Hay películas para las que el tiempo no pasa. Otras, para las que los años pesan demasiado, mientras que algunas, no demasiadas, la distancia acrecienta su valor. ‘Carros de fuego‘ es, sin duda, una de estas últimas.
‘La fiera de mi niña‘ fue un gran fracaso en el momento de su estreno e incluso supuso un duro revés para la carrera de Katherine Hepburn. Pero su valoración se disparó con los años y ahora está considerada como una de las películas que sustentaron las bases de la comedia americana.
La evolución no es paralela a la de ‘Carros de fuego‘. Ya en el momento de su estreno se convirtió en un éxito de crítica y público, fue una de las ganadoras de los Oscar (se llevó cuatro estatuillas en 1982) y su banda sonora se ha convertido una de las más emblemáticas de la historia del cine. Pero al igual que para la película de Howard Hawks el tiempo ha sido un aliado para la obra cumbre de Hugh Hudson y David Puttnam. Con los años ‘Carros de fuego‘ se ha fortalecido y no ha perdido, mas bien ha ganado, ni un ápice de actualidad.
Las historias de Eric Liddell y Harold Abrahams son algo más que las de dos campeones olímpicos. Son la plasmación de valores humanos que trascienden el momento y que permanecen válidos para cualquier circunstancia y ocasión.
Eric Liddell, interpretado por Ian Charleson, es un corredor escocés. Sus padres son misioneros evangelistas en China y él piensa seguir el mismo camino. Pero ha nacido con un don. “Dios me ha hecho rápido”, le dice a su hermana. Y piensa que tiene que explotarlo. Su meta es correr en las Olimpiadas de 1924. Pero la prueba es en domingo y su religión prohíbe practicar actividades físicas ese día. Liddell tiene que hacer frente a un dilema que en el fondo está presente en un momento u otro de la vida de cualquier ser humano. ¿Se puede actuar en contra de las propias creencias? Y, sobre todo, ¿vale la pena? ¿Hay algo más importante?
Harold Abrahams, excelente Ben Cross, es hijo de un judío lituano emigrado a Gran Bretaña y que ha triunfado en la City como financiero. La historia arranca con su llegada a Cambridge para estudiar Derecho. Ama a Gran Bretaña y está dispuesto a hacer cualquier cosa para ser aceptado por los ingleses. Pero en el fondo sabe que es casi un imposible y lucha por ser aceptado, por ser uno más. Quiere ser tan inglés como cualquier otro inglés.
Dos historias de ambición de coherencia, de humanidad. Como todas las producciones de Puttnam, se encuentra perfectamente ambientada tanto en los interiores como en los exteriores. Especialmente cuidadas son las escenas que transcurren en Cambridge, como la de la carrera para batir el récord del College que, además, permite definir la personalidad de Abrahams y la situación a la que se encuentra.
Las carreras en las Olimpiadas están perfectamente filmadas con el uso de la cámara superlenta y acompañadas por la banda sonora de Vangelis que viene a incrementar la emoción, Mención especial merece la interpretación de Ian Holm de Sam Moussabini, el entrenador de Abrahams. Pero por encima de todo destacan las dos magníficas escenas del equipo olímpico inglés corriendo al son de la compuesta por Vangelis. Unas imágenes que forman parte ya por méritos propios de la historia del cine.
Título original. Chariots of Fire. 1981. 123 minutos. Reino Unido.
Título en España. Carros de fuego.
Dirección. Hugh Hudson.
Guion. Colin Welland
Música. Vangelis.
Fotografía. David Watkin.
Reparto. Ben Cross, Ian Charleson, Nigel Havers, Cheryl Campbell, Alice Krige, Ian Holm,John Gielgud.
Productora. Enigma. Distribuida por 20th Century-Fox – Allied Stars.
Productor: David Puttnam.