejor las enormes inversiones en estos programas. Habría que exigir también resultados en términos de mortalidad.

La segunda cuestión es la del sobre- diagnóstico: imaginad que algunos tumores de dedo meñique que se diagnostican con la nueva tecnología nunca llegarán a palparse ni conllevarán un riesgo para la salud de los pacientes – si, algunos tumores desaparecen solos-. Dado que los diagnosticamos tempranamente, aumentamos artificialmente las tasas de supervivencia; de nuevo, mejoramos artificialmente la supervivencia sin mejorar la mejorar la mortalidad.

Es importante conocer estos matices: diagnosticar más tumores puede no aportar beneficios en términos de mortalidad… terreno abonado a la demagogia. Me permito hacer una reflexión general “en voz alta”: ante ciertos debates técnicos y científicos complejos, los ciudadanos deberíamos poder contar con opiniones técnicas objetivas.

Menos dogma y más pragmatismo.

 


Dr. Antón Millet • Ginecólogo

Clínica Millet  • Clínica de la Mujer Valencia

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Sobre el autor Antón Millet
Especialista en Obstetricia y Ginecología desde el año 2000. Trabaja en Hospital Clínico de Valencia desde 2002. Forma parte de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico de Valencia. Es director y ginecólogo en Clínica Millet - Clínica de la mujer, una clínica de salud para mujeres que integra el trabajo de varios especialistas: ginecólogos, pediatras, endocrinólogos, médicos estéticos, deportivos y psicólogos. EN ESTE BLOG DE SALUD TAMBIÉN PARTICIPAN: Maria José Pau, matrona. Ester Furnieles, matrona. María Calpe, psicóloga.