PAN, EDUCACIÓN, LIBERTAD
Tusquets
256 páginas
18 euros
El comisario Kostas Jaritos se enfrenta a una serie de asesinatos relacionados con una generación que protagonizó revueltas en Grecia durante los años 70 y de la que provino, posteriormente, buena parte de los líderes del país que actualmente se encuentra en la bancarrota.
VALORACIÓN: Tiene un punto muy atractivo Márkaris, el de retratar con viveza y agilidad la crisis en el país más en crisis de Europa, cuna de la cultura occidental e incluso del propio término económico con el que se conoce a esa soga que ahoga a su país y a la mayoría de europeos (del sur). Sin embargo, mientras que en anteriores novelas, como en ‘Liquidación final’, mantiene con acierto el justo equilibrio entre el retrato social y el policial, propio de la novela negra, la pasión le puede en ‘Pan, educación, libertad’. Se pasa de frenada. Sitúa la novela en 2014; es decir, ahora, aunque él la escribió en 2012, y arranca con Grecia fuera del euro… y España también. El difícil equilibrio entre el entorno y el hecho criminal, que en otras ocasiones domina, esta vez se vence manifiestamente hacia los problemas financieros del país, de las familias…. Y como Márkaris va tan a saco y parece que el asunto luctuoso le importa un pito, pues al lector le ocurre lo mismo. El problema es que la novela termina derivando, lógicamente, hacia los muertos, que ni al que lee ni al que escribe le incumben demasiado. En cualquier caso, Márkaris es muy instructivo en cuanto a recordar al resto de europeos las cuitas que los griegos han vivido a lo largo del siglo XX. Su crítica hacia la particular Generación del 68 local (en su caso, del 73) centra la ‘venganza’ que perpetra el autor durante la novela. Aquellos que hoy son sesentones y que se pusieron morados a ganar pasta sin hacer otra cosa que levantar ladrillos, embolsarse comisiones y aprovecharse de las miserias ajenas (como de sus vecinos albaneses). La tensión de ‘Liquidación final’ respecto a la familia de Jaritos (si la hija se va, o no, del país) no se percibe igual en esta ocasión. La resolución del caso también aparece un punto destensada debido a que, desde un principio, da la sensación de que el asunto policial es lo de menos y la crítica social es lo que verdaderamente importa. Quizá Márkaris debería publicar nuevos ensayos, como ‘La espada de Damocles’, con el fin de desahogarse definitivamente (motivos no les falta, a los griegos), que eche toda la bilis y amargura al ver su país descuartizado por la banca Occidenta, y así sus novelas negras no dejarían de ser negras para ser otra cosa.
BURGUERA