La política hizo justicia. Esquerra Unida, por encima de todo, se cobró la deuda con la autoridad que dan las urnas. El 10.3% del total de los votos en la Comunitat ha sido el bálsamo reparador para la coalición que lidera Marga Sanz, que ahora sí se puede decir que ha cruzado la meta de su travesía por el desierto.
El resultado de Esquerra Unida esbozó en mi cara una media sonrisa de satisfacción general. Me acordé de Marina Albiol y Lluís Torró. Con la primera, durante mi etapa en Les Corts, no entablé una relación más allá del mero formalismo. Quizá los absurdos clichés crearon una pantalla que ninguno de los dos supimos agujerear. Albiol, enfant terrible, puso el Parlamento patas arriba en alguna intervención pero nadie puede negar que defendió sus ideales con convicción, energía e incluso vehemencia, siempre necesaria en política. Desde el domingo es nueva eurodiputada. El tiempo, que ha mesurado su discurso y sus formas, le ha hecho mejor parlamentaria.
La relación con Lluís Torró siempre fue más cercana. Un gran tipo con pinta de ermitaño de biblioteca. Profesor universitario, aficionado al clarinete, siempre con camisas dos tallas más grandes y gran orador con su valenciano de Alcoi. Un político que tuvo razones para dejar la vida pública en la pasada legislatura pero que con buen criterio decidió darse una segunda oportunidad.
Me alegro por Albiol y Torró, los dos únicos diputados que en su día no participaron de la traición a Glòria Marcos por parte de sus excompañeros de Compromís. Los dos, en el destierro de la última fila del hemiciclo y con la precariedad económica que cuelga de la condición de no adscritos, ofrecieron a todo el hemiciclo una lección de dignidad durante los tres años que sobrevivieron en el destierro. Ahora, son un grupo superlativo con un Ignacio Blanco como diputado revelación y Esther López, que abandonó sus algaradas iniciales, para ser en la próxima legislatura una gran parlamentaria. Marga Sanz gestiona como madre.
La clave de Esquerra Unida es la lealtad a sus principios. Una querencia que se traduce en la fidelidad de sus votantes. Algunos van y vienen pero al final siempre vuelven. Además, EU no engaña. Es lo que hay. Por eso mantienen su voto en zonas castellanohablantes, donde el dicurso del uso del valenciano no es argumento talibán y de desprecio para esos miles de votantes que entienden y aman el valenciano pero que no lo utilizan como primera lengua. Quizá, los que levantan la bandera idiomática por encima de todas las cosas deberían saber que hay un territorio por conquistar, de gente pacífica, ajena a polémicas estériles y donde en los colegios también se enseña el valenciano a hijos de padres satisfechos.
Esquerra Unida ya mira a Compromís desde el piso de arriba. Con solvencia. Sin hacer ruido. Dejando pasar el tiempo para que todo vuelva a su sitio. Compromís, como ha quedado claro, lo fiará todo a Mónica Oltra, la única que le permitirá dar el salto de calidad por encima de cualquier modelo de primarias. La coalición de Morera empieza a tener problemas en feudos importantes donde no termina de arrancar y con recién llegados como Podemos, que si colma las expectativas será un problema en 2015.
Del PP hay poco que decir. El medio millón de votos que ha perdido en la Comunitat es titular suficiente para calibrar la debacle autonómica y municipal que está por venir. Para perder, será difícil que alguien dé un paso al frente para quemarse a lo bonzo con la gasolina de 2015.
Los socialistas, con unos resultados tan paupérrimos como los del PP, se asirán a futuras coaliciones para gobernar la Generalitat. Ximo Puig, el de la eterna renovación, se agarrará a cualquier corcho flotante para ser investido Molt Honorable para satisfacción del buche y del gaznate de la vieja guardia, que aspira a volver a tener cuenta en el bar de la esquina. Y sumará a aquellos adolescente virginales que en su día se aplicaron aquello de “donde fueres haz lo que vieres” como Carmen Montón o Herick Campos, que ya han pasado la treintena chupando media vida de la teta pública.
En fin. Mis felicitaciones a Esquerra Unida.
La ráfaga: Por cierto, ahora todo el mundo ha empezado ya a dejarse crecer la coleta para aplacar el efecto Podemos. Ilusos.