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Me desperté con la resaca de la fiesta de los Premios de la Academia. Demasiada ansiedad. El paraguas que me había dejado MaryPoppins (Cuchita, para los humanos) estaba abierto en mitad del comedor. La camisa negra que nunca debí ponerme, permanecía tirada por una silla. Y sobre ella, el menú que nos sirvieron los amigos del Grupo La Sucursal. Mientras repasaba lo que habíamos comido, empecé a recordar mi sueño de esa madrugada: platos y más platos. Me fui al lavabo, me lavé la cara y al asomarme en el espejo volvieron: platos y más platos….
“Espejito, espejito… ¿que me está pasando?”, me dije.
No sé si fue pura casualidad pero, al tiempo que yo preguntaba al espejito, sonó el teléfono rojo: “Cooking, te llamo del más allá”. Sentí cierto escalofrío.“La Diosa de la gastronomía te busca, merluzo”, me dijo una voz entre risitas. “Menos cachondeo”, le contesté. “Ven urgente. Es grave”, remató la voz de ultratumba. Cuando ella llama no hay que pensárselo. En minutos, me planté allí. “A tus pies”, exclamé al verla. “Menos peloteo”·, me soltó. Estaba hermosa, como siempre.
Pronto se esfumó el encanto… “Cooking, creo que te estás excediendo: te vas a una fiesta de la Academia y te descubren, descuartizas a Eneko Atxa; te empeñas en llevarte a los Reyes Magos al Rausell y hasta le robaste una fotografía a Quique Dacosta cuando aterrizaba de la luna”. Intenté interrumpirle. Me cortó contundente. “Déjame hablar. Estás atravesando una línea peligrosa y ya te están amenazando“. Me quedé sin palabras: “¿Amenazándome?”. Mi diosa me contestó que habían aparecido pintadas contra mí por todas partes….
“No voy a dejar que mis lápices paren de escribir“, le dije. Ella me sonrió con esa mirada que me deshace. “Vas a tener que relajarte. Tu próxima misión va a ser más inocente”, explicó.Por la puerta de su despacho entre las nubes apareció una niña. “Tenemos que hacer de ella una Top Chef”, me dijo.Los ojos se me salían ¡Una niña! Intenté recuperarme. “Soy Mariol… Mariol Devoranubes”, me dijo. Y por arte de magia, una nube rosada nos engulló y nos llevó hasta casa.
Hablamos y hablamos… y descubrí que aquella niña tenía alma de cocinera. Chef de futuro. “Sueño que hago canelones de Dorada”, me dijo. Me asusté. Yo también había soñado con canelones de dorada. “Y espuma de pepino….”, añadió. Y me quedé de piedra. Yo también había soñado con eso… Con esto:
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CHUPI MENÚ en la Pitanza
Saqué el paraguas de Mary Poppins, le dije que se agarrara a mí y nos marchamos hasta el mismísimo corazón de El Carmen. De nuevo, a casa de mi amiga Belén Mira (La Pitanza). Necesitaba su ayuda. Su chupi-menú. Llegamos. Saludamos a sus periquitos: Pi, Tan, Za; di dos besos al hada madrina del local (buenas, doña Amparo) y al gran Hugo (abrazo brother). Nos sentamos en su restaurante (remodeladito y bien bonito) y pedí dos menús.
Sabía que así conquistaría a Mariol ….
(Entre nosotros estaban deliciosos… Una propuesta sorprendente en Valencia para llevarte a los peques y que disfruten comiendo mientras tú te pones las botas con cosillas tan maravillosas como ésta: Sopa, crema….. de CASTAÑAS )
Hablamos con Belén. Nos contó que ella creció “con mariposas en la barriga cuando cocinaba, hasta que … se transformaron en gusanillos …
Siempre me gustó estar entre cazuelas y decidí establecerme profesionalmente, con más ingenuidad, corazón, ilusión, y locura que … con cabeza, hace 11 años… hoy…no cambiaría por nada mis ratos en la cocina”.
Y como sospechaba nos puso sobre la pista. “Debes ir a Jordi FreeCook”. Era la clave: Jordi Ferrer. Nos despedimos de la familia de La Pitanza. Allí, dos locas soñadoras –Altea y Rocío- limpiaban calamares y creaban cucuruchos de ilusiones.
Abrazos, besos y viaje a My Little Republic. Algo empanados, desorientados y al son de Estopa…. 😉
El chulimenú
Chuliburguers de ternera ecológica con panecillos de Jesús Machi
Nido de patatas y chulihuevos
Chulitarta
Zumo de Naranja Valenciana o… bebida
14€
La Pitanza. C/ Quart 5, Valencia Telf:.(+34) 96.391.09.27
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la COCINA es COSA de NIÑOS
Nada más cruzar la puerta encontramos a nuestro viejo amigo Jordi. Un ejército de niños (que sueñan con ser chef) invadía aquella cocina-taller. “Mira Mariol“, le dije a la peque. “Jordi te va a enseñar la esencia de lo que es ser un buen chef“. Después de todo….
“Atención peques , ¿todos con las manos limpias?“. Y tras un rotundo ¡noooooo! empezó el festival. Manos limpias, 40 segundos para colocarse un delantal, la pirámide de los alimentos para romper el hielo y una consigna para marcar la pauta. “Recordar se puede comer de todo, pero hay que saber comer“. Y dicho esto, Jordi y sus colaboradores Damián y Sheila empezaron a hacer posible lo que parecía imposible. 😉 Que una manada de futuros chefs hicieran:
Cada uno se llevó su diploma. Y todos ellos, nuestro aplauso.. Jordi, Damián y Sheila, también. “Soy feliz en la cocina, por eso quiero ser chef...”, me dijo Mariol. Una niña que sueña con canelones de dorada no puede ser otra cosa. En fin, ésta fue la película…
(Los talleres se hacen los sábados por la mañana, pero lo mejor será que te deje su web: Jordi FreeCook O bien puedes informarte en: My Little Republic, en Cirilo Amorós, 76 (Valencia)
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… y entonces,
alzamos el vuelo…
RECORDANDO lo vivido hasta que….
… chocamos de golpe con la torre de un hotel… “¡Vertical!”, exclamé. Como empujados por el aliento de la Diosa de la Gastronomía llegamos hasta el restaurante de los hermanos Andrés. No fue casualidad. Allí está la Escuela de Hostelería Gambrinus. Lo que faltaba para que mi pequeña cocinera acabara de descubrir cómo se construye un chef….
La imagen es de la fiesta en La Rambleta en la que alumnos de la escuela también participaron en el evento.
Saludamos al llegar a Cristina Prados y Jaume Galán, profesores de la escuela y profesionales de primera de El Grupo La Sucursal. Y estreché la mano a uno de los grandes: Jorge de Andrés. “Pues que hemos aterrizado aquí“, le dije entre risas. Creo que Jorge estaba alucinado. “¡Cómo sois los espías!“, me contestó. Pero como las cosas son como son, acabé con mi futura chef en una mesa, con el mundo a los pies, mirando al infinito y esperando a que empezara lo que iba a ser una demostración extraordinaria de cómo se construye un chef….
Cristina nos explicó que tienen treinta alumnos, que llevaban cuatro meses en la escuela… Jaume nos habló de las técnicas que trabajan y del menú… Entonces todo fue desplegándose ante nosotros…
Un menú de cuento, Elaborado por aprendices, Que parecía como un sueño…
“No parece un sueño, es mi sueño… ¡Es el plato que yo soñé!”, gritó Mariol.
Los chicos de la Escuela -bajo el paraguas de un restaurante con estrella Vertical-
nos iban a servir un menú de ENSUEÑO
un menú de alta grastronomía
una colección de MICROCUENTOS
APERITIVOS
Mariol me dio una patada por debajo de la mesa. “Éste es el canelón que yo había soñado“, me dijo. Me sonreí
….un servicio sobresaliente Alicia....
PRINCIPALES
Creo que me subí a la mesa y empecé a aplaudir a Alicia, a Eric y al resto de alumnos (a los que vi y a los que no).
Aquí hay madera de chef
POSTRES
El menú de la escuela Gambrinus en restaurante Vertical cuesta 30 euros con opción a un interesante maridaje de cervezas por 6 euros más. Una genialidad.
No me quisieron cobrar cuando llegó el momento del adiós. “Os hemos visto tan felices“, me dijeron. En el fondo, ser espía tiene esto. Igual te amenazan que te ensalzan. “YO me quedo“, me dijo Mariol. “Quiero aprender a ser chef” , me remarcó. Le comprendí. Yo también querría aprender con ellos… Así que sólo, con la cabeza repleta de estrellitas de avellana, volví a casita…
Misión cumplida. Hasta había olvidado que estaba amenazado.