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Héctor Esteban

El francotirador

Un atentado contra la paella de Love of Lesbian y Estrella Damm

Ya está aquí el veranito. Con el anuncio de Estrella Damm y su pandilla de hipsters ha llegado el momento de meterse unas cervecitas entre pecho y espalda para empezar a pillar bronceado y cacho (si es posible). Da igual que en la calle haga un frío del carajo y que la mayoría haya tenido que recuperar la ropa de invierno ya guardada. Desde hace unas temporaditas, el inicio del verano lo marca la publicidad de Mediterráneamente y sus pijillos de cala y catamarán. Lo de la noche de San Juan y el solsticio con hoguera incluida ha quedado para jóvenes de botellón y desempleados que no se pueden pagar un chaletito de lujo en alguna isla perdida.

Los de la cervecera han contratado para la ocasión a Love of Lesbian, uno de los mejores grupos de la actualidad con un cantante como Santi Balmes que tendrá mucho rollito pero que de hacer paellas no tiene ni pajolera idea. Aquí tenéis el buenrollismo del anuncio.

Los chicos topeguay, de cuerpos estupendos y sin un gramo de grasa pese a hincharse a cervezas, lo primero que se montan es una fogata de campamento para poner la paella (sí el recipiente, que paellera no existe). Sin saber que una de las claves para hacer un estupendo arroz es el fuego. La madre de todos los secretos. Su equilibrio, su disposición, su mimo, su tiempo, su expansión… Una paella no se hace en tres piedras como un boy scout. El agua nenes, que se os va a ir el agua; luego el caldo, que se va de varas el caldo… ¿y una aceitera de aliñar ensaladas? Pero coge la botella macho, como toda la vida.

El tal Balmes es tan grande que prueba el caldo con una cucharilla de café. ¿Pero esto qué es? Dónde se ha visto tan desmesurada aberración. Incluso en el vídeo parece que se mete en la boca una cucharada de azafrán a palo seco. Amigo, pásate por la calle de las Cestas de Valencia y píllate una de madera. Una cuchara como mandan los cánones. La otra te la dejas para el yogurt.

Pero el atentado más sangrante de estos indocumentados que encienden fuego en pleno monte lo cometen todos esos aprendices de chef que sin ton ni son empiezan a mezclar los calamares con la bajoqueta, el pimiento, las gambas y lo que les viene en gana porque así lo dice la madre que los parió. Y luego llega el tal Balmes y pandilla y dispone los mejillones encima del arroz como si aquello fuera un imán de nevera. Ni ‘El Paellador’ que invade el centro de Valencia hace tanto daño al plato valenciano por excelencia. Y al final, el tipo esparce una cosa por encima que nadie sabe qué es. El toque final intuyo yo.

Una cosa más listillos. Aquí, cuando uno se va con los amigos, la paella se come en la paella. Es decir, todos alrededor del sacrosanto arroz con cuchara en mano para agradecer la labor del único cocinero. Nada de chefs en grupo. En todo colectivo hay un/a paellero/a por excelencia que se somete al veredicto implacable de los comensales. Y si no caben todos alrededor del círculo, se hacen dos paellas. Nada de platos de plástico. Y la gente no se levanta de la mesa hasta que el socarrat, ese arroz tostado que se pega a la base de acero, se termina y la paella queda con un lustre que ni el Fairy de los de Villarriba y Villabajo.

El anuncio termina con un concierto del grupo en cuestión y con toda la peña liberando feromonas que se supone que es por el efecto cachondo de las cervezas, aunque yo me inclino más que es por el cóctel explosivo de la digestión de eso que (mal)llaman paella.

Propongo que en el próximo anuncio le pongan sobrasada mallorquina al cocido madrileño, que al gazpacho andaluz le echen horchata y que en las mariscadas gallegas pongan un buen chuletón de Ávila. Ya está bien señores. Un poquito de respeto a las abuelas y abuelos de todos nosotros que nos inculcaron que en casa, los domingos, se santifica el arroz.

La paella mixta existe. Es una aberración foránea que se ha insertado por incultos arroceros en folletos turísticos más allá de las fronteras de nuestra Comunitat.

La Comunidad de la Paella hace su aportación

Señores publicistas, antes de haber hecho esto podían haber consultado la Wikipaella del gran Paco Alonso y la Comunidad de la Paella, quizá una de las personas que más sabe de arroz y paellas de esta Comunitat. Yo sé que Santi Balmes queda más in de cocinero, pero el gran Paco (no dejen de visitar su blog: Paco a la Naranja) hubiera hecho una paella que seguro que la cerveza hubiera quedado en un segundo plano. Espero tanto el veredicto de Paco como el de La Comunidad de la Paella.

Confío en que sean implacables.

Por Héctor Esteban

Sobre el autor

Periodista. Me enseñaron en comarcas, aprendí en política y me trastorné en deportes. No pretendo caer bien. Si no has aparecido en este blog, no eres nadie.


mayo 2013
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