Las Provincias
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Categoría: psicología
Amor y sexo en tiempos del Sr Grey

 

Hace tiempo que quería escribir algo al respecto de este tema y el lanzamiento del cuarto libro de la tan trillada serie, me ha dado la oportunidad…

Sí, lo confieso, yo he leído las 50 sombras. Cómo lectora empedernida que soy, devoro todo lo que cae en mis manos desde Murakami a Megan Maxwell, pasando por las hermanas Brontë, qué le vamos a hacer… Por eso me apetecía escribir sobre este “fenómeno” por llamarlo de alguna manera. Pero por supuesto voy a intentar darle un punto de vista matronil.

¿Qué nos ha aportado el Sr.Grey a nuestra vida cotidiana? Aparte claro, de cuatro libros de dudosa calidad literaria y una película que ha recibido sorprendentes críticas por doquier. Sorprendentes porque ¿qué esperaban? ¿Casablanca? Pues revisando recortes de prensa al respecto, me he encontrado con noticias tan dispares como el aumento de la natalidad en muchos países tras la publicación de las novelas, cosa que por otro lado, agradecemos los profesionales que trabajamos en este campo y un repunte exagerado del consumo de juguetes sexuales y de literatura erótica. Además, diferentes encuestas de población evidencian un aumento de la líbido femenina tras la lectura de la trilogía. Y digo yo… si nuestra vida sexual mejora tras la aparición de un señor con una fusta y un helicóptero… ¿no nos lo tendríamos que hacer mirar? Como profesional que acompaña a las mujeres en todo su ciclo sexual y reproductivo, no puedo más que sorprenderme.

No todo va a ser negativo, por supuesto. Cualquier excusa es buena para ampliar nuestra visión y disfrutar de nuestra sexualidad y si tiene que ser mediante el uso de juguetes sexuales, pues qué así sea ¡Qué tire la primera piedra quien no le haya dado por usar unas esposas tras leerse los dichosos libritos!

Por otro lado, creo que el Sr Grey nos ha quitado un poco la vergüenza… Me explico. En su momento me daba reparo reconocer que había leído a Almudena Grandes o a Anaïs Nin y sin embargo contemplo estupefacta cómo mi sobrina adolescente comparte tranquilamente libros de este tipo con sus compañeras de clase. Además, el desembarco del Sr Grey en las librerías nos ha permitido redescubrir un género con autores de muchísima más calidad literaria. He de confesar que tengo predilección por la valenciana Elisabet Benavent. Os la recomiendo.

Pero no puedo acabar este post sin dirigirme a mis madres y padres del taller de crianza, porque al fin y al cabo, tienen en sus manos la semilla de lo que será nuestra sociedad futura. Y en este punto no puedo más que encontrar elementos negativos en el Sr Grey.

Madres y padres de niñas, por favor os pido que transmitáis a vuestras hijas que el tan rancio y manido “Eres mía” no es romántico ni tierno, es posesivo y machista. No necesitamos ser la mujer en la vida de nadie, sino las dueñas de nuestro propio destino. No necesitamos un dueño sino un compañero de camino. No recuerdo dónde lo leí, pero me encanta esta frase “No puedo ser la mujer de tu vida, porque soy la mujer de la mía”

Madres y padres de niños, os ruego que transmitáis a vuestro hijos que poner un localizador en el móvil de su pareja no es sexy…. es de ser un celoso maníaco posesivo. No queremos a alguien que controle nuestra forma de vestir, dónde trabajamos o con quién con relacionamos. No necesitamos promesas de amor eterno si ello conlleva anular nuestra personalidad.

Lo dicho, madres y padres tenéis en vuestras manos la esperanza de que nuestra futura sociedad se cimiente en la igualdad y en el respeto mutuo.

 

María José Pau • Matrona en Clínica Millet

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El club de los padres incomprendidos

De los creadores de “La era de las madres imperfectas” ya tenemos aquí la esperada continuación para aquellos que pedían su merecido momento de gloria…

Es cierto que en todo este proceso del embarazo, posparto y maternidad, muchas veces nos olvidamos de la figura de la pareja. Yo misma cómo profesional, he de entonar el “mea culpa” ya que, tan centrados cómo estamos en los cuidados físicos y emocionales que conlleva el embarazo, en pocas ocasiones preguntamos a los papás que acompañan a sus parejas cómo se sienten al respecto.

Afortunadamente, ahora es algo habitual lo que hace algunos años era impensable: padres que acompañan a sus parejas a las revisiones y están presentes e implicados en el momento del parto. Y no sólo eso, sino que asisten atentos a las clases de educación maternal, haciendo esfuerzos sobrehumanos para no poner cara de “seta” mientras hablamos tranquilamente de ejercicios perineales, pezones, loquios y sequedad vaginal. Si eso no es amor, que venga Dios y lo vea.

Y tras el embarazo y el parto ¿qué papel juegan nuestros padres incomprendidos en la crianza? David Beckham se tatúa un Minion para hacer feliz a su hija y Alejandro Sanz les compone canciones sí, peros nuestros papis son capaces de aprender a cambiar pañales en tiempo record y a cantar canciones que calman llantos o colgarse un portabebés sin ningún tipo de pudor y acabar cambiando las fiestas de los fines de semana por ver en el cine la última de Pixar.

Nuestros papis acaban aprendiendo a hacer coletas sin que parezca que una mira a Boston y otra a California y a combinar la ropa sin que sus cachorros parezcan recién salidos de un desfile de Agatha Ruíz de la Prada. Trabajan toda la noche y sin dormir van a una reunión con la tutora del cole o pasan la tarde en el último cumpleaños en las “bolas”, corriendo el riesgo de acabar incluso disfrazados de Elsa de “Frozen”. Para los que tengáis alguna hija en camino he de advertiros que las niñas tienen una especial fijación en travestir a sus padres.

Podría seguir así un buen rato enumerando todas hazañas, aventuras y desventuras de esos padres incomprendidos, todo ello mientras se ven presionados por la responsabilidad que conlleva la visión todavía paternalista de lo que se considera su papel en la crianza. Porque no nos engañemos, a esta generación de padres todavía les han trasmitido la necesidad de ejercer el papel de cuidador, protector y mantenedor de la familia y queridos papis, nosotras no necesitamos alguien que nos cuide y nos proteja, si no un compañero con el que recorrer ese camino maravilloso, pero lleno de luces y sombras que supone la crianza.

 

María José Pau • Matrona en Clínica Millet

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¿Has perdido el embarazo?

Siempre me ha gustado pensar que empatizo con mis pacientes embarazadas, especialmente con aquellas que pasan por el duro trago de abortar. ¡Les digo “entiendo cómo te sientes”… pero ahora dudo que esto sea así! Acabo de leer una encuesta que se ha realizado en pacientes que han perdido el embarazo en primer trimestre. Los resultados me han sorprendido mucho.

Entre el 15-20% de los embarazos diagnosticados se pierden a lo largo del primer trimestre; se supone que un porcentaje – no determinado- se pierde también antes de que el embarazo se haya diagnosticado. El aborto constituye con mucho la complicación más frecuente del embarazo. Hoy sabemos que el 60% de las gestaciones se pierden por aneuploidías – en palabras llanas, el embrión lleva un número “incorrecto” de cromosomas-. Otras causas de aborto son: alteraciones estructurales del útero -miomas, tabiques-, trombofilias -predisposición a trombosis-, alteraciones hormonales -prolactina y tiroides- y autoinmunes. Además de las potenciales secuelas físicas, muchas mujeres soportan una importante carga psicológica durante meses. Este impacto se ha equiparado al de la pérdida de un familiar cercano.  Los sanitarios no siempre somos conscientes de esto…

La percepción de las pacientes encuestadas ha sido toda una sorpresa para mí. El 55% de las mujeres creía que los abortos eran “algo infrecuente” – menos del 6%- y un 10% de las mujeres pensaba que la incidencia de la menor del 2%. Por lo que respecta a las causas, el 74% de las pacientes sabía que la mayoría de los abortos era debido a problemas genéticos del embrión. Sin embargo, el 26% de las mujeres pensaba que el determinante del aborto había sido un efecto externo al embarazo como las drogas, el alcohol o el tabaco. Tres de cada cuatro pacientes pensaban también que un acontecimiento estresante podía originar abortos; muchas pacientes pensaban que otros factores también estaban relacionados: levantar peso (64%), haber usado un DIU (28%), haber utilizado anticonceptivos orales  en el pasado (22%).

Respecto al impacto psicológico producido por el aborto, me ha sorprendido su magnitud. El 37% de las pacientes equiparan el aborto a la pérdida de un hijo, el 47%  se siente culpable, un porcentaje similar percibe que han “hecho algo mal” y un 30%  alberga sentimientos de culpa. Por último, el 80% de las mujeres desean conocer la causa del aborto. Me ha desconcertado que sólo el 45% de las mujeres refiere haber recibido apoyo psicológico por parte del equipo médico y que el 25% refiere no haber recibido ningún apoyo psicológico.

En el futuro voy a dedicar más tiempo a explicar todo esto a mis pacientes. Hasta ahora nunca les he ofrecido una consulta con el psicólogo… Quizás haya llegado el momento de hacerlo.

Dr. Antón Millet • Ginecólogo en Clínica Millet 

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La era de las madres imperfectas

 

Mi gran amiga y compañera Ester siempre dice que a todas nosotras, justo en el momento en el que test de embarazo nos sale positivo, nos regalan una fusta… y no, no es para lo que os pensáis… ¡cuánto daño han hecho las 50 sombras! La fusta nos sirve para que nos flagelemos cuando la culpa por ser “malas madres” nos ronda en la cabeza y esto ocurre mucho más a menudo de lo que parece.

Puede que sorprenda pero en mi trabajo en la planta de Patología Obstétrica del Hospital La Fe, he visto cómo muchas mujeres se sentían culpables por tener una amenaza de parto prematuro, porque la bolsa ammiótica se hubiera roto antes de tiempo o porque su bebé tuviera una malformación. En su ansia por buscar razones que expliquen estas dolorosas circunstancias, la mayoría acaba pensando que podían haber hecho “algo mal” que desembocara en estos problemas.

Pero más allá de todas estas situaciones especiales, pongamos el caso de un parto completamente normal, una mujer que se ha preparado para ese momento y lo vive con ilusión y ganas de conocer a su bebé… Cuando llega el momento y se lo colocan en su pecho piel con piel, puede ocurrir ese enamoramiento inmediato o por el contrario, puede experimentar sentimientos encontrados y tardar en reconocer al bebé como algo “suyo”. No es necesario decir que en ese momento, la culpabilidad por no mostrarse lo “eufórica” que se espera de ella ya empieza a atormentarla.

¿Y el puerperio? Esa etapa que se supone tan maravillosa y feliz, pero que está llena de altibajos hormonales y emocionales que te hacen vivir en una montaña rusa continúa.

Si tu deseo es dar de mamar, tendrás gente que te apoye pero también mucha otra que te dedique “amables” palabras como que tu leche no es buena, que el bebé te usa de chupete o que lo matas de hambre. Y aunque tengas apoyos y lo tengas muy claro, todas esas opiniones van haciendo mella en tu autoestima. Yo misma tuve una lactancia complicada con mi primera hija y pese a ser profesional sanitario, no había día en el que no me planteara si estaba haciendo algo mal.

Ni que decir tiene si has decidido practicar colecho con tu bebé… es fácil que te tachen de “hippie” y te digan que lo vas a tener durmiendo en tu cama hasta los 15 años

Pero no podemos olvidarnos que si optas por dar biberón, seguro que también alguien te recuerda que la leche materna es el mejor alimento para tu bebé.

A todo esto tenemos que añadir que probablemente no duermas bien, porque al contrario de lo que te han dicho tus matronas, no descansas cuando descansa el bebé, sino que te ocupas de la casa, las visitas o de tus otros hijos. Tu barriguita se ha quedado algo flácida, tu periné te molesta, sudas más de la cuenta, hueles a leche, pensar en ir a la peluquería es una utopía y en ese preciso instante se publica una portada con una de los ángeles de Victoria Secret´s, pongamos Miranda Kerr, Gisele Budchen o cualquiera de ellas, recién parida, amamantando a su bebé y absolutamente divina. O Elsa Pataky, que tras tener gemelos tiene unos abdominales que tú ni siquiera tenías antes del parto y te preguntas ¿por qué yo no? No me entendáis mal… pienso que es muy positivo que salgan esas imágenes para normalizar la lactancia materna, el colecho, el porteo etc… solo que si pudieran salir un poquito menos “perfectas” todas lo agradeceríamos.

Pero sí pensáis que esto acaba aquí, estáis muy equivocadas… Si decidís no trabajar para dedicaros a la crianza, seguro que encontráis voces críticas al respecto de cómo vuestra economía y vuestra carrera profesional se van a resentir.

Si volvéis al trabajo tras la irrisoria baja de maternidad de nuestro país, la presión por trabajar y seguir ocupándoos de la crianza como os gustaría, empezará pronto a pasar factura, con esa sensación de no poder llegar a todo, que os acompañará largo tiempo y probablemente tengáis que elegir entre pasar tiempo con vuestros hijos o ascender laboralmente. En cualquiera de los casos, suele existir un sentimiento de “pérdida” que por el contrario, la mayoría de nuestras parejas no experimentan.

Y mucho más adelante, seguiremos sacando el látigo, cuando el estrés del día a día nos haga olvidarnos que hoy era “el día de la fruta”, tocaba chandal para gimnasia o el “papelito” de la excursión no lo entregamos a tiempo. Si se nos escapa algún que otro grito, ya nos sentimos como si solo nos faltara que nos tatuasen el “mala madre” en la frente, cual letra escarlata.

Entonces si la maternidad supone ese duro camino ¿por qué tenemos la necesidad biológica y emocional de ser madres?

Porque cuando tienes a tu bebé pegadito al cuerpo, cuando lo alimentas, cuando te mira con esa cara de ser lo más importante en su mundo, cuándo eres su único consuelo si está malito, cuándo lo acompañas en sus primeros pasos, en su primer día de colegio y en todos sus avances o cuando tu hija de 12 años te dice que lo mejor del mundo es pasar una tarde contigo de compras y tomarse un batido en el Starbucks,… sientes que todo tiene sentido y que por muchas piedras que nos vayan surgiendo, por muchas exigencias que nos vayamos autoimponiendo, somos las mejores madres para nuestros hijos. Somos “maravillosamente imperfectas”

Mª José Pau, Matrona.

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La vida después de la menopausia

Este post va dedicado a mi amiga Mar y surge de alguna de las conversaciones con mis chicas delante de una copa de vino.

A lo mejor es algo atrevido para alguien de 35 años hablar de los aspectos que rodean a la menopausia, pero mi trabajo como Matrona acompañando a mujeres a lo largo de su ciclo sexual y reproductivo, hace que pueda compartir con ellas muchas experiencias, inquietudes y expectativas.

Las mujeres, a lo largo de nuestra vida, somos “víctimas” de los sucesivos cambios hormonales que tienen lugar en nuestro cuerpo, desde la adolescencia a la menopausia. Esta montaña rusa hormonal influye tanto en nuestra fisiología pero en nuestra psique. El fenómeno principal que caracteriza a la menopausia es la pérdida de la capacidad reproductiva que viene relacionada con una caída brusca de la producción hormonal.

Los cambios fisiológicos que se producen durante la menopausia son de sobra conocidos y la mayoría de los “efectos secundarios” pueden paliarse con mayor o menor facilidad. Los “sofocos” se pueden mejorar con fitoterapia a base de soja y pólenes, con estrógenos y con otras terapias alternativas. Para la sequedad vaginal tenemos infinidad de productos de buenísima calidad en el mercado. La pérdida de masa ósea se soluciona con ejercicio físico y una buena alimentación y en los casos necesarios, con farmacoterapia. El aumento del riesgo cardiovascular y el desarrollo de diabetes también es posible prevenirlo con la práctica de ejercicio físico y alimentación adecuada.

¿Por qué entonces si tenemos todas estas “soluciones” hay mujeres que no recuperan su líbido o que pierden su autoestima?

En la adolescencia comenzamos con una búsqueda de nuestra propia identidad que en la mayoría de los casos se alarga hasta bien entrada la veintena. Durante la treintena, en la mayoría de los casos hemos alcanzado esa aceptación de nosotras mismas y nuestro cuerpo y nos centramos en la búsqueda de una estabilidad laboral, emocional y familiar. Teóricamente, cuando llegamos a los 40 y los 50, ya hemos completado esas búsquedas y llegamos a un momento de estabilidad y metas alcanzadas.

Entonces, ¿Por qué entonces en numerosas ocasiones las mujeres a esa edad no se sienten completas e incluso experimentan un sentimiento de pérdida?

Es un hecho que la sociedad es más dura con las mujeres que con los hombres. En el ámbito laboral, las mujeres trabajan más para conseguir la misma remuneración o consideración que los hombres. Nos han vendido la farsa de la conciliación de la vida laboral y familiar, pretendiendo convertirnos en una especie de  “super woman” que puede compaginar perfectamente su puesto de trabajo y disfrutar de la crianza, pero la realidad es bien distinta. Y cuando llega la menopausia, esas exigencias no disminuyen. Nuestro cuerpo cambia pese a que nos bombardean con imágenes publicitarias que nada tienen que ver con la realidad. Si no hemos sido capaces de alcanzar nuestros objetivos laborales, ahora lo tendremos más difícil que nunca.

Por mucho que nos consideremos una sociedad avanzada, seguimos arrastrando un sistema patriarcal en el que la mujeres perdemos “valor” cuando no somos ya capaces de concebir, todo lo contrario que en otras culturas en las que la menopausia genera prestigio y reconocimiento social. Diversos estudios antropológicos muestran que en función de la visión que tenga la sociedad de la mujer menopáusica, dependerá la intensidad de la sintomatología asociada. Esto sugiere que los factores sociales y culturales influirán en la sintomatología y en la calidad de vida tras la menopausia.

Esto debería servirnos de llamada de atención, tanto a las mujeres como a los profesionales relacionados con la salud de las mujeres. Es necesario un trabajo personal de cada una de nosotras para potenciar nuestra autoestima y nuestra sensación de valía social, para afrontar esta etapa de nuestra vida igual que otras, de manera plena y consciente.

María José Pau

Matrona en CM – Clínica de la Mujer

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El secreto de la longevidad

Hace algún tiempo leí la historia de una anciana americana – 95 años- que seguía participando con regularidad en competiciones de atletismo. Me intrigó mucho. ¿Cómo se puede vivir mucho gozando de buena salud?, ¿Es una cuestión de genética favorable que solo unos pocos poseen o todos podemos disfrutar de ello?

He indagado en los componentes que requiere la pócima de la eterna juventud y la genética no parecer ser un requisito fundamental.  Los estudios epidemiológicos con gemelos sugieren que la longevidad está genéticamente determinada en no más del 25%-30%. Los cromosomas van “acortándose” con los años y este acortamiento se ha intentado relacionar con el envejecimiento; sin embargo, la mayoría de las pacientes de edad avanzadas tienen un acortamiento cromosómico “estándar”, similar a la de pacientes que fallecen a edades más tempranas.

Respecto a la dieta, se ha comprobado que las personas longevas toman dietas variadas,  pero no tienen porqué ser “especiales”. No se ha podido demostrar que ciertas dietas permitan vivir más años. Lo importante es que las dietas sean variadas y equilibradas.

Por el contrario, un factor esencial de la ancianidad “saludable” es la actividad física: el ejercicio mantiene la salud cardiaca y potencia la fuerza y al resistencia muscular. Muchos estudios muestran que el ejercicio protege también el cerebro, promoviendo las conexiones neuronales de ciertas áreas cerebrales – especialmente la memoria-. La vida activa permite envejecer más despacio.

Las 6 reglas de la longevidad son:

-       Muévete: haz ejercicio.

-       Duerme bastante.

-       Mantén una vida social satisfactoria.

-       Cree en algo.

-       Empieza ya.

-       No lo hagas si no te gusta.

No es fácil hacer ejercicio a edades avanzadas y nadie critica a un anciano por no hacer deporte. El espíritu de sacrificio es determinante para superarse físicamente cada día, especialmente más allá de los 80 años.

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Sobre el autor Antón Millet
Especialista en Obstetricia y Ginecología desde el año 2000. Trabaja en Hospital Clínico de Valencia desde 2002. Forma parte de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico de Valencia. Es director y ginecólogo en Clínica Millet - Clínica de la mujer, una clínica de salud para mujeres que integra el trabajo de varios especialistas: ginecólogos, pediatras, endocrinólogos, médicos estéticos, deportivos y psicólogos. EN ESTE BLOG DE SALUD TAMBIÉN PARTICIPAN: Maria José Pau, matrona. Ester Furnieles, matrona. María Calpe, psicóloga.