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Arturo Checa

Almas con patas

Héroes de Nepal

El comienzo del amor.

Están un día en casa, o en el cine, o jugando con sus hijos, o disfrutando con sus parejas de una tarde de asueto. O están corriendo por el parque, deleitándose con su último hueso de juguete, echando una de esas deliciosas siestas mientras el sol calienta sus hocicos. Ellos, seres humanos y perros, están pasando un día de sus vidas normales, de sus existencias tranquilas en nuestro mundo ordenado. Y de repente, a ellos, humanos y perros, les llega una llamada. La tierra ha temblado en algún punto del mundo. O un edificio se ha venido abajo por una explosión de gas. O un corrimiento de tierras amenaza con haber dejado sepultadas a unas cuantas personas.

El descanso del guerrero.

Y allá tienen que irse. No importa dónde sea. Ni cuantos kilómetros tengan que recorrer u horas de sueño acaben perdiendo. O que no cobren ni un sólo euro por eso. No es su trabajo real. Ellos son bomberos, miembros de Protección Civil, policías, médicos, enfermeros, adiestradores caninos… Eso sí, el único pago que reciben por esta labor es el más grande. El de la inmensidad de ayudar a otros seres humanos, de ver sus sonrisas cuando los ven asomar en el horizonte, y en muchas ocasiones el impagable tesoro de salvar una vida. Y ya se sabe que “quien salva una vida, salva el mundo”.

Amo y perro, uña y carne.

Ellos (en esta ocasión, porque otras veces son otros muchos) han sido los humanos y los perros de la ONG IAE, una entidad de voluntarios humanos y caninos existente desde 1999, con sede en Algemesí, que durante una larga semana han buscado supervivientes, o cuerpos con los que aliviar algo el eterno dolor de sus seres queridos, entre el dantesco escenario de un Nepal arrasado por el terremoto.

Esperanza en el infierno.

Héroes anónimos, ciudadanos normales y corrientes, personas y perros de a pie que durante una semana han afrontado jornadas de sol a sol, entre lamentos, lloros, silencios marcados por la angustia y tristeza de la población local. Y poniendo en peligro sus vidas. Desde Nepal lo confirmaba Moises Belloch, jefe del grupo de rescate. “En una ocasión tuvimos que salir corriendo porque una réplica amenazaba con derrumbarlo todo de nuevo”.

Dos héroes.

Ver sus vídeos es echarse a temblar. Subidos en los alto de lo que quedaba de un hotel de cinco plantas, un castillo de naipes gigantesco formado por bloques de cemento, vigas retorcidas y hierros arrasados. Caminando por azoteas con inclinaciones espantosas para colocar geolocalizadores con el que intentar dar con algún cuerpo o superviviente.

Ya está aquí mi papá.

Ya están de vuelta en casa. Sin vidas salvadas esta vez en su cuenta de humildes superhéroes, aunque otras muchas veces sí lo han hecho. En Nepal era imposible, en un infierno de casas de adobe tornadas en un lodazal de barro y piedras por el terremoto, sin hueco posible para la supervivencia, pero con la satisfacción de haber llevado calor humano y esperanza a los nepalíes que viven para contarlo.

El lunes tomaron tierra en Manises, tras un regreso en avión de casi un día de duración, entre escalas y aviones retrasados. La última de las pruebas a su entrega por los demás. En el aeropuerto se les abrazaron sus hijos, les besaron sus parejas, acariciaron su pelo sus padres, les felicitaron sus amigos. En el aeropuerto palmearon sus lomos, ellos sonrieron con sus lenguas fuera, jadeando de felicidad ante tanta muestra de cariño. En el aeropuerto, humanos y perros, los integrantes de los héroes de la ong IAE, recibieron el mayor de los tesoros: la gratitud de los demás por entregar sus vidas y su tiempo a hacer mejor la existencia de otros.

A todos ellos, perros y humanos. GRACIAS. A los miembros de IAE, a Moises, María José y tantos otros… A Casper, Cody, Hira y Mali, sus almas con patas. A elllos GRACIAS en esta ocasión. Pero también GRACIAS a otros grupos asentados en la Comunitat que dan su tiempo y su esfuerzo por los demás. Como a los integrantes de la UCR, la Unidad Canina de Rescate de Valencia. Hace unas semanas, en apenas unos minutos, comprobaron que no había víctimas en el derrumbe de un Consum de la calle San Vicente de Valencia. No les importó que fuera a la hora de comer. Como si hubiera sido en noche cerrada. O que no fuera en su horario de trabajos. Salvar vidas no entiende de funcionariados. Allá se fueron y allá comprobaron que no había nadie en peligro.

Un perro de la UCR busca en el derrumbe del Consum.

 

Y las mismas GRACIAS para los voluntarios del GERCA, Grupo Especialista de Rescate Canino, con expertos de cuatro patas como Golfo o Maya, otro abnegados voluntarios entregados a los demás. Gracias a ellos fue posible el mes pasado dar con un hombre desaparecido en la Sierra Helada de Benidorm. Fallecido, sí, pero gracias a su entrega fue posible localizar su cuerpo y que sus familiares pudieran darle un último hasta pronto.
A todos ellos, a los HÉROES de Nepal y a los demás, todos de andar por casa. GRACIAS.

Titanes.

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