LA CHISPA
Sin perdón
Carlos Pajuelo de Arcos
Se ha hablado mucho de culpa y perdón en estos días de significación religiosa católica y también se ha dicho, en numerosas ocasiones, en que la ofensa ha trascendido lo personal, “manchando” a las Instituciones, a la Iglesia y a otras. Todas han pedido un perdón globalizador. Borrón y cuenta nueva. No, no es eso.
Se habla entonces de que un sujeto o varios no son representativos. Es posible.
¿Entonces cual es el límite para no perder la credibilidad? Creo que el temporal. El calendario entre la ofensa y la petición de ser perdonado. Ahí está el caso de Galileo, o el de la dictadura argentina o chilena o la famosa “memoria histórica”. A buenas horas mangas verdes.
Pedir perdón no exime, no calma, no justifica, no evade, no satisface.
Conectar esa petición global con el individuo y personalizarla desde quien ha sido ofendido debe ser una tarea difícil.
Reflexiono sobre la pederastia, o el cómo las instituciones religiosas, militares y políticas – a toro pasado, muy pasado, por cierto- piden públicamente perdón y en algunos casos reclaman la gracia del olvido sin la restauración del daño.
Menos pedir perdón y más tomar medidas. ¿Qué participación en la culpa tenemos aquellos que ofrecemos opinión y que, a veces contribuimos a crearla?
Reflexiono sobre Neira, el profesor; no toda ofensa es clerical o sexual, y reflexiono sobre los soportes mediáticos, aquellos que, buscando la primicia condenan a los bomberos de Cataluña , tenidos como etarras, y luego, claro, les piden perdón.
La televisión ha contribuido a difundir un aspecto de Neira ajeno a su intervención valiente. Está en entredicho. Ha pedido una pistola y alguien le llamará desequilibrado. Debe retirarse de la luz pública
El prefijo “per” y el verbo “donare” que significa “pasar, cruzar. pasar por encima de” y en función de la palabra latina original se puede cambiar por condonación viene la fianza. ¿No, Matas?
Hay asuntos que no tienen posibilidad de ser perdonados. Vaya usted a pedir perdón a quienes han perdido a su familia en una “razzia” moderna; hable con la gente del metro , o con la madre de Seseña o a quien ha sido violado siendo un niño. Sin perdón. Buenos días.