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Héctor Esteban

El francotirador

Los asesores hooligan, Ana Pastor y el Ku Klux Klan


Una vez entré en el despacho de una persona. Sobre la mesa, una copa con una rodaja de limón y un botellín de cola vacío. Días después volví. En el mismo sitio, la copa, la rodaja de limón mustia y el botellín. Aquel tipo, repantigado en su sillón de cuero, no había sido capaz ni siquiera de retirar aquello. Aquel tipo era asesor político.

 

Muchos jueves por la mañana, durante la sesión de control al presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, dirijo mi mirada hacia la tribuna de invitados de Les Corts Valencianes. Allí, con el cartel de no hay billetes, se amontonan cargos del segundo escalón y asesores que, durante hora y media, asisten mudos a las preguntas de los grupos parlamentarios. Cada vez que los miro siempre pienso lo mismo: ¿Estos no tienen trabajo hoy? Estar allí sin hacer nada, sin ni siquiera poder aplaudir o abuchear, es de todo menos productivo. ¡Con la faena que queda por hacer!

Hoy en día, con el boom de las nuevas tecnologías y las redes sociales, dale un teléfono móvil y una cuenta de twitter a un asesor político y no dudes que te hundirá el mundo. El asesor, una figura que supuestamente debe aconsejar e ilustrar al político de turno en sus decisiones, ha derivado en algunos casos en un enchufado, amigo o familar capaz de echar por la borda el trabajo del partido al que representa. El asesor forofo, aquel que es premiado con un sueldo público por exceso de militancia, daña la labor del político y alimenta la desafección ciudadana.

Al primero que le explotó el cóctel teléfono móvil y redes sociales fue a Ángel Mínguez (@angelminguez), personal de confianza del presidente de Les Corts, Juan Cotino, al inicio de la legislatura. Este es el tuit:

 

A Mínguez el asunto se le escapó de las manos. Su tuit contra Ana Pastor (@_anapastor_) hábilmente respondido por la periodista, generó un tsunami de reacciones. Medios de toda España le dieron a Mínguez una relevancia  incluso superior a la del presidente de la Generalitat y hasta gente como Alejandro Sanz (@AlejandroSanz), el español con más seguidores en Twitter con casi 9 millones, participaron de la polémica:

 

 

Hoy, Mínguez, está alejado del sueldo público. Dejó Les Corts y se gana la vida como odontólogo.

Otro de los asesores de referencia en este tipo de polémicas es Luis Salom (@LuisSalom). En su “cuenta PERSONAL que gestiona con absoluta libertad” acumula casi 43.000 tuits. Esa carga de trabajo implica que uno dedique una buena parte del día a avivar el debate en las redes sociales. Lo compaginará con su trabajo, digo yo. Salom se ha convertido en el azote (término de moda) de los partidos de izquierda como PSPV y Compromís, con los que mantiene encarnizadas luchas en las redes sociales.

A Salom, en ocasiones la dupla Twitter y móvil también se le va de las manos como cuando insinuó un consumo de cocaína desmesurado en Andalucía tras el resultado de las elecciones andaluzas. Se supone que sería una apreciación al hilo del caso de los EREs.

Otro de los asesores que tuitea a tumba abierta es Giuseppe Grezzi (@giuseppegrezzi) , el chico travieso de Compromís, que combate en las redes sociales con su militancia como bandera. Grezzi encontró acomodo como asesor tras ir en la lista municipal de 2011 al Ayuntamiento de Valencia y no salir elegido. El abrigo de un sueldo público es maravilloso en tiempos de crisis. Hoy, su labor es más conocida por sus bromas a los cofrades de la semana santa y por sus camisetas que por sus consejos a Joan Ribó.

 

 

Por cierto, tanto Salom como Grezzi, enemigos políticos íntimos, nunca se cuestionan el sueldo: los dos ganan 4.000 euros brutos al mes.

Cuando aterricé en esto de la información política hace más de una década me encontré con tres personas: José Martí, Fabrizio Muzzati y Xavier Aliaga. Eran los responsables de prensa de los tres grupos parlamentarios de Les Corts. Los dos primeros siguen en el tajo mientras el tercero hace tiempo que inició una aventura de escritor y con éxito. Pero por encima de todo son tres profesionales y ejemplo de cómo se hace un trabajo. Los tres me enseñaron.

Hoy, en la administración, hay dignos herederos de estas tres personas. Conozco a muchos periodistas (que es mi negociado) en el otro lado que realizan su labor de manera sobresaliente. Gente discreta, que se cree su trabajo, que ilustra con acierto y que se gana el sueldo que le pagan. Pero también ha proliferado como setas el asesor enchufado, colocado por su ideología política, sin preparación, familiares y amigos, sin capacidad de aconsejar y que le debe el puesto al trabajado peloteo. De estos, muchos son jóvenes. De la misma generación que se gana los cuartos en tierra extraña mientras ellos se acurrucan al calor del sueldo de varios miles de euros y sin sentir la soledad de la cola del paro.

Y junto a ellos, veteranos y aprovechados como el socialista Miguel Soler, personal eventual de Les Corts Valencianes, que fue a su puesto de trabajo por primera vez seis meses después de ser nombrado y tras cobrar 12.000 euros por ello. Un Miguel Soler que necesita c0mo el agua ese puesto de asesor público para salvaguardar, con la correspondiente excedencia forzosa, su puesto de funcionario. Es decir, para que si lo tiran del partido pueda volver a su anterior trabajo. Porque el PSPV tampoco se salva y si no que se lo pregunten a la troupe que se trajo la nueva dirección de Gandia.

En la desafección de la política ha tenido mucho que ver la figura del asesor. Si quiere saber lo que cobran en la Comunitat pinche aquí: sueldos. Las sospechas del enchufismo descarado y bien pagado ha generado mucha bilis en una sociedad muy tocada. La regeneración también pasa por darle al asesor el verdadero sentido, la definición que da la Real Académia Española, que en ninguna de sus acepciones recoge la de estómagos agradecidos.

P. D: Si algún asesor político lee esto que libremente se sitúe en el lado que quiera.

 

Por Héctor Esteban

Sobre el autor

Periodista. Me enseñaron en comarcas, aprendí en política y me trastorné en deportes. No pretendo caer bien. Si no has aparecido en este blog, no eres nadie.


abril 2013
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