LA ESPERA DEL PACIENTE
No solo es paciente el que espera ser atendido por una enfermedad . Hay otros sujetos pacientes.
En estos momentos parece que lo somos todos. Estamos a las puertas de la urgencia nacional.
Los mortales que militamos en la tropa del ciudadano anónimo, sufrimos esperas sin fin y eso nos convierte en pacientes y lo somos como sujetos que han sido normalizados por años de experiencias ,convirtiéndonos en corderos prestos a ser sacrificados en el altar de otros más aguerridos.
Es imprescindible hablar, una vez más, de los políticos que se enzarzan en proclamas de falsos salvadores del bien común y lo teatralizan en las tribunas llamadas Congreso y Senado.
He visto lo que hacen y dicen nuestros representantes en esas instituciones; lo he visto con los ojos llenos de atención y el ánimo dispuesto a entender y he comprobado que estamos lejos todavía de esos otros Parlamentos en los que la distancia entre oposición y gobierno es mínima y pese a ello los gritos que se infieren son descomunales y también estamos lejos de la agresión física en la que uno, o varios diputados, se lanzan sobre sus oponentes a puñetazo limpio para consolidar sus opiniones. Eso me tranquiliza por el momento.
Creo que da lo mismo, porque aquí con el uso de la palabra más o menos hiriente, el gesto más o menos digno, estamos estancados en el barro de la incomprensión y la ambición.
Asisto a nuestro espectáculo, pre o post democrático, con la paciencia del que se aposta para eso que llaman “verlas venir” sin más intención que la del insulto breve y definitivo de “inútiles”.
Eso me lleva al concepto de paciencia y de su ejercicio humano en forma de paciente. Recuerdo la doble condición de adjetivo y sustantivo del concepto y me permito darle un par de vueltas al término.
Yo soy un adjetivo y me apresto a esperar con calma, pese a las condiciones adversas y también sustantivo porque me aqueja un mal y espero ser atendido, hoy no por salud, si no por dolor ciudadano.
Por fortuna no estoy en una lista hospitalaria de Neurología en la que se pueden observar demoras de hasta un año para ser diagnosticado.