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El síndrome de Darrin

Nadie puede vencer a 'El Príncipe' de Telecinco

“Bienvenido a El Príncipe, jefe”

Fran Peyón

 

 

Nadie confiaba en el éxito de ‘El Príncipe’ de Telecinco, o por lo menos no sospechaban ni de lejos que se convertiría en el bombazo de audiencia que ha acabado siendo. No. Por mucho que Telecinco lo vendiese como su gran apuesta para la temporada no las tenía todas consigo de que fuese a funcionar. Razones para temer no le faltaban. Al fin y al cabo no es una cadena donde hayan funcionado últimamente las series dramáticas ni cuenta con un público a favor de este tipo de productos. Sólo hay que recordar fracasos como el de ‘La fuga‘. La propuesta además no era la típica (con bares, abuelos y nietos) como las que en el pasado brillaron en la emisora de Fuencarral. Por eso Telecinco corrió a compararla con ‘Sin tetas no hay paraíso’, para ver si colaba y por ahí enganchaba a algún espectador más.

Los propios creadores no eran conscientes de lo que iba a suceder con su producto. Confiaban en él (estaría bueno) pero les costó tanto sacarlo adelante, se encontraron con tantos noes, que es normal que al final las dudas les asaltasen.

Y la competencia tampoco estuvo afinada. Si Antena 3 hubiese olido que ‘El Príncipe’ de Telecinco iba a hacer tanto ruido no se lo habría puesto fácil. Pero esta vez se durmió. Antena 3 lleva años siendo la reina de la ficción. Serie que estrena, serie que se convierte en éxito. Y ha visto cómo sus competidoras no podían hacerle frente en ese terreno. Creyeron que esta vez sería igual y decidieron no contraatacar y mantener su ‘Bienvenidos al Lolita’, pese a que ya daba síntomas de flaqueza. Ni la estrategia de Mediaset de estrenar esta historia policiaca a la vez en todos sus canales les motivó a reaccionar. Por eso se entiende que unas semanas después cuando Telecinco presentó un nuevo título, ‘B&B’, no quisieran correr riesgos y plantaron cara desde el primer día (con buen resultado) con ‘Velvet’. Nunca hay que bajar la guardia ni menospreciar al rival. La noche de los martes ha sido en los últimos meses de ‘El Príncipe’ y no ha encontrado contrincante a su altura. Antena 3 lo intentó después con el fallido ‘A bailar’ y con la miniserie ‘Rescatando a Sara’ pero ambos llegaron demasiado tarde. TVE, con menos margen de maniobra, confió en sus ‘Misterios de Laura’, con resultados discretos. Más de cinco millones de espectadores se engancharon desde el primer capítulo a la trama del inspector Morey, Fátima y compañía. Y han querido durante 13 semanas saber qué sucedía en las entrañas del barrio ceutí en donde se desarrolla la ficción.

 

Que haya sido un éxito tan contundente (en torno al 25% de cuota de pantalla y con picos de hasta el 30%) beneficia a todos: a las cadenas, a las productoras, al público. ‘El Príncipe’ como tal, por su ejecución final, no era la serie que a priori fuese a cambiar la historia de la ficción en España. Sin embargo, su excelente acogida sí puede marcar un punto de inflexión. Ha demostrado que si se hace bien y se buscan las condiciones propicias la ficción es capaz de ser muy competitiva y de arrastrar a muchos usuarios. Sea en Telecinco o en TeleÚbeda.

 

 

Vayamos por partes. Lo primero, poner nombres y apellidos a los padres de la hazaña, que no son ni Coronado, ni Álex González, ni Hiba Abouk. Ellos dan la cara (también el cuerpo, mucho cuerpo, sobre todo Álex, Hiba y Rubén Cortada) pero no fueron quienes la concibieron. Los padres son Aitor Gabilondo y César Benítez, en la que es la primera producción de Plano a Plano. A eso se le llama llegar y besar al príncipe. O al santo. Qué sé yo. Gabilondo y Benítez no son unos recién convocados. El primero estuvo en ‘El comisario’ o ‘Periodistas’, entre otras, y el segundo produjo películas como ‘Todos los hombres sois iguales’ y ‘El amor perjudica seriamente la salud’ y exitazos como ‘Al salir de clase’. En la elaboración de guión han estado plumas eficaces como Verónica Fernández, Carlos López, Susana Sánchez Carvajal o Joan Barbero. Hay que empezar a nombrar y reivindicar más a los que escriben las series en España. Es fuerte que aquí conozcamos mejor a Aaron Sorkin (el de ‘The Newsroom’ y ‘El ala oeste de la Casa Blanca’) o a David Simon (el de ‘The wire’ y ‘Treme’) que a quienes conciben las tramas nacionales.

Una vez hecha la reivindicación digamos que ‘El Príncipe’ es una serie correcta, que va de menos a más y que cuenta con una producción, puesta en escena y montaje notables. Igual que el primer episodio va mejorando a medida que avanza, con los capítulos en general pasa lo mismo. Según continúa la temporada el interés aumenta y las piezas van acoplándose solas. Se ha hablado mucho del cásting, en algunos casos no para bien. A Álex González le han caído palos, por ejemplo, por su inexpresividad. Y es cierto que el muchacho no es el rey del matiz, pero en este personaje, que se supone frío y distante, encaja bien. Mucho más forzado está Cortada, pero reconozcamos que a ambos el físico les pesa demasiado a la hora de ser valorados. Más naturales resultan Hiba Abouk o Thaïs Blume. Y por supuesto Coronado, que se conoce el papel al dedillo, pues ya se lo han adjudicado en una decena de ocasiones. 

 

 

 

¿Por qué ha triunfado tanto?

En un primer lugar, la promoción, desde luego, jugó un enorme papel. Telecinco llevaba tiempo anunciándola y hablando maravillas de ellas. Por otro lado la audiencia se había quedado huérfana de una gran serie, como fue ‘El tiempo entre costuras’, que también arrastró semana tras semana a un buen número de espectadores. Cuando ésta acabó esa parte del público quedó a la espera de otro gran título. Y éste lo ha servido Telecinco.

Las historias de amor nunca fallan. Por evidentes y ñoñas que sean, como es en este caso, si se plantean bien, enganchan. Y la de Morey y Fátima gusta y provoca interés. En los últimos años la producción nacional ha usado como reclamo los desnudos de torsos masculinos. Parece una idea simple. Pero los físicos de ellos (de Mario Casas, de Yon González, de Hugo Silva) venden y enganchan. Y no sólo a adolescentes. ‘El Príncipe’ lo ha constatado. Álex González y Rubén Cortada despiertan el interés de una parte del sector femenino, que seguramente no se acercaría a este thriller (género que cuenta con más adeptos entre el público masculino) si no incluyese una trama de amor y si no la protagonizasen tipos de buen ver. Ojo, González, Cortada y Coronado no sólo gustan a jovencitas, también a maduras. Que porque ya no llevan carpetas, si no las forran con fotos de Morey y Faruq.

El Príncipe’, pese a esto, no era una propuesta habitual. No hay familias idílicas con sus niños y abuelos, ni idilios entre adolescentes, ni urbanitas con vidas y casas que se parecen más a las de Boston que a las de Toledo o Segovia. No, ‘El Príncipe’ habla de policías corruptos, de barrios ingobernables, de cédulas yihadistas que se dedican a reclutar jóvenes, de la convivencia imposible entre musulmanes y cristianos. La localización no es Madrid ni una zona difícil de identificar en las ciudades en que vivimos. No, es El Príncipe, un barrio que existe en realidad en Ceuta y donde impera la ley de la calle. Tanto que el rodaje allí apenas duró dos semanas. El resto se hizo en estudios y en zonas al aire libre que recreaban el espacio ceutí. Mucho se ha mentado el chroma un poco chapucero que se ha utilizado.

La premisa, por tanto, no era fácil de vender, a  pesar de que el género policiaco siempre ha gustado en España, tanto en cine (‘No habrá paz para los malvados’, ‘La caja 507’, ‘Grupo 7’) como en televisión (‘Brigada central’, ‘El comisario’). La serie además apostaba por la acción, por personajes con moral dudosa pero que pudiesen conectar con el espectador, pocas concesiones almibaradas a públicos satélite y un argumento adulto. Y ha gustado. Hay vida más allá de las series de profesiones (de periodistas, de abogados, de médicos), las históricas y las de familias y sucedáneos. Ganan las productoras, que pueden ampliar el abanico de sus propuestas; las cadenas, que ven cómo una producción atípica en nuestro panorama es capaz de arrastrar a millones de personas; y el público, que recibirá títulos cada vez más interesantes si amplia sus miras.

 

 

Ojalá la serie hubiese sido aún más valiente. Han sobrado flechazos instantáneos, conversaciones tontas entre compañeros, postureo de tipos duros. La libertad creativa permite obviar los clichés. Apuesto a que el borrador inicial era más crudo, más directo, pero que Telecinco metió mano (para eso es la que paga) y obligó a introducir algunos ganchos (las historietas de niños, las escenas imposibles en toalla para lucir torso…). Seguramente ahora se hayan dado cuenta de que no eran tan imprescindibles, que el público español está preparado para otros argumentos, otros planteamientos más arriesgados. Sólo hay que invertir (cada episodio cuesta 500.000 euros) y dejar libertad creativa. No vamos a pedir aquí un ‘True detective’ patrio, pero sí al menos defender un estilo nuestro en buenas condiciones laborales.

Luego está lo de la duración de los capítulos, que es una barbaridad. Prácticamente, con 80 minutos, son películas, el doble que cualquier serie americana. Esto suele obligar a introducir mucha escena absurda y morralla. Pues bien, en ‘El Príncipe‘ no se nota demasiado, hace malabares para que el ritmo no decrezca, lo cual no quiere decir que no le sobren secuencias y diálogos que dejarían al final episodios más redondos.

El Príncipe’ comenzó arrasando y se despide esta semana con resultados sobresalientes. Volverá con una segunda temporada. No debería alargarse más, porque la trama no dará más de sí. Veremos si Telecinco, que hacía siglos que no obtenía en este departamento estas cifras, permite que su gallina deje de poner huevos de oro con sólo dos tandas de episodios. El triunfo de esta ficción habría de ayudar a que la cadena vuelva a confiar en las posibilidades de productos diferentes (no todo es ‘Sálvame’ y ‘Supervivientes’) y en el poder de modificar los gustos de los espectadores.

Los caminos para que las modas se consoliden tardan y generan desconfianza. ‘El tiempo entre costuras’ demostró que invertir dinero da resultados. ‘El Príncipe’ sirve de ejemplo de que se pueden buscar nuevas tramas y sobre todo más adultas. No todo frente a la tele hay por qué hacerlo en familia. Ambas podrían haber aportado mucho más y llegar más lejos, pero no nos quejemos de las pequeñas conquistas que se van logrando en la ficción nacional y que se deben revalidar.

Esperemos que esto no se quede en la excepción y las productoras y canales nacionales pueden trabajar en proyectos más ambiciosos. Y con mayor carta blanca para incluir sus ideas, transgredir y experimentar. Igual es una utopía, pero no debería serlo para los que saben interpretar los datos.

 

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Sobre el autor

Crecí con 'Un, dos, tres', 'La bola de cristal' y 'Si lo sé no vengo'. Jugaba con la enciclopedia a 'El tiempo es oro' imitando al dedo de Janine. Confieso que yo también dije alguna vez a mi reloj: "Kitt, te necesito". Se repiten en mi cabeza los números 4, 8, 15, 16, 23, 42. Tomo copas en el Bada Bing. Trafico con marihuana en Agrestic y con cristal azul en Albuquerque. Veo desde la ventana a mi vecino desnudo. El asesino del hielo se me aparece en cada esquina y no me importaría que terminase con mi vida para dar con mis huesos en la funeraria Fisher.


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