A MIGUEL DE SIR CHARLES O EL TOLSTOI DE PATRAIX
Digo Charles y el resto como me llamabas y yo a ti filósofo.
El caso es que no habían pasado 48 horas de haber hablado de tus piernas y la dificultad de moverlas y esta mañana me llega la noticia de que te has muerto, en calma y se diría que sin enterarte.
Una putada. Habíamos hecho planes para difundir más tu obra. Yo he ido a estar en la antesala porque no he querido pasar a verte, aunque estuvieras tapado con madera,ni mañana iré a ver cómo te incineran. Prefiero recordarte de otra forma…que quieres, ya me conoces
He visto a Maru rota y no es para menos.
Está claro que tu filosofía vital se ha roto. Nos hemos tomado muchos cafés juntos, nos hemos reído de casi todo y hemos sido diletantes hasta extremos que algunos dirían que en exceso.
¡Que entusiasmo el vuestro al descubrir el té! Y yo muerto de risa porque siempre me ha parecido una medicina y la búsqueda constante de la paz en un entorno menos ruidoso que el de la última casa.
Me informabas de vuestros viajes y en alguna ocasión te he sugerido algún sitio, un restaurante, una visita y en esa recreación me has ayudado a revivir en mi otros momentos.
De esto del morirse también habíamos hablado mucho y me has llevado la delantera a traición. No estamos acostumbrados a la muerte y por mucho que tu hayas escrito sobre su simbolismo en muchas culturas y del papel de la religión y de la religiosidad, el asunto no queda claro.
No sigo. Me quedo con tu chilaba en verano y tus pantuflas y tu comentario sobre “la mastresa” que te lo preparaba todo y todavía, ya me callo, te oigo comentar:
¿Maru. para el jueves por la tarde que tengo? Y al fondo la voz de ella recordándote esto o aquello.
Prefiero recordarte así y no digo la relamida frase de Descanse en paz. Te llevo en la memoria vivo. Adiós Miguel Catalán.
Carlos pajuelo de arcos