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Héctor Esteban

El francotirador

El PP, a tres años vista



En tres años el PP valenciano se la juega.  Y sí, pongo encima de la mesa las paellas que hagan falta. Me iluminó el otro día un familiar muy cercano que ponía el grito en el cielo porque le habían subido el recibo del agua a costa de los lodos y traductoras de Emarsa. Y este, que antes se medicaba contra los (presuntos) casos de corrupción con tertulias gatunas, ya no encuentra remiendo al agujero que le han hecho en su bolsillo. Los populares o espabilan o caerán por su propia inercia. Pero ojo, con condiciones, por si alguno ya se está pensando lo de la paella en la huerta. Primero se tendrán que dar algunos hechos:

Oltra, porque yo lo valgo

Compromís tendría que plantearse si debe tener otro candidato. El nacionalista Enric Morera es bon xic pero poco más. Sirve de acompañamiento. Comparsa. Fabra se lo merendó en el hemiciclo el día de la huelga.  Una mirada en twitter despeja cualquier tipo de dudas: Oltra, más de 26.000 seguidores; Morera, poco más de 3.800. La coalición, por la que nadie daba un duro, se ha ganado a muchos jóvenes. Muchos de ellos en paro o alargando sus estudios para no hacer de la desidia su rutina. Con ganas de cambio mientras se automatizan a través de las redes sociales donde los Grezzi y compañía se mueven como pez en el agua. Y tienen tres años por delante para seguir dando caña al calor de primaveras, camisetas y vitamina Compromís. E incluso han colocado al alcalde más opaco de la Comunitat, Joan Baldoví, (no lo digo yo, sino la Sindicatura de Comptes) como diputado en Madrid. Ahora, todos los partidos que integran Compromís han aprobado crear una dirección única. Ese es el peligro: un caldo de cultivo ideal para que surjan rencillas, celos y envidias. Los despechos son muy complicados de gestionar.

Esquerra Unida ha emergido de sus cenizas y del complejo Llamazares del que sólo se recuerda que prestó su jeta para el retrato robot de Bin Laden. Porque hay que recordar que a Llamazares quien le ponía de verdad era Oltra y no Glòria Marcos. EU, con la transición tranquila de Marga Sanz, tiene un diamante en bruto en la retaguardia que si hace las cosas bien debería sacar a la palestra en 2015: Ignacio Blanco. Un tipo joven, serio y capaz. La auténtica revelación de una legislatura demasiado perdida en asuntos judiciales. EU ha crecido porque ha sido fiel a un programa a la izquierda de la izquierda sin demasiadas estridencias ni chalaneos. El 29-M tocaba hacer huelga y se hizo huelga. Nada de inventos de servicios mínimos. Eso es para los modernos. Ahora sólo tienen que ajustar el discurso a los tiempos y saber vestirse. Apunten, apunten: en Andalucía, de 6 a 12 escaños. Aviso para navegantes.

Unión, Progreso y Democracia (UPyD). El partido de Rosa Díez ya tiene diputado en el Congreso por Valencia: Toni Cantó. Extrapolando los resultados del 20-N al mayo pasado estarían como grupo en Les Corts. Están ante la oportunidad de su vida. Meter cabeza es restarle a los demás y van a trabajar en ello. Es más, incluso podrían ser en cuatro años la nueva Unió Valenciana de Lizondo. No por los ideales sino por la llave de la gobernabilidad de la Generalitat. La política callejera de UPyD da resultados o al menos lo interpretan muy bien. La clave está en acertar con el candidato. Si va de actores, que no recurran a Willy Toledo. Para algo popular que pesquen en l’Alqueria Blanca.

La nueva ejecutiva socialista, con Pla al volante

El PSPV forma la cuarta pata. Pero realmente es la que cojea. Ahora sale un nuevo proyecto desde Alicante con Ximo Puig al frente y que ha metido en la Ejecutiva a más gente de la que cabe en un autobús. La integración, algo que los socialistas valencianos no entienden, no pasa por lo nominal y la cantidad. Pasa porque nadie se sienta fuera. De Alicante hay muchos que se han largado desplazados, por mucho que la nueva dirección, tan erótica ella, la compongan 69 miembros. El PSPV, que venera a Lerma como si fuera el brazo incorrupto de San Vicente Mártir, ha vuelto casi a la época de Tejero y Naranjito para recuperar la Generalitat. Puig entró en Les Corts Valencianes el mismo año que TV3 comenzó a retransmitir en Cataluña.

Pero los socialistas valencianos no saben vivir sin infidelidades, sin cerrar acuerdos turbios en locales con neón, sin una paz que no existe y con la sensación de que en Blanquerías los que mueven los hilos son carrozas que no entienden que ya es hora de dejar de vivir a la sopa boba con sueldo público y que los intereses de la sociedad no son los suyos. Si el PSPV sigue con las venas abiertas no habrá puntos de sutura aunque se llamen Compromís, EU, UPyD o la madre que los parió.

Alarte ha sido enterrado con los peores resultados de la historia del socialismo valenciano. Y aquí no valen paños calientes. En las generales se dejó en el camino 400.000 votos, que no es moco de pavo y en Les Corts la imagen es deplorable. O Blanquerías entiende que debe recuperar a pasos agigantados o en 2015 la amenaza del PSPV en número de escaños no será el PP sino Compromís. Lo cierto es que Alarte, lo único que ha ganado en estos meses son kilos en un partido depresivo y que danza al ritmo de los nacionalistas-ecosocialistas.

¿Y el Partido Popular? Se la juegan a la crisis. Es decir, a salir de ella. El paro y el desempleo ha llevado a Rajoy a la Moncloa pero se puede llevar a Fabra o al que sea de la Generalitat. Porque mi familiar, el del recibo del agua, ya se acuerda de los parientes cercanos de más de uno. Porque el bolsillo le pica. Y más ver a su hijo en paro. Y ahora ya no ve a los que hacen el paseíllo judicial como uno de los suyos. Y sabe que Brugal es algo más que una marca de ron; que las ayudas para los pobres fueron para los ricos o para enriquecerse; que Gürtel es uno más en la mesa y sobremesa e incluso sospechan que Urdangarin es concejal del PP de algún pueblo limítrofe. A uno, cuando le tocan el bolsillo se pone de uñas. Y el PP, tan acostumbrado a sacar pecho, vio como en mayo las encuestan que apuntaban 60 diputados se quedaron en 55 y gracias. Y que en noviembre no se cumplió la promesa veraniega de Fabra de darle un millón y medio de votos a Rajoy con el viento huracanado a favor. Lo cierto es que nadie ha batido a la dupla Camps-Costa: 1.415,793 votos para la lista de Rajoy en 2008.

El PP tiene un problema que parece que Fabra quiere solucionar con una renovación con el cambio de caras. En la Comunitat Valenciana sólo hay una política que está por encima de la siglas: Rita Barberá. Va a cumplir 21 años como alcaldesa.  Si en la calle Quart no cierran heridas y se afanan en reinventarse, la primera fuga de la cañería se podría dar en el cap i casal. Rus, Blasco, Alicante, Castellón y el resto ya se encargarán de abrir las compuertas para la pantanà si Génova se duerme. Los congresos, tanto el regional como los provinciales son la clave para que no vaya tot per l’aire. Los populares tienen en su mano cambiar las sensaciones.

 

Por Héctor Esteban

Sobre el autor

Periodista. Me enseñaron en comarcas, aprendí en política y me trastorné en deportes. No pretendo caer bien. Si no has aparecido en este blog, no eres nadie.


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