EL MONOPOLIO
Quienes escribimos estamos expuestos a la crítica, al rechazo de algunos lectores e incluso de más de algunos, o sea de muchos.
Las razones son varias y pensando en obviar la corrección ortográfica, el posible error en el uso de algún adjetivo, el no poner una coma etc. Yo encuentro que el rechazo puede ser debido a una cuestión ideológica; a un sentimiento de pertenencia a un grupo al que las ideas de uno, por muy liberales que parezcan o que son, no le gustan nada, provocando un rechazo casi visceral.
Eso no es bueno ni para el rechazado, aunque vaya en el sueldo, ni para el que rechaza que debe hacer un esfuerzo psicológico mayor, un plus anímico.
He llegado a la conclusión de que aquí en las relaciones públicomediaticas, e incluso en las relaciones personales, surge el concepto del monopolio ideológico. Como es costumbre en mí, en ocasiones apelo a la definición para saber de qué se está hablando.
Un monopolio se trata de una situación de privilegio legal en el cual existe un productor o agente económico (monopolista) que posee un gran poder de mercado y es el único en una industria dada que posee un producto, bien, recurso o servicio determinado y diferenciado.
Para que exista un monopolio, es necesario que en dicho mercado no existan productos sustitutivos, es decir, no existe ningún otro bien económico que pueda reemplazar el producto determinado y, por lo tanto, es la única posibilidad que tiene el consumidor de comprar.
Transformemos esta visión económica al mundo de las ideas políticas o personales en cualquier otra materia y llegaremos a la conclusión de que hay partidos, medios de comunicación y personas que creen que son solo ellos los depositantes de la verdad, del honor, de la honestidad, y que por tanto están en posesión de la herramienta que permitirá a quien les escucha y les crea que son ellos quienes nos salvarán de la miseria, el deshonor, que nos devolverán la dignidad y eso mismo los convierte en salvapatrias y salvapersonas. ¡Dios nos libre de ellos!
Solo les pido que reflexionen con serenidad sobre esto y sepamos aceptar, yo entre ellos, que no todo el mundo piensa como uno.